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El Niñero Torpe Del Sr. Montero

El Niñero Torpe Del Sr. Montero

Status: En proceso
Genre:CEO / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elian Rojas (23) trabaja en el refugio Second Chance Paws en Austin, Texas, y se paga la carrera de veterinaria. Cuando el refugio entra en quiebra y recibe orden de desalojo, encuentra un flyer rosa: "Se busca niñera. $3,500/mes. Niños difíciles. Si ellos te aceptan, te quedas".

Va a la entrevista sin fe. Le advierten que 3 niños han echado a 7 niñeras. Lo eligen porque es hombre, se ve torpe e ingenuo y creen que será fácil hacerlo renunciar con trampas de harina, tinta azul y pistolas de agua.

Pero Elian no ve berrinches, ve abandono. Y poco a poco, entre caos y perros colados, se ganará a una familia rota.

Lo que no esperaba era enamorarse de su jefe, Dante Montero (34), CEO viudo, frío y que no sabe cómo ser padre sin su esposa.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 - South Congress

Después de la pistola de agua, Dante no me habló del beso.

No porque no quisiera, sino porque no podía. Cada vez que estábamos solos, aparecía Santi con otra pistola, o Luna con dibujo, o Milo con laptop. Era como si la casa tuviera sensor que mandaba un niño cuando íbamos a hablar.

El miércoles en la noche, mientras lavaba platos, Dante se acercó y dijo bajito: el viernes Javi puede quedarse con los niños.

Lo miré sorprendido.

¿Javi? ¿Mi amigo Javi?

Sí, dijo Dante. Ya hablé con él. Dice que quiere practicar ser niñero también. Le pago extra.

¿Para qué quieres que Javi se quede?, pregunté aunque ya sabía.

Para que tú y yo podamos terminar conversación sin que nos disparen agua, dijo.

Me puse rojo. Casi tiro plato.

¿Es cita?, pregunté en voz tan baja que solo él escuchó.

Es cena, dijo. Si quieres que sea cita, es cita.

Dije que sí antes de que terminara frase.

El jueves me puse nervioso todo el día. Santi preguntó por qué me cambiaba de camisa tres veces. Milo dijo que olía a perfume y que parecía que iba a entrevista. Luna me dio dibujo de corazón y dijo que me veía bonito.

Dante bajó a las cinco, aunque era jueves y había cancelado reuniones sin decir por qué. Traía camisa negra sin corbata, pantalón oscuro, perfume más fuerte.

¿Nos vamos?, preguntó.

Los niños ya estaban con Javi en sala, con palomitas y película de dinosaurios. Javi me guiñó ojo y dijo: vayan, yo cuido fuerte. Si Santi saca pistola, lo encierro en baño.

Salimos a camioneta. Era raro salir sin silla de niños atrás, sin Canelo sacando cabeza, sin mochila rosa.

¿A dónde vamos?, pregunté.

A South Congress, dijo Dante. Hay camión de tacos que me gustaba con Ana. Quiero que lo conozcas.

Manejó por Austin con música bajita. No era música de CEO, era música vieja, en español. Le pregunté qué era.

Es Juan Gabriel, dijo. Le gustaba a mi papá.

Llegamos a South Congress cuando sol bajaba. Calle llena de luces, gente, música en vivo. Camión de tacos en esquina con fila larga y olor a carne asada.

Dante se puso gorra para que no lo reconocieran. Se veía diferente, más joven.

Hicimos fila tomados de mano sin darnos cuenta. Cuando nos dimos cuenta, ninguno soltó.

Pedimos tacos de trompo, con piña y salsa verde. Nos sentamos en banca de madera con mesa que se tambaleaba.

¿Aquí venías con Ana?, pregunté.

Sí, dijo mordiendo taco. Veníamos cada viernes antes de que naciera Milo. Ella decía que estos tacos curaban cualquier mal día.

¿Y lo curan?, pregunté.

Hoy sí, dijo mirándome.

Comimos tacos con manos, sin cubiertos, con salsa que picaba y nos hacía tomar agua a cada rato. Gente pasaba, música sonaba, y por primera vez Dante no miraba celular cada dos minutos.

Después caminamos por South Congress. Tiendas de vinilos, ropa vintage, señor tocando guitarra con sombrero.

Dante se detuvo frente a tienda de discos y dijo: Ana me enseñó a bailar aquí, en esta calle, una noche que nos quedamos sin dinero para taxi.

¿Sabes bailar?, pregunté sorprendido.

No, dijo. Pero ella decía que bailaba como robot triste y le daba risa.

Me reí. Imaginé a Dante CEO bailando como robot triste en South Congress.

¿Puedo contarte algo?, dijo serio.

Sí.

Desde que Ana murió, no había vuelto aquí, dijo. Pensé que si volvía me iba a doler. Y me duele un poco. Pero hoy duele menos porque estoy contigo.

Me quedé sin palabras. Tomé su mano sobre banca.

Gracias por traerme aquí, dije. Gracias por confiarme este lugar.

Quiero confiarte más lugares, dijo. Más historias. Si tú quieres.

Quiero, dije rápido. Quiero todos.

Nos quedamos escuchando guitarra. Señor tocaba canción lenta, triste pero bonita. Dante tarareó bajito.

A las nueve Javi mandó mensaje: todo bien, Santi intentó hacer volcán en cocina pero lo detuve, Luna dibujó a ustedes dos con tacos, Milo hackeó tu 【entity-Netflix¦canonical_name\=Netflix】.

Dante se rió y dijo: deberíamos volver antes de que Santi explote casa.

En camino de regreso, en camioneta, con música de Juan Gabriel bajita, Dante manejaba con una mano y con la otra tomaba la mía sobre palanca de cambios.

¿Te puedo preguntar algo?, dije.

Sí.

¿Qué pasó con el beso del otro día? El que no pasó por pistola.

Dante se puso rojo hasta orejas.

Quise besarte, dijo sin rodeos. Quiero besarte desde noche de tormenta, cuando te quedaste bajo manta con nosotros.

Yo también quiero, dije. Quiero desde que quemé arroz y me dijiste que fue mejor cena en un año.

Se rió.

Entonces, dijo, ¿puedo ahora? Aquí, en semáforo, sin niños con pistolas.

Semáforo estaba en rojo. Calle vacía de noche. Solo nosotros y Juan Gabriel cantando bajito.

Sí, dije.

Se inclinó y me besó. Por primera vez de verdad. Sin interrupciones, sin agua, sin niños gritando.

Fue beso corto, suave, con sabor a salsa verde y tacos. Fue beso que sabía a South Congress y a noche que no dolía.

Cuando semáforo se puso verde, nos separamos y Dante manejó despacio, con sonrisa que no le había visto nunca.

Llegamos a casa a las nueve y media. Javi estaba dormido en sofá con Santi encima, Luna dormida en alfombra con Canelo y Milo despierto con laptop.

¿Y bien?, preguntó Javi medio dormido. ¿Cómo estuvo cita?

Muy bien, dijo Dante. Nos besamos en semáforo.

¡Por fin!, gritó Milo y Santi se despertó.

Luna se despertó también y dijo: ¿se besaron sin pistolas?

Sí, dije riendo. Sin pistolas.

Luna aplaudió y dijo: ahora ya son novios de verdad.

Javi se levantó y dijo: bueno, me voy antes de que me hagan cuidar tres niños otra vez. Me deben una.

Se fue con bolsa de tacos que le habíamos traído.

Nos quedamos cinco en sala, con olor a tacos y noche bonita.

Esa noche, cuando fui a mi cuarto, encontré dibujo nuevo en puerta. Era Dante y yo en banca de South Congress, con tacos gigantes y corazones.

Abajo decía: papá y Elian en cita de tacos.

Guardé dibujo y pensé que South Congress ahora era también mi lugar. No solo de Dante y Ana. Ahora era nuestro.

Y por primera vez, beso no necesitó defensa.

1
Brisa Romero
/Proud/
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