ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación
un alfa y un omega
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El mostró frente ami
El despacho quedó sumido en un silencio aterrador.
El alfa permanecía inmóvil frente a Eiden. Su respiración se volvió pesada y sus manos comenzaron a temblar de rabia.
—Te dije que no te metieras en mi camino… —murmuró.
De pronto, una sombra negra comenzó a extenderse alrededor de su cuerpo.
Eiden abrió los ojos, sin comprender lo que estaba sucediendo.
—¿Q-qué es eso…?
El cabello negro del alfa se agitó como si una corriente invisible lo rodeara. Sus ojos brillaron intensamente bajo las vendas, mientras aquella oscuridad se extendía por sus hombros y descendía por sus brazos.
Su silueta cambió.
Ya no parecía un hombre común. Su figura quedó envuelta en una energía oscura y sus ojos blancos resplandecieron en medio de un rostro casi completamente oculto por las sombras.
El número 69B estaba mostrando su verdadera forma.
—¡¡¡AHHHH!!! —gritó uno de los guardias al entrar en el despacho.
Los hombres se quedaron paralizados durante un instante.
—¡¿Qué demonios es esa cosa?!
No esperaron ninguna respuesta.
Los guardias salieron corriendo por el pasillo, empujándose entre ellos para alejarse de aquella criatura.
El hombre de la mansión también perdió toda su seguridad.
—¡No! ¡Aléjate de mí!
Salió de su despacho y huyó por el corredor, abandonando a Eiden a su suerte.
Eiden, por su parte, se deslizó lentamente hasta quedar sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared.
Sus manos temblaban.
Aun así, seguía sujetando su arma y apuntando hacia el alfa.
—N-no te acerques… —susurró.
El alfa giró la cabeza hacia él.
Aquellos ojos blancos se fijaron directamente en su rostro.
Eiden sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¡He dicho que no te acerques! —gritó, levantando el arma con ambas manos.
El alfa comenzó a caminar hacia él.
Lentamente.
Sin prisa.
Como si las amenazas de Eiden no significaran absolutamente nada.
—¡¡¡ALÉJATE DE MÍ!!!
¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!
Eiden disparó varias veces.
Las balas alcanzaron al alfa, pero no consiguieron detenerlo. Su cuerpo ni siquiera pareció resentirse; las heridas se cerraron casi inmediatamente, como si nunca hubieran existido.
El alfa continuó avanzando.
Después, una pequeña risa escapó de sus labios.
—Je…
No era una carcajada. Era una risa baja y extraña que hizo que Eiden sintiera todavía más miedo.
—N-no… Esto no puede estar pasando…
El arma comenzó a resbalar entre sus dedos sudorosos.
Los ojos de Eiden se llenaron de lágrimas. Intentó mantener la mirada fija en aquella figura, pero el miedo era demasiado grande.
—Por favor… no te acerques…
El alfa finalmente se detuvo frente a él.
Eiden apretó la espalda contra la pared, como si quisiera desaparecer dentro de ella.
El número 69B inclinó ligeramente la cabeza.
Por unos segundos, no hizo nada.
Después, para sorpresa de Eiden, se agachó hasta quedar de rodillas frente a él.
—¿Por qué lloras, pequeño? —murmuró con una voz extrañamente suave.
Eiden no pudo responder.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
El alfa lo observó con curiosidad. Levantó una mano enguantada y le rozó suavemente el rostro. Después, en un gesto tan inesperado como inquietante, acercó su rostro y lamió una de sus lágrimas, como si estuviera probando el agua que había quedado sobre la piel de un gatito.
Eiden se quedó completamente inmóvil.
—¿Q-qué…?
El alfa soltó una pequeña risa y se incorporó.
—Qué extraño eres, Eiden.
Al escuchar su nombre en aquella voz, el omega sintió un escalofrío.
¿Cómo podía aquel monstruo conocerlo tan bien?
El alfa volvió la cabeza hacia el pasillo.
Recordó al hombre que había huido.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Ah… Casi lo olvido.
Se alejó de Eiden y caminó hacia la salida del despacho.
—¡E-espera! —logró decir Eiden, con la voz quebrada—. ¡¿Adónde vas?!
El alfa no respondió.
Desapareció por el corredor, siguiendo el rastro del hombre.
El propietario de la mansión corría desesperadamente hacia una salida trasera.
—¡Guardias! ¡¿Dónde están todos?! ¡Les pagaré lo que quieran, pero sáquenme de aquí!
Nadie respondió.
Al llegar a un pasillo apartado, se detuvo para recuperar el aliento.
Entonces escuchó unos pasos.
Lentos.
Firmes.
El hombre se volvió.
Y allí estaba el alfa.
La sombra negra se extendía a su alrededor mientras sus ojos blancos brillaban en la penumbra.
—Tú… —balbuceó el hombre, retrocediendo—. Podemos negociar. ¡Puedo pagarte el doble! ¡El triple!
El alfa ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Todavía crees que esto se trata de dinero?
—¡Por favor! ¡No me hagas daño!
El número 69B dio un paso hacia él.
—El jefe te dio oportunidades. Tú decidiste ignorarlas.
El hombre intentó escapar por otra puerta, pero el alfa se interpuso en su camino.
—Se acabó.
El hombre gritó.
Unos instantes después, el pasillo quedó en silencio.
El alfa había terminado la misión. El hombre ya no volvería a deberle nada al jefe Luka.
La sombra negra comenzó a disiparse lentamente mientras el número 69B permanecía inmóvil, recuperando su apariencia habitual.
Después se acomodó las vendas y se dio la vuelta.
Para él, aquello solo había sido otra misión.
Pero esta vez había ocurrido algo diferente.
Eiden lo había visto todo.
En el despacho, Eiden seguía sentado en el suelo, junto a la pared.
Su arma descansaba entre sus manos temblorosas.
No podía dejar de recordar los ojos blancos, aquella sombra y las balas que no habían conseguido detener al alfa.
Ni siquiera entendía por qué aquel monstruo se había acercado a él de aquella manera.
Eiden se abrazó las rodillas, intentando controlar su respiración.
—¿Qué… qué era eso…? —susurró entre lágrimas.
Miró hacia la puerta por la que el alfa había desaparecido.
Quería levantarse.
Quería salir de aquella mansión.
Quería pedir ayuda.
Pero sus piernas seguían temblando y no sabía si aquel hombre volvería.
Por primera vez en su vida, Eiden había sentido un miedo que no podía explicar.
Y lo peor de todo era que aquel ser aterrador conocía su nombre.