Tras renacer en una joven destinada a sufrir penurias por culpa de su prometido y la amante de este, Lin Yu ahora decide cambiar el rumbo de su destino y planea romper su compromiso, para poder unirse al ejército imperial. Pero lo que no esperaba es que, en su camino se cruzaría con un hermoso dragón blanco, que, termina pactando un lazo divino con ella, y ahora, están unidos de por vida. Y para su desgracia, se llevará una gran sorpresa cuando llegue ante el emperador a romper su compromiso...
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Capitulo 16- con una condición...
—¿unirte al ejército imperial?, ¿estás segura que quieres hacerlo?— pregunta el albino.
Lin Yu estaba recostada con la espalda contra el pecho del albino, mientras esta descansaba contra las almohadas de la cama. Aprovechando la posición, Yue apoyo su barbilla en el hombro de la joven mientras la abrazaba con más firmeza.
—si, quiero salir de este entorno donde una mujer solo puede aspirar a ser esposa y madre...creo que si logró méritos en el ejército, se podrán abrir más posibilidades para las mujeres en desempeñar trabajos importantes.— explica la joven. Aunque en realidad no lo hace por inspirar a las mujeres, simplemente quiere salir a pelear, a ejecutar enemigos, algo que disfrutaba hacer en su vida pasada.
—no me opongo, como emperador puedo conseguir que presentes el examen y entres al entrenamiento militar...pero, hay una condición, nada es gratis mi pequeño fénix...— responde.
—¿que condición?, si necesitas que me deshaga de tus enemigos, no es difícil para mi.— responde Lin Yu.
—no, eso no...quiero que en un plazo de tres años...aun si lograste o no, lo que querías, seas mi emperatriz.— propone el albino.
Lin Yu se aparta un poco de Yue para quedar de frente, mirándolo con una expresión de sorpresa.
—¿emperatriz?, estar en la cima...no esta mal, pero, paso, no me gusta la idea de estar en peleas por favoritismo con concubinas, ni mucho menos quedarme encerrada en un palacio.— si se queda sin hacer nada, entrará en desesperación.
Yue le sostiene de la barbilla y la atrae cerca de su rostro.
—no habrá concubinas...serás mi única mujer, y harás lo que quieras, no te pido que dejes el ejército, pido que seas mi emperatriz, mi igual, la mujer que gobierne conmigo...tendrás la misma autoridad que yo...— asegura el albino.
Lin Yu mostró una leve sonrisa ladina y apartó la mano del albino para montarse en el regazo de este abrazándose a su cuello.
—¿esta seguro que cumplirá con esa promesa majestad?— pregunta mirándolo a los ojos.
—lo prometo...no habrá ninguna otra mujer y gobernaras como mi igual, tendrás el mando de todo el ejército si así lo deseas...—
—de acuerdo...acepto el trato...— Lin Yu pegó más su cuerpo al albino y empujo con fuerza su cadera contra él.— una ronda más para sellar el trato.— susurro contra los labios del albino.
Yue sonrió ladino ante la respuesta de la joven, así que, agarró la cintura de Lin Yu con ambas manos, presionando con firmeza con los dedos.
—no te quejes si mañana no te puedes mover...— advirtió.
Lin Yu respondió con una risa suave y desafiante que murió justo sobre la boca de Yue. Sin darle tiempo a responder con palabras, acortó la mínima distancia que los separaba y lo besó con intensidad. Fue un beso hambriento, directo, donde las lenguas se buscaron sin rodeos, saboreándose con la urgencia de quien sabe exactamente lo que quiere.
Las manos del albino abandonaron su cintura solo para recorrer la espalda desnuda de Lin Yu, bajando despacio, sintiendo la firmeza de su piel y la calidez que emanaba de ella. La presión de las caderas de la joven contra la suya era una provocación abierta, y Yue no tardó en responder al estímulo: con un movimiento ágil y firme, invirtió las posiciones, girándola hasta dejarla de espaldas contra el colchón, quedando él sobre ella sin llegar a aplastarla.
Lin Yu enredó las piernas alrededor de la cintura de Yue, tirando de él hacia abajo. El contacto directo de sus cuerpos despiertos hacía que la piel de ambos ardiera. Yue bajó los besos por su mandíbula, entreteniéndose en el cuello, donde la piel era sensible y suave. Lin Yu soltó un suspiro entrecortado y echó la cabeza hacia atrás, clavando las uñas con suavidad en los hombros del emperador.
Él la miró a los ojos desde arriba, con la respiración volviéndose más pesada y la mirada oscurecida por el deseo. Con una de sus manos descendió por el vientre de Lin Yu hasta llegar a sus muslos, separándolos despacio, rozando la parte interna con los dedos antes de acomodarse por completo entre ellos. La lentitud con la que se movía parecía una tortura calculada para hacerla perder la compostura.
—Tú fuiste la que lo pidió —murmuró Yue cerca de su oído, con la voz grave y rasposa por el deseo, antes de volver a reclamar sus labios.
Cuando finalmente se unieron de nuevo, el impacto de la calidez y la firmeza del contacto sacó un gimiendo ahogado del pecho de Lin Yu. Él comenzó a moverse con un ritmo constante, profundo y pausado al principio, marcando cada roce de su piel contra la de ella. Lin Yu arqueó la espalda, buscando mayor contacto, acomodando el peso de su cuerpo para recibirlo por completo. La lentitud inicial se transformó rápidamente en una cadencia más rápida y apasionada, guiada por el ritmo que ambos imponían con la cadera.
El calor en la habitación se volvió sofocante. Las sábanas terminaron enredadas a los pies de la cama mientras los cuerpos marcaban un compás ágil y sin pausas. Cada embestida de Yue encontraba la respuesta firme y decidida de la joven, que no cedía un solo espacio en aquel juego de dominio compartido. Sus respiraciones se mezclaban en un susurro agitado, interrumpido únicamente por los roces de la piel, los gemidos amortiguados y el choque constante de sus cuerpos.
Yue sujetó las manos de Lin Yu contra el colchón, entrelazando sus dedos con fuerza mientras aumentaba la intensidad de los movimientos, buscando profundizar cada contacto al máximo. Ella respondió apretando su agarre y elevando las caderas para encontrarlo a mitad de camino, entregándose por completo a la marea de sensaciones que amenazaba con hacerlos perder el control a ambos.
El clímax llegó de golpe, envuelto en una ola intensa que los sacudió a los dos al mismo tiempo. Lin Yu se aferró a la espalda de Yue soltando un gemido agudo mientras sentía la calidez de él recorrerla por dentro. El albino se tensó sobre ella, dejando caer la frente contra su hombro mientras soltaba un largo respiro, manteniendo la presión hasta que el último temblor de placer comenzó a ceder.
Quedaron inmóviles por unos largos segundos, con los pechos subiendo y bajando al mismo ritmo, unidos todavía y envueltos en el sudor de la entrega. Yue se dejó caer a su lado, abrazándola por la cintura y pegándola a su pecho sin romper el contacto. Lin Yu apoyó la cabeza en su hombro, sonriendo con cansancio pero con los ojos brillantes, sintiendo el latido acelerado del corazón del emperador contra su mejilla antes de dejarse vencer por el sueño.
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Al día siguiente, cuando el sol empezó a darle en la cara a Lin Yu, esta abrió los ojos, tanteo la cama a su lado notando que el albino ya no estaba. Lin Yu giro la cabeza de ese lado, y efectivamente, no había nadie. La joven soltó un leve suspiro, probablemente se había ido al amanecer, en fin, debe tener muchos deberes de emperador por hacer.
Lin Yu quiso sentarse y entonces sintió un dolor intenso en la cadera lo que la obligó a acostarse de nuevo mientras se quejaba. Incluso las piernas las sentía cansadas.
—maldita sea...no solo es grande...también tiene resistencia...— murmuró para si misma. ¿No se suponía que los asiáticos la tenían pequeña?, mentiras...o quizás es porque es un dragón.— no pienso moverme hoy.
Estaba por envolverse de nuevo, cuando escucha que tocan la puerta y la puerta se abre. Era la nana Chen quien llegaba traía en las manos un vestuario nuevo. Pero apenas entró, observo el desastre en la habitación. Las ropas de Lin Yu tiradas en el piso, la cama toda desordenada.
—pero señorita...mire que desastre, ¿como puede hacer tanto tiradero en un día?— se queja la nana Chen.
—nana, déjame dormir, cuando me levante lo recojo todo.— responde Lin Yu.
—nada eso señorita, ya casi es mediodía.—
La nana Chen se acerco para intentar quitarla la manta a Lin Yu. Aunque la nana era una mujer mayor, tenía suficiente fuerza, así que logro arrancarla la sábana a Lin Yu, aunque claro, la agarraron desprevenida. Por suerte, se había colocado una bata antes o la nana se estaría preguntando porque duerme desnuda. Pero, la nana Chen enrrollaba la manta cuando, se dio cuenta de algo terrible que estaba sobre la sábana que aun quedaba en la cama. Una mancha roja, y Lin Yu se reincorporo y notó la expresión asustada de la nana.
—señorita Lin...esto...—
—¿que estás pensando nana?, ayer me corte con la espada. Seguramente mientras dormía la herida se volvió a abrir.— rápidamente jalo la cinta de su hanfu que estaba colgada en el mueble de noche y lo enrollo en su mano.
—señorita...— dejo escapar un suspiro.— no estaba pensando nada malo...solo creí que había llegado ese día...sea más cuidadosa.
—claro nana. Ahora, podrías dejarme descansar un poco más, además no tengo nada pendiente.— se queja nuevamente.
Baja de la cama apenas pudiendo sostenerse y camina hasta un sillón para recostarse en el. Lo único que pensó Lin Yu en ese momento fue que, tiene que empezar a ponerle seguro a la puerta, y por suerte, el albino se había ido más temprano.
...
Aparte de decrepita esa anciana es una asesina. 🤬🤬🤬 Todo por poder, ojalá Yue la descubra y la torture lentamente y dolorosamente 🤬🤬🤬
Después de regresar al palacio Lin Yu necesitará una buena recarga de Qi /Awkward//Awkward/