NovelToon NovelToon
Mi marido tenía otra familia

Mi marido tenía otra familia

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Durante cinco años, creí que tenía al marido perfecto. Le abrí las puertas de mi familia, le confié la empresa de mi padre y soñé con tener un hijo con él.
Hasta que descubrí quién era la mujer que cuidaba a mi padre.
Había sido su esposa. Tenían un hijo. Y ninguno de los dos pensaba contármelo.
Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ellos preparaban su salida.
Ahora me toca fingir. Sonreírle a mi marido. Tenerla a ella cerca. Dejar que ambos crean que sigo sin enterarme de nada.
Porque no pienso salir de esta historia con las manos vacías. Quiero saber qué hicieron con el dinero de mi familia, recuperar mi lugar y decidir cómo termina mi matrimonio.
Esta vez, las decisiones las tomo yo.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23. Los regalos de la misma galería

Renata empezó por el lugar donde creía que estaban los documentos de las propiedades.

Abrió una carpeta, después otra. Separó lo que podía servirle a Javier y dejó a un lado las cosas que necesitaba revisar con más calma. Había guardado papeles sin volver a mirarlos porque sabía que estaban allí, y esa certeza le había parecido suficiente.

Ahora no lo era.

Tuvo que mover estuches, cajas, bolsas que había conservado para algo. Al despejar espacio aparecieron accesorios que no usaba, prendas apartadas, pequeños objetos cuya importancia había disminuido sin que por eso se decidiera a tirarlos.

Durante años había ido reuniendo todo aquello casi sin notarlo.

Una cosa por un viaje. Otra porque la vio y le gustó. Algo comprado para una ocasión que no volvió a repetirse. Había tanto de ella en esos montones que le molestó tener que tratarlos como un obstáculo para llegar a una carpeta.

Eran recuerdos. También eran el dinero que había gastado mientras dejaba que Damián se ocupara de lo que ahora intentaba entender.

Encontró un reloj pequeño, con tapa.

Lo tomó antes de decidir por qué lo había reconocido entre las demás cosas.

Al abrirlo apareció una fotografía de los dos.

Renata se quedó mirando sus caras. No era la imagen del helicóptero ni una de las que había revisado para buscar a otra mujer. Era una foto de ellos sonriendo juntos, guardada dentro de un objeto que se abría con la mano.

Se acordó de la facilidad con la que había aceptado guardar aquella imagen allí.

Ahora parecía absurdo que pudiera seguir tan entera.

Lucía llamó cuando todavía tenía el reloj abierto. Renata aceptó la videollamada, apoyó el celular delante y le contó que estaba buscando los papeles. Después levantó el reloj para que su amiga pudiera verlo.

—¿Te gusta? —preguntó—. Quitamos la foto y te lo quedas.

Intentó decirlo como si desprenderse de aquello fuera una decisión generosa, incluso divertida. Una joya se conservaba; el marido se quitaba de en medio.

Lucía no se rio enseguida.

Renata cerró la tapa.

—No me mires así. Es un reloj.

Su amiga no insistió en quedarse con él. Le preguntó si había encontrado lo que buscaba.

Renata volvió hacia las carpetas.

Dejó el reloj a un lado. No arrancó la fotografía. Tenía otras cosas que hacer y todavía no sabía si podía terminar un gesto que acababa de presentar como una facilidad.

Hablaron unos minutos más. Después Renata cortó para seguir revisando.

El espacio se había vuelto incómodo. Papeles sobre una superficie, cajas abiertas sobre otra. Por primera vez comprendió cuánto trabajo daba desarmar el orden con el que llevaba tiempo diciendo que todo estaba resuelto.

Había documentos que necesitaba leer enteros. En otros bastaba un nombre para decidir que los llevaría. No quiso convertir cada hallazgo en una conclusión antes de que Javier lo viera.

Apartó lo relacionado con las propiedades.

Después encontró papeles de una compra de arte.

La galería le sonaba.

Miró el nombre un momento y fue a buscar los demás documentos de los cuadros que le había regalado Damián. No estaba segura de haberlos guardado juntos. Revisó donde tenía sentido que estuvieran y fue reuniendo lo que encontraba.

El nombre volvió a aparecer.

La misma galería.

Una vez no habría significado nada. A Damián podía gustarle comprar donde lo conocían. Él era así con muchas cosas: encontraba a alguien que le resolvía un encargo y volvía.

Renata colocó los papeles uno junto a otro.

Todas las compras que tenía delante la llevaban al mismo sitio.

Se levantó y fue a mirar uno de los cuadros.

Había elegido dónde ponerlo. Recordaba el momento de decidir qué mueble quedaba debajo, si desde la entrada se veía bien o si convenía moverlo a otra pared. Habían hablado de la obra como se hablaba de algo que llegaba para quedarse.

También había un precio.

Damián sabía decirlo de una manera que no pareciera estar cobrándole la gratitud: la oportunidad de conseguirlo, lo especial que era, el valor que tenía aunque ella solo quisiera mirarlo.

Renata se quedó delante del cuadro.

No sabía más de pintura que cuando lo había recibido. El problema era que entonces no había necesitado saber. Su marido le regalaba algo caro. Lo conocía. Había pensado en ella.

Ahora tenía una pregunta que el cuadro no podía responder.

Volvió a los documentos y le mandó la información a Javier.

Quería saber qué relación tenía Damián con aquella galería. No le bastaba comprobar que compraba allí.

Mientras esperaba siguió con las carpetas. Se obligó a terminar de separar lo que había empezado. La sospecha la llevaba de una cosa a otra y podía pasar horas moviendo papeles sin dejar preparado nada que alguien más pudiera revisar.

Guardó las copias que necesitaba llevar.

Dejó aparte la documentación de los cuadros.

La respuesta de Javier llegó mientras terminaba de ordenar las carpetas. Había conseguido información sobre los propietarios de la galería.

Damián era su principal accionista.

Renata volvió a leerlo.

No era solamente un cliente al que trataban bien porque compraba con frecuencia. Tenía una parte decisiva del negocio que le vendía aquellas obras.

Su marido se las regalaba a ella.

El dinero pasaba por una empresa en la que él tenía intereses.

Miró la hilera de documentos y sintió la misma rabia que en el despacho, pero sin nadie delante a quien pudiera hacerle preguntas.

Cuántas veces había contado un regalo. Cuántas fotos había hecho para enseñarlo. Podía recordar el gesto con que le tocó el brazo para agradecerle, la satisfacción de verlo contento porque ella estaba contenta.

La galería había estado dentro de aquella escena sin que Renata supiera que tenía que mirarla.

—No puede ser —dijo.

No porque hubiera dejado de creerlo. Porque necesitaba que la frase ocupara un lugar fuera de su cabeza.

Fue otra vez hasta el cuadro.

La pintura no había cambiado. Seguía teniendo los colores que había elegido para su sala, la forma que le gustó la primera vez. No podía averiguar lo que ocurría con el dinero mirándola con más desprecio.

Tendría que entender cómo vendían.

Quiso imaginarse entrando y haciendo preguntas. La conocerían, o podían avisarle a Damián. Aun si nadie reconocía su cara, él podía saber que había buscado la galería justo después de que su tarjeta dejara de funcionar.

Necesitaba a otra persona.

Alguien que pudiera presentarse como comprador y escuchar qué ofrecían, sin que Damián supiera quién lo había mandado.

Regresó al teléfono.

No apartó el cuadro de la pared. Dejó los papeles preparados y empezó a buscar la manera de comprobar la venta.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play