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El Harén De Aiko

El Harén De Aiko

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Harén Inverso / Mujer poderosa
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Muchos hombres en un Harén. Un trono y un corazón que no sabe a quién elegir. En el Reino del Sol Naciente, las mujeres gobiernan y los hombres sirven. Aiko es una princesa destinada a convertirse en emperatriz (Jotei) y, como manda la tradición, recibirá a tres consortes para empezar a formar su futuro harén.
Cada uno es diferente. Cada uno tiene sus propios secretos. Y cada uno podría ocupar un lugar distinto en el corazón de la futura emperatriz.
Pero Aiko pronto descubrirá que elegir a quién amar puede ser mucho más difícil que elegir a un compañero con quién gobernar.

NovelToon tiene autorización de Darianrb para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El dulce despertar a su lado

Aiko despertó de a poco, todavía envuelta en ese sopor tibio de las mañanas felices. Tenía una pierna enredada con la de Ren, el pelo hecho un desastre sobre la almohada, y notó una de sus manos apoyada cómodamente sobre una de sus nalgas de su amante, como si durante la noche hubiese decidido que ese era su lugar natural.

Todavía medio dormida, se dio cuenta de que la otra mano había ido a parar a otro lugar bastante más comprometedor, y el sobresalto la hizo retroceder de golpe, con tan mala suerte que perdió el equilibrio y cayó de la cama, arrastrando consigo buena parte de las sábanas.

El resultado fue que Ren quedó completamente destapado, todavía dormido, ajeno por completo a la situación. Aiko, sentada en el piso con las sábanas enredadas alrededor del cuerpo, se quedó mirándolo unos segundos de más, embobada, sin ninguna prisa por remediar el desastre. 'Me gusta demasiado su cuerpo, me estoy volviendo loca o es que era demasiado virgen y tonta'.

Fue el sonido de las cortinas corriéndose lo que la sacó de su transe. Alguien estaba abriendo las *mado (窓)de la habitación.

—¡Ah, ¿que sucede?! —Aiko se incorporó de golpe, tirando de la sábana hacia arriba con ambas manos, roja hasta las orejas.

Hiroshi estaba de pie junto a la cama, con las manos cruzadas como siempre, la mirada fija en algún punto neutro del techo con una disciplina que solo dan los años de práctica. Detrás de él, dos doncellas terminaban de levantar la ropa del suelo, evitando mirar a su consorte desnudo, todo lo que podían.

—¡Hiroshi! ¡Un poco de privacidad, por favor! ¡Aún estoy desnuda y Ren también!

—Mis disculpas, mi señora —respondió él, sin moverse un centímetro ni bajar la vista—. Aunque eso no es algo de lo que deba preocuparse. En un momento le traerán agua para el baño. Después, el desayuno la espera. Debe pasar tiempo con las nobles de su corte.

Ren, a su lado, se había despertado también, aunque con menos escándalo, limitándose a taparse con la sábana y mirar la escena con una expresión entre divertida y resignada. Al parecer no tenía intenciones de levantarse aún.

El desayuno se sirvió en una sala pequeña con vista al jardín, sobre una mesa baja llena de cuencos de arroz, pescado a la parrilla y frutas cortadas con una precisión casi ridícula. Ahí la esperaban dos rostros: Mei, con los ojos entrecerrados y una mano en la sien, y una joven rubia que Aiko había visto antes a su llegada al palacio, de sonrisa fácil y modales impecables.

—Sakura, Aiko-sama —se presentó la joven, inclinándose apenas—. Es un honor ser una de sus doncellas.

—El honor es mío —respondió Aiko, todavía adaptándose a que la gente le hablara así de formal.

—¿Ya tomó su té esta mañana, mi señora? Su Tsuki no cha (月の茶) —preguntó Mei, señalando con la barbilla una pequeña taza de porcelana que humeaba junto al resto de los cuencos.

Aiko frunció el ceño, sin entender del todo.

—¿El Tsuki no cha (月の茶)?

— Claro, el té de todas las mañanas —insistió Mei, con un tono que sonaba más a advertencia amistosa que a simple pregunta—. No puede quedar embarazada, princesa. No hasta que elija esposo. Mejor tomarlo temprano, antes de ver a ningún consorte. ¿Ayer lo bebió? De eso debían encagarse a su llegada.

Aiko sintió que se le encendían las mejillas de golpe, tomando la taza con cierta torpeza mientras Sakura disimulaba una sonrisa detrás de la suya.

— Sí lo bebí, aunque nadie me explicó que era por eso.

—Perdón, princesa —murmuró Mei, con la voz apagada—. Tengo una jaqueca espantosa. No sé si voy a poder acompañarla mucho rato.

Aiko la miró con preocupación genuina.

— Ve a recostarte, Mei. En serio. El desayuno puede esperar a que estés bien.

Por el rabillo del ojo notó cómo Hiroshi apretaba apenas la mandíbula, la viva imagen de la desaprobación silenciosa, aunque no dijo una palabra mientras Mei se retiraba con una reverencia agradecida.

Fue en ese momento que Aiko recordó algo que la hizo sonreír: Ren todavía dormía. Se disculpó con Sakura y volvió a la habitación, sentándose despacio junto a él, y empezó a besarle el cuello con delicadeza hasta que lo sintió removerse bajo las sábanas.

—Ven desayunar conmigo —le susurró.

Fue Hiroshi, que había entrado detrás de ella sin hacer ruido, quien respondió antes de que Ren pudiera hacerlo.

—Me temo que no será posible, mi señora. El desayuno de la princesa se comparte con las damas de la corte, o se toma en soledad. Los consortes pueden entretenerla por las tardes, si así lo desea.

— ¿Otra vez tu? Hiroshi ¿me vas a seguir incluso al baño?

Aiko se giró hacia Ren, algo desilusionada, esperando encontrar la misma incomodidad que sentía ella. En cambio, él la miró con una calma casi divertida.

—No te preocupes —le susurró, apartándole un mechón de pelo de la cara—. Seguro te van a pedir que elijas un día de la semana para que compartamos cama. Será nuestro día especial para estar juntos.

Aiko parpadeó, sorprendida. Por un instante —solo un instante, pero real— se había olvidado por completo de que Ren no era el único consorte.

 

Volvió a buscar a Hiroshi a quien había echado con señas, antes de regresar al desayuno, todavía con la idea dándole vueltas en la cabeza.

—Hiroshi. Sobre lo del día de la semana... ¿podría ser más de uno? Con Ren, digo.

El eunuco la miró con una paciencia que dejaba entrever, apenas, cierta diversión contenida.

—Podría solicitarlo, mi señora. Aunque no sería lo habitual, al menos al principio. Lo acostumbrado es conocer primero a los demás consortes antes de mostrar una preferencia tan marcada. Eso podría traer problemas en el harén de sus hombres.

Aiko frunció el ceño. Le pareció absurdo —¿para qué perder el tiempo conociendo a nadie más, si ya sentía algo así de fuerte con Ren?— pero no dijo nada, y se limitó a asentir despacio antes de dejarlo ir.

Caminó de vuelta hacia la sala del desayuno con la cabeza en cualquier parte menos en el camino: pensando en los ojos color miel de Ren, en la calidez de su voz, en la forma en que sus manos se habían sentido la noche anterior. Iba tan distraída que no vio al hombre que doblaba por el mismo pasillo en dirección contraria hasta que chocó de lleno contra él.

—Disculpe, mi señora —dijo Kaito, otro de sus consortes, dando un paso atrás con una reverencia rápida, sin levantar la vista del suelo ni un instante.

Aiko se quedó mirándolo, todavía un poco aturdida por el golpe. Había algo en su tono —cortante, casi seco— tan distinto de la calidez de Ren que por un segundo no supo bien qué decir.

—No te preocupes, fue mi culpa —logró responder, pero Kaito ya se había enderezado y seguía su camino sin volver a mirarla, como si esa breve disculpa hubiese sido suficiente para saldar la cuenta.

Se quedó ahí parada un momento, pensando en lo distinto que era todo con él. Ni siquiera la había mirado a los ojos, algo que era esperable en sus subditos. Pero con Ren, en cambio, sentía que cada mirada decía algo.

Y entonces, sin quererlo, le vino a la cabeza otra imagen: Itsuki, la tarde anterior, estirándose en el patio con esa calma imposible, la piel cubierta apenas por el fundoshi. Sintió que las mejillas se le encendían de golpe y una punzada de culpa la atravesó casi al instante. Estoy pensando en otro hombre, se reprochó. Recién anoche...

—¿Desea que le avise a Kaito para esta noche, mi señora? —preguntó Hiroshi, que se había acercado nuevamente sin que ella lo notara, con esa costumbre suya de aparecer justo cuando menos falta hacía.

—Esta noche no —respondió, todavía algo aturdida por el encuentro—. Pero... el miércoles sí. Que sea con Kaito.

'Estoy cansada', pensó, mientras Hiroshi asentía sin cuestionarla. 'Estuvimos muchas horas con Ren. Dulces horas. Pero no puedo evitar a los demás por siempre.'

—Y el viernes... me gustaría ver al consorte Itsuki. — le dijo al oído al eunuco

No sabía bien por qué lo decía en voz tan baja, salvo que, de algún modo, no le parecía correcto que Kaito la escuchara. Y con Itsuki, al menos, había algo —esa curiosidad, esa imagen que no lograba sacarse de la cabeza—.De repente, pensar en tantos hombres se le hacía extraño.

Hiroshi asintió, tomando nota mental sin necesidad de preguntar más.

—Como usted disponga, mi señora.

Aiko se irguió entonces, con un gesto que ni ella misma reconoció del todo.

Aiko se alejó por el pasillo, sorprendida de sí misma —de dónde había salido ese tono, esa seguridad tan repentina— pero sin detenerse demasiado a pensarlo, porque su mente, una vez más, ya había vuelto a Ren.

Glosario

Sakura (桜) — "flor de cerezo". Es también una de las damas de la corte. Amiga sobre todo de Mei, la dama de compañía de Aiko.

Mado (窓) — ventana

Tsuki no cha (月の茶) — Té de hierbas para evitar quedar embarazada.

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Eigtone
Autora espero con ansias el siguiente capítulo, todo se esta poniendo increíble....
Darian RB🌹: se vienen más capítulos pronto perdón las demoras
total 3 replies
Eigtone
Me gusta, me llena de curiosidad que es lo que pasara más adelante. Y la princesa lo tendrá muy difícil...😉 para elegir...
Darian RB🌹: Gracias por leerme🥰 y esto se pondrá picante, te aviso 🔥😏
total 1 replies
Xaomii
:)
Xaomii
🔥🔥🔥
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