Renata creyó que el peor error de su vida había sido amar a un hombre que jamás la quiso.
Durante tres años fue la esposa perfecta de Rodrigo, soportando humillaciones y sacrificios con la esperanza de que algún día él la mirara con amor. Pero la noche de su tercer aniversario descubre la verdad más cruel: su esposo la engaña con Daniela, su propia hermana, la mujer que desde niña le arrebató todo lo que alguna vez quiso.
Decidida a recuperar su dignidad, Renata pide el divorcio y jura no volver a depender de ningún hombre. Sin embargo, cuando cree haber perdido a la única familia que le quedaba, alguien inesperado comienza a sostenerla en silencio.
Adrián siempre estuvo ahí.
Quince años menor que ella. Hermano de su mejor amiga. El hombre al que jamás debería mirar.
Lo que Renata ignora es que Adrián lleva años enamorado de ella, observándola desde la distancia, esperando el día en que pudiera demostrarle que el amor no duele, no humilla y mucho menos traiciona.
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Prólogo
A los cuarenta y tres años, Renata creía que ya conocía todas las formas en que un hombre podía romperla.
Se equivocaba, pero eso lo supo después.
Durante tres años fue la esposa perfecta de Rodrigo. Se levantaba antes que el sol para dejarle el desayuno hecho, memorizó el nombre de cada socio que a él le convenía halagar, brindó en cenas donde el vino le quemaba el estómago hasta terminar una vez en un hospital con una hemorragia, y todo para un hombre que se había casado con ella obligado por su abuela y que la miraba como se mira un mueble que vino con la casa.
Ella lo amaba. Esa era la parte imperdonable, la que ni ella misma se perdonaba. Lo amaba con la terquedad de una mujer que aprendió desde niña que el cariño hay que arrancárselo a alguien a la fuerza, porque en su casa nunca se lo dieron gratis.
Su madre murió cuando Renata tenía cinco años. Su padre, Armando, no tardó ni un luto entero en llevar a Roxana a la casa, y Renata creció aprendiendo a hacerse pequeña, a no molestar, a merecer un lugar que nadie le pensaba regalar. Años después nació Daniela, la hija que Armando sí había querido tener, y con ella llegó la confirmación de lo que Renata ya sospechaba: en esa familia había hijos de primera y hijos que sobraban.
Trece años menor, Daniela se quedó desde la cuna con todo lo que a Renata le tocaba pedir de rodillas. El amor del padre, la mano suave de la madrastra, el mejor cuarto, el mejor vestido. Lo que Daniela quería, lo tenía, y lo que no podía tener, aprendió a quitárselo a Renata solo por el gusto de dejarla sin nada.
Y ahora, treinta años después, también se estaba quedando con el marido.
Renata lo descubriría una noche y ahí empezaría lo otro, lo que de verdad iba a consumirla.
Porque había un hombre.
Uno al que no debía mirar. Uno al que llevaba media vida viendo crecer sin darse cuenta de en qué momento el flaco de quince años que la perseguía por la casa se había convertido en esto: en una voz grave al otro lado del teléfono, en un abrigo puesto sobre sus hombros, en la única persona que le preguntaba si había comido.
Adrián era el hermano menor de Ximena, su mejor amiga, la única familia que Renata había elegido en la vida. Le llevaba 15 años de menos. Quince años que pesaban como una losa cada vez que a ella se le aceleraba el pulso donde no debía, cada vez que se descubría buscándolo con la mirada en una habitación llena de gente.
Estaba mal. Lo sabía. Se lo repetía como un rezo, apretando los dientes, hundiéndose las uñas en las palmas cada vez que él se acercaba demasiado.
Un hombre más joven. El hermano de su mejor amiga. La clase de deseo que, si Ximena llegara a enterarse, no le costaría una amistad sino la única familia que le quedaba.
Renata había pasado la vida entera pidiendo permiso para ser querida. Y justo cuando aprendió a soltar al hombre que nunca la amó, apareció otro al que no tenía ningún derecho a amar.
Lo que no sabía todavía —lo que ninguno de los dos sabía esa noche— era que Adrián llevaba años esperándola en silencio, guardándose cada palabra, viéndola casarse con otro sin decir nada, convencido de que en esta vida solo le tocaría cuidarla desde lejos.
Los dos se equivocaban.
Y todo empezó la noche en que Renata dejó caer su anillo de bodas dentro de una copa de vino.
🌹 ¡Mis hermosas lectoras! 🌹
Después de muchas horas escribiendo, emocionándome, riendo y hasta sufriendo con cada capítulo... por fin puedo compartir con ustedes una nueva historia. ❤️
"Divorciada y con un amor prohibido" no es solo una novela de traiciones y desamor. Es la historia de una mujer que perdió todo... pero que descubrirá que, incluso después de tocar fondo, siempre existe una oportunidad para volver a amar.
Prepárense para odiar a más de un personaje, enamorarse de quien menos imaginan y vivir un romance que desafiará las reglas, los prejuicios y la diferencia de edad.
Como siempre, les pido algo muy especial: acompañen esta aventura desde el primer capítulo. Sus comentarios, sus votos y cada mensaje que me dejan son el motor que me impulsa a seguir escribiendo.
Quiero leerlas. 💖 Cuéntenme qué personaje aman, a quién quieren estrangular y cuál fue el momento que más las hizo sufrir.
Gracias por seguir creyendo en mis historias y por convertirse, una vez más, en parte de esta familia.
¡Bienvenidas a una historia que estoy segura de que les robará el corazón! ✨📚
quedé sorprendida por toda la redacción
Mi imaginación, recreo toda la escena 👏👏👏
Felicidades autora ☺️🎆