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Me condenaste por amarte

Me condenaste por amarte

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Embarazada fugitiva / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:298
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Lucía Suárez amó a Adrián Beltrán durante doce años. Él le respondió con humillaciones, una condena injusta y la pérdida de su bebé.
Para Adrián, su esposa era una mentirosa, una mujer sucia capaz de cualquier cosa. La inocente siempre era otra: Valeria, la amante a la que protegía mientras Lucía lo perdía todo.
Ahora Lucía ha salido de prisión. Ya no quiere suplicarle amor. Quiere recuperar su vida y hacerles pagar cada mentira, cada golpe y todo lo que le arrebataron.
Pero Adrián no está dispuesto a dejarla ir.
Cuando la verdad lo obliga a arrodillarse y pedir otra oportunidad, ella solo tiene una respuesta:
—¿Quieres que te perdone? Entonces muérete.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19. Un charco de sangre

Lucía volvió a la casa. Solo quería recoger algo de ropa e irse, pero vio varios conjuntos de bebé sobre el sofá. No pudo evitar tomarlos entre las manos, sin ganas de soltarlos.

Pensar que Adrián los había comprado para Valeria le llenó el pecho de un dolor que no sabía expresar.

Se acarició el vientre: ya llevaba más de tres meses de embarazo. Los ojos se le humedecieron sin querer.

Pero enseguida se secó las lágrimas con rabia.

Se odiaba por ser tan débil. Aquel hombre la trataba con una crueldad absoluta y ella seguía pensando en él, aferrada a un amor que no podía tener.

Tomó uno de los conjuntos y bajó. En la entrada se encontró con Adrián y Valeria.

Verla avanzar, abrazada con cariño al brazo de él, fue como sentir cientos de agujas en el corazón.

—¿Adónde vas, Lucía? —Valeria parpadeó con grandes ojos inocentes. Al ver la bolsa, fingió curiosidad—. ¿Tú también compraste en esa tienda? ¿Es un regalo para mi bebé?

Lucía jamás había visto a una amante con semejante descaro.

La miró con asco. —Hasta presumes de estar embarazada de un hombre casado. Qué poca vergüenza tienes.

Valeria cambió de expresión al instante. Miró a Adrián con aire de víctima. —Mejor me voy. No quiero que vuelva a ponerse celosa. No importa si me lastima a mí, pero si vuelve a hacerle daño al bebé, quizá esta vez no sobreviva.

Hablaba con inocencia. Lo que buscaba era encender la furia de Adrián.

—La que tiene que irse no eres tú. —Él atravesó a Lucía con una mirada afilada como un cuchillo—. Lárgate. Y no vuelvas a aparecer delante de Valeria.

Después de advertírselo con aquella voz helada, señaló la ropa de bebé que ella llevaba.

—La compré para el hijo de Valeria. ¿Quién te dio permiso de tocarla? ¿No sabes lo sucia que estás? ¡¿Cómo va a ponerse mi hijo algo que tú ya tocaste?!

A ella la llamaba sucia. Al bebé de Valeria lo llamaba su hijo.

Lucía intentó aguantar un dolor que ya no podía ser mayor. Miró el rostro que había amado durante doce años. Sentía que le cortaban el corazón.

—¿Por qué tienes que ser tan cruel conmigo? ¿Porque crees que te tendí una trampa para acostarme contigo? ¿Por eso soy tan despreciable para ti? ¿Sabes siquiera que aquella noche…?

—Lucía. —Valeria la interrumpió y se acercó como si quisiera aconsejarla por su bien—. Es normal que se enoje. No soporta la suciedad. Tuviste relaciones con tantos hombres, cobraste por acostarte con ellos… No solo él. Yo tampoco puedo aceptarlo.

Lucía soltó una risa sin humor.

Era casi para reírse. Cada palabra de Valeria era una mentira, una provocación. Pero Adrián se la creía sin dudar.

El rostro se le ensombreció de golpe. Atrajo a Valeria hacia sus brazos.

—¿No te da asco tocarla? Vamos adentro.

La tomó de la mano y se volvió. No soportaba verlos alejarse juntos; sentía que le retorcían el corazón. Valeria todavía se volvió para regalarle una sonrisa triunfal.

Lucía sintió el corazón pesado como una piedra. Sabía que ninguna explicación iba a cambiar lo que él pensaba de ella.

Se obligó a dejar de pensar en él y a recuperar un poco de calma. Todavía quería resistir hasta ver nacer a su bebé.

Trasladó a Esteban a otro hospital. Era evidente que Valeria había comprado a la enfermera del anterior.

Se aseguró de que su abuelo quedara instalado y se fue.

Al pasar por una tienda de artículos para bebé, dudó un rato frente a la puerta. Al final entró.

Eligió dos conjuntos, uno rosa y otro azul.

Así tendría algo para su bebé, fuera niño o niña.

Tomó la ropa y se volvió para pagar. Se encontró de frente con Valeria.

Valeria parecía estar sola. Al ver su sonrisa malintencionada, Lucía intentó pasar por un lado. Pero ella le cerró el paso.

—Con el problema tan grave que tienes, ¿todavía te quedan ganas de ir de compras? ¿No te ha buscado la policía?

Lucía no entendió nada. Valeria siguió hablando.

—Si no tienes talento, no lo tienes. ¿Para qué copiar el trabajo de otros? Vértice va a demandarte por dañar su reputación y violar derechos de propiedad intelectual. Si te declaran culpable, puedes acabar en la cárcel.

Lucía se quedó desconcertada. Vértice era la empresa que le había encargado el diseño de los anillos.

Pero el diseño era suyo. Nunca había robado el trabajo de nadie. ¿Cómo iba a ser un plagio?

—¡Deja de inventar cosas! ¡La que está dañando mi reputación con esas acusaciones eres tú!

—No sigas fingiendo, Lucía. Tampoco es la primera vez que haces algo tan sucio. —Valeria parecía lamentarlo.

Ella no quiso discutir. Ya había caído varias veces. No iba a darle otra oportunidad de tenderle una trampa.

Como si hubiera adivinado que pensaba irse, Valeria se apresuró a agarrarle la mano con fuerza. Habló con una voz débil, pero alta. —Sé que me odias. ¡Pero deja de intentar matar a mi bebé! ¡Desquítate conmigo! ¡Él es inocente!

Otra vez la misma actuación.

Lucía ya había caído una vez. No iba a permitir que la atrapara de nuevo.

Pero la malicia de Valeria superaba lo que imaginaba. De pronto tiró de su mano, la sacudió con fuerza y se echó hacia atrás, como si hubiera perdido el equilibrio.

—¡Ah!

El grito de dolor hizo que los empleados y los clientes miraran enseguida.

Adrián apareció en el momento preciso. Al ver a Valeria en el suelo, sujetándose el vientre, corrió a levantarla. En el lugar donde había caído quedó un charco de sangre.

Con los ojos rojos y el rostro destrozado por el dolor, Valeria gritó hacia Lucía: —¡¿Cómo puedes ser tan cruel?! ¡Me quitaste a mi novio y ahora quieres matar a mi hijo! ¡Soy tu hermana!

Se desplomó entre los brazos de Adrián como si no pudiera soportarlo. —No voy a poder salvarlo… Siento que nuestro bebé ya se me está yendo del cuerpo…

Todas las personas que miraban clavaron sus ojos furiosos en Lucía.

La mirada de Adrián era todavía más oscura, casi asesina. —¡Si le pasa algo a mi hijo, tú vas a morir con él!

Una corriente helada le recorrió el cuerpo. Un presentimiento terrible, como nunca había sentido, la invadió por completo.

Después de aquella amenaza feroz, Adrián se marchó a toda prisa con Valeria en brazos.

Lucía corrió detrás. Apenas salió de la tienda, dos policías le cerraron el paso. Alguien había llamado.

La escena le puso la piel de gallina. Recordó la paliza que había recibido la otra vez, cuando estuvo a punto de perder al bebé.

Si volvía a entrar, quizá no saliera con vida. Todavía quería ver nacer a su hijo con Adrián antes de morir. ¡No quería volver allí!

—¡No la empujé! ¡Ella se cayó a propósito! —Empezaba a perder el control.

Las acusaciones y las miradas de desprecio la golpeaban desde todas partes. Todos la creían culpable de aquella crueldad.

Al verla resistirse, los agentes le pusieron las esposas por la fuerza y la subieron a la patrulla.

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