Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10.
Julieta.💕
Días después...
Últimamente, mi casa se ha convertido en un campo minado.
Ramón y yo ya casi no nos dirigimos la palabra… y cuando lo hacemos, es para discutir. Mi madre parece no notar nada, o peor, decide ignorarlo y ante cualquier cosa parece que le da el lado a él. Ella sale cada día más temprano para ir a la fábrica y regresa tarde, agotada, con apenas fuerzas para cenar y caer rendida. Y yo… he tomado la misma estrategia: salir antes, volver más tarde. No quiero discutir. No quiero pelear ni hacer corajes con ninguno de los dos.
No desayuno ni ceno en casa.
No por falta de apetito… sino por falta de paciencia. Evito a Ramón a toda costa como si fuera una enfermedad contagiosa, cada día me cae más mal, me molesta ver lo fresco que es y sobre todo me molesta ver cómo mi madre le permite ser un flojo.
En el fondo, duele. Amo a mi madre como a nada en este mundo. Pero siento que, por más que le abra los ojos sobre quién es realmente ese hombre, ella no quiere escucharme. Está enamorada… o se volvió ciega. Tal vez las dos cosas. Así que he decidido dejarla. Que sea la vida y el tiempo los que le muestren quién es él en realidad. Yo ya no desgastaré mi voz ni mis lágrimas en lo mismo.
Y sí… he pensado en irme.
Aunque sea a un apartamento pequeño o incluso a una habitación alquilada. Necesito mi independencia. Mi propio espacio. Seguir mi sueño de ser diseñadora, no por escapar, sino por mí… y por la memoria de mi papá quien siempre me amó, me apoyó y se esforzó mucho para que yo pudiera estudiar la carrera que quería. A él nunca he dejado de extrañarlo.
...
Después de clases, me voy con Jessica. Vamos a comer a un restaurante pequeño, pero acogedor, con paredes color terracota y mesas de madera pulida. El aroma de la comida recién hecha nos envuelve en cuanto entramos. Nos sentamos junto a una ventana y pedimos.
—Te tengo que contar algo —me dice Jessica con una sonrisa traviesa mientras deja su bolso sobre la silla del lado.
—A ver… —la miro divertida, mientras juego con el servilletero.
—Estoy conociendo a un chico… por una aplicación de citas.
Yo arqueo una ceja.
—¿En serio? —pregunto, intentando que mi voz no suene demasiado preocupada.
—Sí, mira —saca su teléfono y me muestra fotos—. Es muy guapo, ¿no? Bueno… al menos en las fotos. Se llama Josué, estudia ingeniería, está en su último año. Es atento, me pregunta por mis clases, por si ya comí, por todo…
—Ajá… —digo, examinando las imágenes en la pantalla. Un chico atractivo, sonrisa bonita, mirada segura. Pero no me dejo impresionar.
—Y escribe unas cosas tan lindas… —continúa ella, suspirando—. Creo que es diferente.
—Ojalá lo sea —le respondo—, pero Jessica… prométeme que vas a tener cuidado. No todas esas aplicaciones son seguras. Detrás de una buena foto puede esconderse un tipo peligroso. Y ni se te ocurra mandar fotos íntimas.
—Lo sé, lo sé —asiente con una mueca—. ¿Tú crees que no me sé cuidar?
—No es por desconfianza, es porque te quiero. Confío en tí, pero no en desconocidos.
Ella sonríe y, de pronto, cambia de tema.
—Deberías hacerte un perfil también. Así conoces a alguien.
Suelto una carcajada.
—¿Estás loca? No, gracias.
—¿Por qué no? _cuestiona.
—Porque si los hombres que conoces cara a cara mienten y traicionan, imagínate los que nunca has visto en persona. No, Jessica. A mí me gustan los hombres de carne y hueso, reales, no en una pantalla.
Jessica me observa con esos ojos de “te estoy leyendo la mente”.
—A ti ya te gusta alguien… ¿verdad?
Trago saliva.
—No…
—No me mientas, Julieta. ¿No somos mejores amigas? ¿Casi hermanas? Entonces, ¿por qué no me dices quién es?
En mi cabeza, las palabras son claras: "El hombre que me gusta es tu papá". Pero mi boca no se atreve a decirlo. Perder a Jessica sería como perder a una hermana… y no puedo arriesgarme a perderla o a que odie. No sé si ella entendería mi gusto por su padre.
—No hay nadie, Jess. Ahora solo estoy enfocada en mis estudios, en el trabajo… en salir adelante _no me gusta mentirle, pero no soy capaz de confesar lo que siento.
Ella asiente, pero su mirada dice que no me cree del todo.
Seguimos comiendo hasta que, de repente, ella suelta:
—Creo que le voy a crear un perfil a mi papá en la app… para conseguirle una novia. Ya no quiero verlo solo, él todavía es joven. Necesita a alguien que lo quiera, lo cuide, lo valore…
Me atraganto con mi bebida y comienzo a toser.
—¡Julieta! —exclama, dándome palmaditas en la espalda—. ¿Estás bien?
—Sí, sí… —respondo cuando recupero el aire—. Es que… ¿un perfil a tu papá? ¿En serio?
—Claro, ¿por qué no?
Yo niego, tratando de ocultar los celos que me hierven por dentro. Solo imaginarme a Cristóbal con otra mujer me revuelve el estómago y la vida entera.
—No sé… —murmuro—. Pero bueno, es tu papá.
La conversación sigue fluyendo, la comida se acaba. Yo miro mi reloj y suspiro.
—Ya va siendo hora de irme al trabajo.
—Te llevo —dice Jessica con naturalidad.
Pagamos la cuenta y salimos del restaurante tomadas de la mano, riendo. Siento las miradas de varios hombres en el lugar. Unos de admiración… otros, más cargadas de deseo. Jessica y yo nos miramos y sonreímos.
En el auto, ella conduce rápido pero segura. Al llegar a la tienda de ropa donde trabajo, se inclina hacia mí.
—Te recojo en la noche. Vienes a cenar a casa.
_¡Jessica!
_Sin peros, paso por ti más tarde.
—Está bien —respondo, sonriendo.
Nos damos un beso en la mejilla, bajo del auto y le agito la mano antes de entrar a mi trabajo. Pero en mi pecho… sigue ese pequeño incendio que siempre se enciende cuando pienso en su padre.
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.