Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 4
Jack se apoyó nuevamente contra la columna. Y siguió conversando con Emma.
—Cuando me casé, mi esposa comenzó a ser presentada en algunas reuniones como lady Kovacic.
Emma comprendió inmediatamente.
—Porque era su apellido.
—Exactamente. Era una costumbre social perfectamente normal. Pero Jared escuchó a varias personas hablar de ella como si fuera la esposa del futuro duque.
El mago bajó la mirada.
—Él ya estaba convencido de que todos preferían que yo heredara el título. Cuando me casé, empezó a imaginar que también podían arrebatarle el lugar que le correspondía a su futura familia.
Emma frunció los labios.
—Pero usted nunca quiso el ducado.
—Nunca. Sin embargo, durante mucho tiempo Jared no fue capaz de creerme.
—¿Y qué ocurrió?
Jack suspiró.
—El rey necesitaba que me hiciera cargo de una investigación mágica importante. Yo me negaba porque sabía que implicaría más responsabilidades, más reuniones y menos tiempo con mi esposa.
Emma sonrió.
—Eso suena exactamente a usted.
—Gracias por su confianza.
—Continúe.
—Su Majestad me ofreció una solución. Me permitiría utilizar el apellido de soltera de mi madre, Meredith, en mis investigaciones y en mis funciones oficiales. De esa manera, mi trabajo dejaría de vincularse directamente con el ducado Kovacic.
Emma asintió lentamente.
—Así ya no habría confusión respecto a la sucesión.
—Ni respecto a mi esposa. Ella podría seguir usando su tratamiento social correspondiente, pero nadie tendría razones para interpretar mi trabajo como una amenaza para la posición de Jared.
—¿Y él lo aceptó?
Jack soltó una carcajada.
—Al principio ni siquiera me creyó. Pensó que había conseguido una concesión especial para mí y que, detrás de todo, existía algún plan para favorecerme.
—¿Y qué hizo usted?
—Le dije que podía quedarse con todas las propiedades, los caballos, los títulos y hasta los malditos retratos familiares. Yo solo quería que me dejaran trabajar en paz.
Emma se echó a reír.
—No me sorprende.
—Después de un tiempo, Jared comprendió que hablaba en serio. Supongo que se dio cuenta de que nunca había querido quitarle nada.
Jack jugueteó con el borde del documento.
—Y entonces comenzó a buscarme.
—¿Para reconciliarse?
—Sí. Aunque Jared tiene una manera muy particular de acercarse a las personas.
Emma recordó la discusión del día anterior.
—Lo he notado.
—Puede que le diga que su trabajo es mediocre, que su ropa es espantosa o que su existencia resulta profundamente molesta. Si después de eso usted no lo golpea, probablemente considere que han tenido una conversación agradable.
Emma se quedó mirándolo.
Después soltó una carcajada.
—¡Eso explica muchas cosas!
Jack sonrió.
—Jared es orgulloso. No sabe admitir que extraña a alguien. No sabe pedir disculpas sin sentir que está perdiendo una batalla. Y, cuando intenta ser amable, suele terminar diciendo algo que hace que los demás quieran estrangularlo.
—Una habilidad verdaderamente extraordinaria.
—Lo sé. Estoy muy orgulloso de él.
Emma negó con la cabeza, todavía riéndose.
Pero, a medida que reflexionaba sobre las palabras del mago, comenzó a comprender algo.
Jared no había acudido al palacio únicamente para molestar a su hermano.
Quizá también estaba intentando recuperar una relación que había perdido durante años.
Lo hacía mal.
Muy mal.
Pero lo intentaba.
—¿Y usted? ¿No está enfadado con él por lo que ocurrió entre ustedes?
Jack la miró.
—No guardo rencor a mi hermano. Tuvimos años difíciles, pero nunca he deseado que le vaya mal. Solo somos muy diferentes.
Sonrió.
—Él quiere dirigir un ducado. Yo quiero regresar a casa antes de que mi esposa se duerma. Él disfruta de las reuniones políticas. Yo prefiero experimentar con pociones. Él considera que una jornada productiva implica resolver veinte problemas administrativos. Yo considero que una jornada productiva termina cuando he descubierto algo interesante y todavía me queda tiempo para cenar con mi esposa.
Emma se echó a reír.
—Ahora entiendo por qué quiere escapar del palacio.
—¡Por supuesto! La vida es demasiado corta para pasarla escuchando discusiones sobre presupuestos.
La capitana lo observó con una sonrisa.
Había algo entrañable en aquella forma de hablar de su esposa.
Jack podía quejarse de su trabajo durante horas, pero cuando mencionaba a la mujer con la que compartía su vida, su expresión cambiaba.
Y Emma, que había pasado tantos años concentrada en demostrar su capacidad militar, se preguntó cómo sería tener una relación en la que alguien la esperara al final de una jornada agotadora.
No necesariamente un matrimonio.
No tenía tiempo para pensar en eso.
Pero sí alguien que la escuchara sin intentar corregirla, que no confundiera su independencia con una falta de afecto y que entendiera que su ambición no significaba que careciera de otras necesidades.
Sacudió ligeramente la cabeza.
[Emma, basta. Estás hablando con un mago que quiere huir de su oficina. No necesitas convertir una conversación sobre su matrimonio en una reflexión sobre tu futuro sentimental.]
Jack la observó con curiosidad.
—¿Está bien, capitana?
—Perfectamente.
—Parece pensativa.
—Estaba considerando la posibilidad de que su hermano necesite un curso de habilidades sociales.
Jack soltó una carcajada.
—Si consigue que lo tome, le estaré eternamente agradecido.
Días después, Emma conoció a la esposa de Jack.
La ocasión se presentó de una manera bastante sencilla.
La capitana se encontraba en uno de los corredores cercanos a las oficinas administrativas cuando vio al mago caminar junto a una mujer hermosa, pelirroja y expresión amable.
Jack llevaba varios documentos bajo el brazo.
La mujer, en cambio, parecía tener perfectamente organizada cada tarea del día.
—Capitana Viceroy ¡Qué suerte encontrarla!
Emma sonrió.
—Mago Jack. ¿Está huyendo de alguna reunión?
—¡No! ¿Por qué todos piensan que estoy huyendo de algo?
Su esposa lo miró.
—Porque hace diez minutos me dijiste que necesitabas encontrar una ruta alternativa para llegar a la oficina sin pasar por la sala de reuniones.
Emma se echó a reír.
Jack la miró con expresión traicionada.
—Querida, pensé que estábamos construyendo una relación basada en la confianza.
—Y así es. Por eso sé cuándo estás intentando evitar tus obligaciones.
La mujer se volvió hacia Emma y le ofreció una sonrisa cálida.
—Es un placer conocerla, capitana. Jack me ha hablado de usted.
—Espero que no demasiado.
—Principalmente de cómo lo salvó de mi cuñado.
Emma arqueó una ceja.
—¿Salvarlo?
Jack intervino rápidamente.
—Fue una situación delicada.
Su esposa sonrió.
—Jared estaba molestándolo y Jack decidió que la mejor solución era escapar.
—Era una solución perfectamente razonable..
—Hasta que te encontré escondido detrás de una columna.
Emma soltó una carcajada.
[Definitivamente, esta mujer es la persona más sensata de toda la familia.]
—Soy Lucille Meredith
Emma estrechó su mano.
—Capitana Emma Viceroy. Es un placer conocerla.
Lucille tenía una forma de hablar tranquila y una cortesía que no parecía forzada. Escuchaba con atención, hacía preguntas interesantes y, a diferencia de su esposo, no parecía considerar que cada conversación necesitara convertirse en una oportunidad para bromear.
Mientras hablaban, Emma descubrió que Lucille conocía bastante bien el trabajo de Jack y que, aunque apoyaba sus investigaciones, también se encargaba de recordarle que las obligaciones no desaparecían simplemente porque él prefería estar en casa.
—Jack es brillante, pero si lo dejara decidir, pasaría tres días seguidos haciendo pociones y después olvidaría que necesita comer.
—Eso es una exageración,,
Lucille lo miró.
—La semana pasada encontré una poción en la tetera.
Emma se quedó inmóvil.
Después comenzó a reírse.
—¿Una poción?
—Era una preparación experimental.. No era peligrosa.
—No sabías qué efecto tendría..
—Precisamente por eso era experimental.
Emma tuvo que apoyarse contra la pared para recuperar el aliento.
—Mago Jack, empiezo a comprender por qué su esposa tiene que supervisarlo.
Lucille sonrió.
—No se preocupe, capitana. Ya me he acostumbrado.
Jack suspiró.
—Me alegra saber que todos se han unido contra mí.
Emma observó a la pareja con una sonrisa.
Se llevaban bien.
No porque fueran iguales, sino porque parecían conocer las diferencias del otro y habían aprendido a convivir con ellas.
Lucille no intentaba convertir a Jack en un hombre solemne y responsable en todo momento.
Jack, por su parte, no parecía resentir que su esposa fuera más organizada que él.
Se querían.
Y se notaba.
Emma se despidió de ambos poco después, pero aquella conversación permaneció en su memoria durante el resto del día.
No había sido una reunión extraordinaria.
No había recibido una orden real.
Nadie había puesto a prueba sus capacidades.
Simplemente había conocido a una mujer amable y había conversado con ella.
Y, curiosamente, aquello le había resultado tan agradable como completar una misión con éxito.