Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 8: El Precio Del Deseo
El golpe seco de la puerta al cerrarse resonó en la gigantesca oficina como un disparo. Charlotte dio un tranco hacia atrás por puro instinto, sintiendo cómo la habitación se reducía a la distancia mortal que la separaba de Dorian Collins. El ambiente se volvió espeso, cargado de una tensión tan intensa que a Charlotte le costaba respirar.
Él no se detuvo. Caminaba con la parsimonia pesada de un hombre que ha perdido por completo el control de su propia razón. Sus ojos grises, oscuros como una tormenta, no se apartaban de la piel expuesta de Charlotte ni de los rizos castaños que caían sobre sus hombros.
Dorian rodeó el escritorio y se detuvo a pocos pasos de ella. La miró con una mezcla de devoción enferma y necesidad absoluta.
—Te propongo un trato, Charlotte —dijo Dorian, con una voz ronca que intentaba recuperar la frialdad corporativa, aunque el temblor de sus manos lo traicionaba—. Intervendré en la mina de inmediato. Haré que les paguen hasta el último centavo que les deben a los obreros y te daré todo el dinero que necesites para resolver tu vida. A cambio... te quedarás aquí. Te quedarás conmigo en París.
Charlotte parpadeó, desconcertada y horrorizada por lo que acababa de escuchar.
—¿Qué? —soltó, sintiendo un nudo de indignación en la garganta—. ¡Está loco! ¡Usted está completamente loco!
Sin dudarlo un solo segundo, Charlotte le dio la espalda, giró el picaporte e intentó abrir la gran puerta de madera para huir de ese manicomio.
Pero no llegó lejos.
En un movimiento felino y brutal, Dorian acortó la distancia. Su mano grande se estampó contra la madera, rebasando la cabeza de Charlotte y cerrando la puerta de golpe antes de que ella pudiera cruzar el umbral. Con el otro brazo, rodeó la cintura de la joven por la espalda, pegando el cuerpo de Charlotte contra su imponente pecho.
—¡Suélteme! ¡Déjeme ir! —gritó ella, luchando salvajemente, clavándole los codos y tratando de zafarse de su agarre de hierro.
Charlotte estaba absolutamente desconcertada. No entendía nada. ¿Por qué este hombre multimillonario y poderoso, al que jamás en su vida había visto, reaccionaba de una manera tan obsesiva y violenta ante una simple obrera? No comprendía la mirada desorbitada de Dorian, ni la urgencia casi desesperada con la que él la sujetaba, como si si la soltaba fuera a desaparecer en el aire.
Dorian la giró con firmeza entre sus brazos, acorralándola contra la puerta. Aunque Charlotte intentó empujarle el pecho con las manos para mantener la distancia, él se mantuvo firme, mirándola desde su imponente altura con una posesividad que le heló la sangre.
—No me importa si no aceptas el trato —susurró Dorian, pegado a su rostro, ignorando los puños de ella contra su pecho—. Aunque te niegues... no puedo dejarte ir. Te necesito en mi vida, Charlotte.
El aire se le escapó a Charlotte de los pulmones. Escuchar esa confesión desesperada en boca de un desconocido la llenó de una mezcla de rabia y temor.
—¡Eso está mal! —le espetó ella con los ojos verdes encendidos, mirándolo de frente sin achicarse—. ¡Usted no me conoce! ¡Yo no lo conozco! ¡Solo vine hasta aquí para que me ayudara con los abusos de la mina, no para que se comporte como un demente!
Dorian la sostuvo de los brazos, clavando sus ojos grises en los de ella, sintiendo que el fuego que lo quemaba por dentro no iba a apagarse jamás.
—Y te voy a ayudar —sentenció Dorian, con una firmeza implacable que retumbó en las paredes de la oficina—. Pero bajo mis términos.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲