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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

Valeria pasó casi una hora en la enfermería de la mansión.

La mordida de Damián no había sido precisamente un beso de amor. ¡Ese hombre tenía unos dientes capaces de competir con los de un perro rabioso!

—Ay, Dios mío… —murmuró mientras la enfermera limpiaba la herida—. ¿De verdad era necesario morder tan fuerte? ¿Qué sigue? ¿Que me arranque un pedazo y lo guarde de recuerdo?

La mujer de mediana edad que la atendía intentó contener una sonrisa.

—El joven Damián no suele comportarse así con los demás.

—¿Ah, no? Qué honor tan maravilloso. Me siento afortunada. —Valeria puso los ojos en blanco—. La próxima vez que quiera demostrarme su cariño, le compraré un bozal.

La enfermera soltó una risita, pero enseguida miró hacia la puerta, como si temiera que alguien pudiera escucharla.

Valeria comprendió el mensaje.

En aquella mansión, hasta las bromas podían meterte en problemas.

Cuando terminaron de curarle el hombro, le entregaron unas indicaciones para evitar que la herida se infectara. Después, una de las empleadas la acompañó hasta una habitación pequeña, aunque cómoda, donde podría descansar.

En cuanto cerró la puerta, Valeria se dejó caer sobre la cama.

—¡Estoy viva!

Levantó ambos brazos en señal de victoria.

—Sigo teniendo mis dos brazos, mis dos piernas y casi todo mi hombro. ¡Una victoria absoluta!

Sin embargo, la sonrisa se le borró poco a poco.

Su marido.

La llamada telefónica que había hecho desde la habitación de Damián seguía rondándole la cabeza.

Él le había dicho que fuera a una mansión para conseguir trabajo como empleada doméstica. Pero cuando ella lo llamó, su voz había sonado extraña. Nerviosa. Como si temiera que le preguntara algo que no debía saber.

Y luego estaba aquella suma de dinero que el Don le había entregado.

Valeria sacó el fajo de billetes del bolsillo y lo contempló con los ojos muy abiertos.

—Esto es muchísimo dinero…

Lo contó una vez.

Después, otra.

Y una tercera, porque su cerebro se negaba a aceptar que realmente fuera suyo.

—¿Qué clase de trabajo doméstico paga así por conseguir que un hombre se tome sus medicamentos?

Se quedó mirando el techo.

—O mi marido me ha conseguido el trabajo del siglo o ese desgraciado me ha metido en un problema del tamaño de una montaña.

Se incorporó de golpe.

—¡No! No voy a pensar en eso ahora. Estoy cansada, me duele el hombro y hoy casi me convierto en comida para peces. Me merezco una siesta.

Se quitó los zapatos, se acomodó bajo las mantas y decidió que, por unas horas, no iba a pensar en mafiosos, maridos sospechosos ni hombres malhumorados que mordían a sus cuidadoras.

Cerró los ojos.

Por primera vez desde que había llegado a aquella casa, pudo descansar.

Y, milagrosamente, nadie la molestó durante el resto del día.

A la mañana siguiente, Valeria despertó con una sensación extraña.

Por un instante, olvidó dónde estaba.

Después recordó la mansión, al Don, las amenazas y al hombre que había decidido utilizarla como juguete antiestrés.

—Buenos días para mí… supongo.

Se sentó en la cama y revisó el vendaje de su hombro. Le dolía, pero la enfermera había hecho un buen trabajo.

Se lavó la cara, se arregló el cabello y se puso el uniforme que le habían dejado preparado.

Apenas había terminado de abrocharse los últimos botones cuando escuchó unos golpes en la puerta.

—¿Sí?

Una joven empleada asomó la cabeza.

—Valeria, el joven Damián te manda a llamar.

Valeria se quedó inmóvil.

—¿Perdón?

—El joven Damián. Quiere verte.

—¿Está segura de que dijo mi nombre?

La muchacha asintió.

—Sí.

Valeria se señaló el pecho con un dedo.

—¿Valeria? ¿La misma Valeria a la que mordió ayer? ¿La que tuvo que envolverlo en una sábana para que dejara de lanzar cosas por la habitación?

—Esa misma.

—Vaya. Qué memoria tan extraordinaria tiene el señor.

La empleada sonrió tímidamente.

—También me dijeron que solo tú tienes autorización para entrar en su habitación.

Valeria dejó de sonreír.

—¿Cómo que solo yo?

—El joven dio la orden esta mañana. Nadie más puede entrar sin su permiso.

Durante unos segundos, Valeria no dijo nada.

Luego miró hacia el techo.

—Señor, si esto es una prueba, quiero que sepa que no me inscribí voluntariamente.

—¿Qué?

—Nada, cariño. Estoy hablando con mis superiores.

La joven empleada soltó una risita.

Valeria suspiró, tomó aire y se dirigió hacia la puerta.

—Está bien. Vamos a ver qué quiere el príncipe de las tinieblas.

—El joven Damián no es un príncipe.

—Con esa actitud, debería serlo. Un príncipe de los gruñones, concretamente.

La empleada tuvo que taparse la boca para no reírse.

Caminaron por el pasillo hasta llegar a la habitación del heredero. Valeria se detuvo frente a la puerta y contempló el picaporte.

Ayer, aquel hombre había llorado entre sus brazos.

También le había pedido que no se fuera.

Pero quizá ahora se había arrepentido y quería echarla de la mansión.

O, peor aún, quería vengarse por haberlo visto en un momento de debilidad.

Valeria tragó saliva.

—Si escuchas un grito, dile a la enfermera que me revise la otra mitad del cuerpo.

—Valeria…

—Y si no salgo en diez minutos, dile a mi familia que fui una buena mujer. Bueno, casi siempre.

La empleada negó con la cabeza, divertida.

Valeria llamó suavemente.

—¿Damián? Soy yo. ¿Puedo entrar?

Desde el interior llegó una voz áspera.

—Entra de una vez.

Valeria abrió la puerta con cautela.

—Buenos días, señor gruñón. ¿Qué desea de su humilde servidora?

Damián estaba sentado en la cama, con el rostro vuelto hacia la puerta. Su expresión era tan seria como siempre.

Pero había algo diferente.

No estaba gritando. No había objetos rotos en el suelo y tampoco parecía dispuesto a lanzar nada contra ella.

Valeria entró y cerró la puerta a su espalda.

—Bueno, aquí estoy. ¿Necesita sus medicamentos? ¿Tiene hambre? ¿Quiere que le lea un libro? ¿Necesita que le recuerde que morder a la gente está muy mal?

—Cállate.

—Ah, ya veo. Me extrañaba que no me insultara durante los primeros treinta segundos.

Damián apretó la mandíbula.

Había pasado buena parte de la mañana esperando que ella apareciera. No había querido admitirlo, ni siquiera ante sí mismo, pero se había inquietado cuando supo que todavía no había regresado a su habitación.

Quería saber si estaba allí.

Si había cumplido su promesa.

Si volvería a verlo después de lo ocurrido la noche anterior.

Y ahora que la tenía delante, no encontraba la manera de preguntárselo sin parecer un idiota.

—Acércate —ordenó.

Valeria miró su hombro herido.

—¿Para qué?

—¿Siempre tienes que hacer tantas preguntas?

—Cuando un hombre que me mordió ayer me ordena acercarme, sí.

Damián se quedó callado.

Por primera vez, pareció no tener una respuesta preparada.

Valeria suspiró y caminó hasta quedar junto a la cama.

—Ya estoy aquí. ¿Qué sucede?

Él bajó ligeramente el rostro.

Sus dedos se aferraron a la sábana.

—Ayer…

Valeria esperó.

Damián frunció el ceño, visiblemente incómodo.

—¿Qué pasa con ayer? —preguntó ella.

El joven apretó los labios.

Y, después de una larga pausa, pronunció unas palabras que jamás habría imaginado decirle a nadie.

—¿Te sigue doliendo el hombro?

Valeria parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Después lo miró como si acabara de presenciar un milagro.

—¡Madre mía! ¡El señor gruñón acaba de preguntar por mi salud!

—¡Puedo echarte de aquí!

—¡Y ahí está! Ya me estaba preocupando que te hubieran cambiado por una persona amable.

Damián giró el rostro en dirección contraria.

Tenía las orejas rojas.

Valeria no pudo evitar sonreír.

El hombre seguía siendo insoportable, orgulloso y malhumorado.

Pero, por alguna razón, aquella mañana había querido verla.

Y eso significaba que algo estaba cambiando entre ellos, aunque ninguno de los dos estuviera preparado para admitirlo.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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