Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Profesor Godric 2
Después de varios días observando aquella nueva rutina, Francis llegó a una conclusión.
El profesor Godric era un hombre extraordinario.
Sabio.
Paciente.
Y conseguía que Melody disfrutara cada lección con un entusiasmo que él encontraba encantador.
El problema...
No era el profesor.
Era que prácticamente había desaparecido todo el tiempo que antes compartía con ella.
Francis sonrió para sí una mañana mientras revisaba unos documentos.
[Eso tiene solución]
Aquella misma tarde reunió al profesor Godric en su despacho.
Melody también estaba presente.
—Hay un asunto sobre el que me gustaría conversar.
El anciano dejó su taza de té sobre la mesa.
—Lo escucho, mi lord.
Francis habló con absoluta naturalidad.
—Sus clases son excelentes.
El profesor hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Le agradezco.
—Precisamente por eso...
Continuó Francis.
—Creo que debemos organizarlas mejor.
Melody levantó la vista.
—¿Organizarlas?
Francis asintió.
—El profesor ya no es un hombre joven.
Godric arqueó ligeramente una ceja, aunque permaneció en silencio.
—No me parece adecuado que pase tantas horas enseñando sin un horario definido.
Miró al anciano con respeto.
—Necesita descansar.
Melody asintió enseguida.
—Eso tiene sentido...
Francis continuó.
—Propongo que las clases tengan un horario fijo. Desde después del desayuno hasta poco antes del almuerzo. Las tardes hasta antes de la hora del té.
Godric comprendió inmediatamente.
Melody, en cambio, sonrió.
—¡Así podrá descansar más!
El anciano observó al conde durante un instante.
Después respondió con absoluta serenidad.
—Me parece una excelente propuesta.
Francis sonrió satisfecho.
Y Melody, completamente convencida de que aquella decisión existía únicamente para cuidar la salud de su maestro, aceptó encantada.
A partir del día siguiente la nueva rutina quedó establecida.
Las mañanas seguían dedicadas al estudio.
Pero, cuando llegaba el almuerzo...
Las lecciones terminaban.
Y se retomaban solo por una o dos horas después.
Francis también concluía la mayor parte de su trabajo administrativo a esa hora.
Y, casi sin proponérselo, ambos volvían a disponer el resto de las tardes para ellos.
Volvieron los almuerzos en el jardín.
Las lecturas compartidas.
Los paseos por la propiedad.
Las conversaciones que se prolongaban hasta el atardecer.
Francis estaba bastante satisfecho con el resultado.
Aquella tarde, cuando Melody salió de la biblioteca para buscar uno de los libros que había dejado en su habitación, el profesor Godric permaneció acomodando algunos mapas sobre la mesa.
El silencio duró apenas unos segundos.
Después el anciano sonrió sin levantar la vista.
—Debo reconocer...
Francis comprendió inmediatamente que aquellas palabras iban dirigidas a él.
—¿Sí?
Godric terminó de enrollar el mapa.
—Ha encontrado una solución bastante elegante.
Francis apoyó una mano sobre el respaldo de una silla.
—¿A qué se refiere?
El profesor soltó una pequeña risa.
—Mi lord...
Por fin levantó la vista.
—Entendí perfectamente sus intenciones.
Hubo un breve silencio.
Francis podría haber fingido no comprender.
Podría haber inventado otra explicación.
Sin embargo...
Simplemente sonrió.
—Lo imaginé.
No intentó negarlo.
Godric cruzó los brazos con expresión divertida.
—Así que no era únicamente por mi descanso.
Francis negó suavemente con la cabeza.
—No.
El profesor esperó.
Francis habló con una sinceridad que solo aparecía cuando estaba completamente seguro de algo.
—Lady Melody ama los libros.
Su mirada se dirigió inconscientemente hacia la puerta por donde ella había salido hacía unos instantes.
—Y me alegra profundamente que sea así.
Hizo una pequeña pausa.
Después añadió con una sonrisa tranquila..
—Pero también espero que, con el tiempo, pueda llegar a quererme tanto como quiere a esos libros.
Godric permaneció observándolo unos segundos.
Luego comenzó a reír con esa calma propia de quien había vivido muchas décadas.
Francis lo miró confundido.
—¿He dicho algo gracioso?
El anciano negó lentamente.
—No.
Su expresión se volvió cálida.
—Solo creo que está librando una batalla que no existe.
Francis frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quiere decir?
Godric caminó lentamente hasta uno de los ventanales.
Desde allí podía verse a Melody cruzando el jardín con un libro entre las manos.
La joven sonreía para sí misma, completamente ajena a la conversación.
El profesor señaló discretamente hacia ella.
—He vivido muchos años. He enseñado a príncipes. A nobles. A comerciantes. Y también he visto a muchas personas enamorarse, incluso a dragones, hombres lobo y vampiros.
Volvió la mirada hacia Francis.
—Hay cosas que pueden fingirse. La educación. La cortesía. Incluso una sonrisa.
Guardó un breve silencio.
—Pero los ojos...
Negó lentamente con la cabeza.
—Los ojos enamorados no saben mentir.
Francis permaneció inmóvil.
Godric sonrió con serenidad.
—Cada vez que Lady Melody lo mira... Sus ojos cambian. Y eso no es algo que una persona pueda fingir durante tanto tiempo.
El anciano tomó nuevamente uno de los libros.
—Así que no necesita competir, ni luchar, solo cuidar de lo que tiene.
Acarició con cariño la cubierta del volumen.
—Porque ella puede amar la historia... Y también querer profundamente a la persona con quien desea compartir su propia historia.
Francis permaneció unos segundos completamente en silencio.
Una sonrisa, pequeña pero auténtica, apareció lentamente en su rostro.
Era una tranquilidad que no había sentido en varios días.
Inclinó ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento.
—Gracias, profesor.
Godric respondió con una expresión casi paternal.
—Ahora vaya.
Francis arqueó una ceja.
—¿A dónde?
El anciano señaló nuevamente el jardín.
—Mi alumna lleva cinco minutos esperándolo con un libro bajo el brazo.
Francis miró por la ventana.
Melody estaba efectivamente allí.
Sentada bajo su árbol favorito, hojeando distraídamente un libro mientras levantaba la vista de vez en cuando hacia la biblioteca, como si esperara a alguien.
No pudo evitar sonreír.
—Con su permiso.
—Concedido.
Respondió Godric.
Mientras Francis abandonaba la biblioteca con un paso mucho más ligero, el anciano volvió a abrir su libro y murmuró para sí con una sonrisa divertida..
—Los jóvenes... siempre creen que el amor es mucho más complicado de lo que realmente es.. si supieran que solo se trata de la voluntad de amar y de ser amado.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???