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¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Autosuperación / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Eliana Casillas nunca soñó con gobernar un imperio criminal. Gordita, bondadosa y aparentemente inofensiva, siempre prefirió mantenerse al margen de las luchas de poder de su familia. Pero cuando las traiciones amenazan con destruir al clan Casillas y la vida de su pequeña hija Chloe corre peligro, descubre que su mayor fortaleza no está en las armas, sino en su inteligencia.
Entre enemigos disfrazados de aliados, secretos familiares y una conspiración que pretende arrebatarle todo, Eliana tendrá que demostrar que subestimarla fue el peor error de sus adversarios.
Con el destino de su hija en juego y la lealtad de los suyos puesta a prueba, la heredera inesperada deberá tomar el control del imperio.
Porque ser gordita no significa ser débil, y tocar a su familia tiene un precio.
¡Fuera cucarach@s! La nueva jefa ha llegado, y no piensa pedir permiso.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una ventana inesperada

Pasaron tres días sin incidentes aparentes. Sin llamadas amenazantes, sin autos sospechosos, sin extraños cerca de la casa. Pero ese silencio no les dio tranquilidad, sino mayor alerta. Sabían que la calma de Ramiro siempre precedía a otro movimiento. Cada mañana, Santiago recorría las calles cercanas observando rutas y posibles puntos de vigilancia. Leonardo revisaba las cámaras del perímetro varias veces al día. Marcos organizaba la documentación, separando copias en sobres sellados que entregó a personas de absoluta confianza, lejos de su hogar. Eliana, mientras tanto, mantenía su rutina visible: salía a comprar pan, saludaba a los vecinos, caminaba con Chloe por el parque cercano siempre acompañada de al menos uno de sus primos. No se escondía. Pero tampoco bajaba la guardia.

La cuarta mañana, una vecina mayor que vivía dos casas más allá se acercó discretamente cuando Eliana estaba sola en la puerta. Miró a ambos lados antes de hablar, con voz baja y tensa:

—No quiero meterme en problemas, pero vi algo que creo que usted debe saber. Dos hombres se turnan para observar su casa desde la ventana del ático de la casa abandonada al final de la calle. Llegan al amanecer y se van al anochecer. Tienen binoculares y a veces un teléfono con el que toman fotografías. No saben que los vi. Pensé que era mejor que usted lo supiera antes de que sea demasiado tarde. Tenga cuidado, hija. No todos los que pasan por aquí son lo que parecen.

Eliana le dio las gracias con el corazón acelerado pero sin mostrar alarma visible. Le ofreció un té, pero la mujer negó con la cabeza y se alejó despacio. En cuanto entró a casa, reunió a los tres primos de inmediato en la sala, en voz baja:

—Nos están observando desde la casa vacía del final de la calle. Desde el ático tienen vista directa a la entrada, el jardín y las ventanas delanteras. Todo lo que hacemos visible, lo ven. Todo lo que decimos al aire libre, podrían escucharlo con equipos adecuados. No es paranoia. Nos han estado monitoreando todo este tiempo, esperando que cometamos un error frente a sus ojos.

Santiago se puso de pie de inmediato, con esa energía contenida que siempre lo caracterizaba.

—Voy a subir ahora mismo. Los saco de ahí. Nadie vigila a mi familia sin que yo lo sepa.

—No —lo detuvo Eliana con firmeza—. Si vas y los enfrentas, sabrán que los descubrimos. Si los dejamos creer que no nos hemos dado cuenta, nos dirán qué les interesa exactamente. Nosotros no atacamos. Usamos su propia vigilancia contra ellos. A partir de ahora, cuando estemos fuera de la casa o cerca de ventanas, hablaremos de temas inocentes. Dejaremos que escuchen conversaciones que les hagan creer que estamos agotados, que dudamos, que buscamos desesperadamente una salida fácil. Que crean que nos están ganando. Y cuando bajen la guardia… entonces actuamos. Pero con cuidado. Sin prisa. Sin errores.

Los días siguientes actuaron según el plan. Desde el ático, los observadores vieron a una familia que parecía desgastada. Escucharon fragmentos de conversaciones sobre dificultades para conseguir abogados, sobre dudas respecto a si las pruebas serían suficientes, sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo para que todos pudieran estar en paz. Cada palabra calculada, cada gesto ensayado, todo diseñado para que Ramiro pensara que la resistencia se estaba desmoronando.

Una tarde, Marcos regresó de una salida discreta con una expresión pensativa en el rostro. Se reunieron en el sótano de la casa, el único lugar sin ventanas donde podían hablar con seguridad.

—La casa del final de la calle tiene una puerta trasera que da a un callejón estrecho entre dos muros —informó en voz baja—. No tiene cerradura sólida, solo un cerrojo viejo. Y lo más importante: hay una ventana pequeña en la parte posterior del ático que da al mismo callejón. Si alguien quisiera entrar sin ser visto, podría hacerlo por ahí. No digo que vayamos a hacerlo, solo digo que existe la posibilidad. Si supiéramos qué documentos tienen sobre nosotros, qué han reportado, qué instrucciones han recibido… tendríamos ventaja sobre ellos en lugar de ellos sobre nosotros.

Eliana lo pensó en silencio. No era su estilo infiltrarse ni espiar. Pero tampoco podía ignorar que el enemigo estaba instalado a unos metros de su puerta, tomando fotografías, escuchando sus días y sus noches, esperando el momento exacto para destruirlos.

—No entremos para dañar nada —decidió finalmente—. Solo entramos, revisamos si tienen mapas, notas, instrucciones escritas. Vemos cuántos son y qué armas llevan. Y nos vamos sin que se enteren. Si los descubren, se convierte en un enfrentamiento directo en nuestra propia calle. Es arriesgado. Pero la información que obtengamos podría valer el riesgo. Santiago, tú y Marcos van mañana al amanecer, cuando cambien de turno. Es el momento en que están más distraídos. Leonardo, tú vigilas desde aquí con binoculares. Si alguien más se acerca o si algo cambia en la calle, nos avisas de inmediato por teléfono con un mensaje clave: “Llegué tarde”. Eso significa retiren ahora mismo sin preguntas. ¿Entendido? Ningún error vale la seguridad de ustedes. Si hay duda, se retiran. Sin excepciones.

A la mañana siguiente, antes de que saliera el sol, Eliana esperó en la sala con el teléfono en la mano, contando cada minuto como si fuera una hora entera. Sabía que enviarlos allí era exponerlos, pero también sabía que mientras no supieran exactamente contra qué luchaban, siempre estarían un paso por detrás. El silencio se prolongó diez minutos que parecieron una eternidad. Y entonces el teléfono vibró: “Lo conseguimos. Estamos fuera. Nos vemos en casa. No nos siguieron.”

Cuando entraron por la puerta trasera, ambos respiraban agitados pero con ojos brillantes. Santiago sostenía una libreta de cuero oscuro entre sus manos.

—Tienen horarios, rutas que recorren nuestros familiares, nombres de amigos que nos visitaron, fotografías de Chloe en el parque —dijo con voz tensa pero controlada—. Y algo más: una nota manuscrita al final que dice: “Si para el viernes no han aceptado la propuesta, pasamos a la fase dos. Que sea irreversible.” No sabemos qué significa fase dos, pero tenemos tres días para descubrirlo y detenerlo. Nos adelantamos a ellos. Ahora sabemos que se están preparando para algo definitivo. Y no van a esperar mucho más.

Eliana tomó la libreta y la puso sobre la mesa, como si en esas páginas estuviera escrita la vida de todos ellos.

—Gracias por lo que hicieron. Pero esto confirma algo que ya sospechábamos: no vamos a poder negociar ni esperar a que se cansen. Tienen un plan para el viernes. Y nosotros tenemos que tener el nuestro listo antes de que llegue ese día. Esta información no la desperdiciaremos. Nos muestra que están presionados, que necesitan resultados pronto, que no son tan invencibles como creen. Ahora que sabemos cuándo atacan, tenemos el tiempo justo para preparar nuestra mejor defensa: la verdad, llegando al tribunal antes de que ellos puedan ejecutar su fase final. Mañana mismo llamo al fiscal. No esperamos más. El viernes no los esperamos a ellos. Los esperamos nosotros. Con las pruebas en la mano y la ley de nuestro lado. ¿Están conmigo hasta el final?

Los tres primos asintieron al unísono, sin dudarlo ni un instante.

—Hasta el final —respondieron juntos.

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Ivyta🇦🇷💙💛💙
amo tus novelas! te falta uno de amor entre mujeres 🙏🏾 porfis! ❤️
Ivyta🇦🇷💙💛💙: la que se te ocurra! tenés una escritura que me atrapa y varias veces me he ido a dormir tarde🤣
total 2 replies
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