Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 21 — Un rato en mi habitación
Llegamos a mi habitación y dejé las maletas de Lisseth junto al armario.
Ella entró despacio y comenzó a mirar todo.
—¿Esta es tu habitación? —preguntó.
—Sí, mija.
—Ay, está bonita.
—Pues es sencilla, pero es mi cuarto.
Lisseth miró alrededor. Había una cama, un escritorio, una ventana desde donde se podía ver parte de la finca y algunos muebles donde yo guardaba mis cosas.
—Me gusta la ventana —dijo ella—. Desde aquí se ve todo.
—Sí. Cuando me levanto puedo ver los potreros.
Ella se acercó a la ventana.
—Qué bonito.
Yo sonreí.
—Espérese a ver el amanecer. Desde aquí se ve muy bacano.
—¿Vos te levantás temprano?
—Pues claro. Aquí toca madrugar.
—Ay, bebé, yo no estoy acostumbrada.
—Ya se va a acostumbrar.
—No sé yo.
Me reí.
—Tranquila, yo le enseño.
Después señalé sus maletas.
—Bueno, mija, organicemos sus cosas.
—Sí.
Abrimos la primera maleta y empezamos a sacar su ropa.
Lisseth doblaba algunas prendas mientras yo abría las puertas del armario para hacerle espacio.
—¿Dónde pongo esto?
—Ahí, en ese lado.
—¿Y los zapatos?
—Puede ponerlos abajo.
—Bueno.
Poco a poco fuimos acomodando todo. Lisseth tenía bastante ropa, algunos accesorios, productos para el cabello y sus cosas personales.
—Bebé, ¿dónde pongo el maquillaje?
—En el escritorio, si quiere.
—Perfecto.
Sacó una bolsita y la dejó cuidadosamente sobre el escritorio.
—Listo.
—Todavía falta esa maleta.
—Ay, sí.
Seguimos organizando hasta que finalmente todo quedó guardado.
Lisseth se sentó sobre la cama.
—Estoy cansada.
—Pues ha sido un día largo.
—Muchísimo.
Yo miré la hora y recordé que todavía tenía que ayudarle a mi papá.
—Mi amor, yo me voy a cambiar de ropa porque tengo que ir a ayudar a mi papá.
Lisseth levantó la mirada.
—¿Ahora?
—Sí, mija. Me está esperando.
—¿Y qué vas a hacer?
—No sé todavía. Seguramente alguna cosa con los animales o ayudarle con el trabajo de la finca.
—Ah, bueno.
—¿Sí?
—Sí, bebé. Yo puedo quedarme aquí descansando.
—Puede quedarse con mi mamá o con Mariela si quiere.
—Creo que voy a bajar un rato. Quiero hablar con tu mamá.
—De una.
Me acerqué a ella.
—¿Está bien? ¿No se siente rara estando acá?
—Un poquito.
—¿Por qué?
—Porque todo es nuevo para mí. La casa, la finca, tu familia... todo.
—Pues no se preocupe. Mi familia la va a recibir bien.
—Ya me di cuenta.
Sonrió.
—Tu mamá es muy querida.
—Sí. Ella es así.
Me levanté y saqué ropa limpia del armario.
—Bueno, yo me voy a cambiar.
—Sí.
Antes de salir, Lisseth me llamó.
—Bebé.
—¿Qué pasó?
—Tené cuidado.
Sonreí.
—Siempre, pues.
—Y no te demores mucho.
—Voy a intentar.
—No, no intentes. Volvé rápido.
Me reí.
—Bueno, pues. Vuelvo rápido.
Salí de la habitación y fui a cambiarme.
Mientras me ponía la ropa de trabajo, escuché a Lisseth salir del cuarto. Al poco rato escuché su voz hablando con mi mamá en el pasillo.
—María Elena, ¿puedo ayudarte en algo?
—Claro, mija. Venga conmigo.
Me dio tranquilidad saber que no se había quedado sola.
Terminé de cambiarme, me puse las botas y bajé.
Mi papá estaba afuera esperándome.
—¿Listo, hijo?
—Listo, pues.
—Vamos a revisar unas cosas.
—De una.
Antes de irme, miré hacia la casa y vi a Lisseth junto a mi mamá.
Ella me vio y levantó la mano.
—¡Chao, bebé!
—¡Chao, princesa! Ya vuelvo.
Mi papá sonrió.
—Bueno, pues. Ahora sí entiendo por qué estaba tan apurado por volver.
—Ay, papá, no empiece.
Él soltó una carcajada.
—Venga, mijo. Tenemos trabajo.
—De una.
Y me fui con mi papá a continuar con las labores de la finca, mientras Lisseth se quedaba en la casa con mi mamá y el resto de mi familia.