Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Casa de Cuidados 2
Días después, la pequeña iniciativa de Lucille comenzó a tomar forma.
La casa que habían conseguido para atender a las personas mayores finalmente estaba funcionando.
No era un palacio.
Era una casa amplia y acogedora, adaptada para recibir a quienes necesitaban atención médica y no podían pagarla.
Había algunas habitaciones para quienes debían permanecer bajo observación, una pequeña sala para consultas, una cocina y un espacio donde se almacenaban medicamentos.
La gente del pueblo ya había comenzado a llamarla de una manera mucho más sencilla:
la Casa Harrington de Ayuda.
A Lucille le hacía gracia escuchar aquel nombre.
[Es bastante largo...]
Pero no se quejaba.
Lo importante era que funcionaba.
Aquella mañana, Lucille había salido nuevamente hacia el pueblo.
Iba sentada en el carruaje de la familia Harrington mientras revisaba su cuaderno.
—Necesitamos más medicamentos para la fiebre...
Pasó una página.
—Y también debemos revisar la lista de personas que necesitan tratamientos prolongados.
Su doncella la observaba en silencio.
Lucille levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—Nada, mi lady.
—Me estaba mirando.
La doncella sonrió.
—Es que parece muy concentrada.
Lucille volvió a mirar su cuaderno.
—Hay mucho que hacer.
El carruaje continuó avanzando.
Hasta que, de repente, Lucille vio algo extraño.
A unos metros del camino había un hombre.
Tenía el cabello blanco.
Era alto y vestía de una manera bastante particular.
Pero lo que realmente llamó su atención no fue su apariencia.
Fue lo que estaba haciendo.
Una de las ruedas de un carruaje estaba flotando en el aire.
Lucille abrió mucho los ojos.
[¿Qué?]
La rueda giraba lentamente frente al hombre.
Él movía una mano y la rueda respondía a sus movimientos.
[¡Es magia!]
Lucille se inclinó hacia la ventana.
—Detengan el carruaje.
El cochero tiró de las riendas.
—¡Sí, mi lady!
El carruaje se detuvo.
Lucille bajó inmediatamente.
Su doncella la siguió apresuradamente.
—¡Mi lady!
Pero Lucille ya estaba caminando hacia el hombre.
[Probablemente es uno de los magos enviados para ayudar en la Casa Harrington.]
Había enviado solicitudes al templo varios días antes.
Quizás finalmente habían respondido.
Cuando estuvo cerca, habló con educación.
—Disculpe.
El hombre detuvo el movimiento de su mano.
La rueda quedó suspendida durante un instante.
Después comenzó a descender lentamente.
El hombre giró la cabeza.
Sus ojos se encontraron con los de Lucille.
Por primera vez pareció confundido.
La observó.
No dijo nada.
Simplemente la miró.
Lucille inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Se dirige al pueblo por encargo del templo?
El hombre parpadeó.
Luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Sí.
Lucille respiró aliviada.
[¡Lo sabía!]
—Entonces...
Miró la rueda.
Después volvió a mirarlo.
—¿Es usted el mago que enviaron para ayudar en la casa de cuidados?
El hombre de cabello blanco mantuvo aquella sonrisa.
Había algo curioso en su expresión.
Como si estuviera entretenido con la situación.
—Sí.
Lucille sonrió.
—¡Qué alivio!
Se llevó una mano al pecho.
—Pensé que los magos del templo tardarían mucho más en llegar.
El hombre no respondió inmediatamente.
Continuó observándola.
Lucille comenzó a sentirse un poco incómoda.
[¿Por qué me mira tanto?]
Pero decidió ignorarlo.
—Muchas gracias por venir.
—No es nada.
Lucille hizo una pequeña reverencia.
—La Casa Harrington de Ayuda necesita especialmente a alguien con conocimientos de magia curativa.
El hombre asintió.
—Eso me dijeron.
—Entonces...
Lucille miró el carruaje.
—Si lo desea, puedo llevarlo directamente.
El hombre levantó una ceja.
—¿Ahora?
—Sí.
—¿Está segura?
—Por supuesto.
Lucille sonrió.
—Así podrá conocer el lugar y comenzar cuanto antes.
El hombre la miró unos segundos más.
Después sonrió de una manera ligeramente pícara.
—Entonces aceptaré.
Lucille asintió.
—Perfecto.
Se volvió hacia el cochero.
—Podemos llevarlo.
El hombre caminó hasta el carruaje que había detenido anteriormente.
Lucille observó cómo la rueda que había estado reparando continuaba parcialmente suspendida.
—Oh...
Entonces recordó algo.
—¿No necesita terminar de reparar esa rueda?
El hombre sonrió.
—Ya terminé.
Movió ligeramente los dedos.
La magia volvió a aparecer.
La rueda se elevó.
Giró lentamente.
Y con un movimiento suave, regresó exactamente a su lugar.
El cochero que estaba allí observando quedó sorprendido.
El hombre hizo un pequeño gesto con la mano.
—Listo.
El cochero miró la rueda.
—Eso fue...
—Magia
respondió el hombre tranquilamente.
Lucille tuvo que contener una sonrisa.
[Definitivamente es un mago.]
El hombre se acercó al carruaje de la familia Harrington.
Lucille subió primero.
Después él subió detrás.
Su doncella se sentó en otro compartimiento.
El carruaje comenzó a avanzar.
Lucille abrió su cuaderno.
—Antes de llegar, podría explicarle un poco cómo funciona la casa.
El hombre apoyó un brazo cómodamente.
—Adelante.
—Tenemos varios pacientes mayores. Algunos necesitan atención médica ocasional y otros requieren tratamientos más largos.
Él escuchaba.
—También tenemos algunos pacientes que no pueden caminar correctamente.
—Entiendo.
Lucille continuó hablando.
—Y queremos registrar cada tratamiento para poder saber qué necesita cada persona.
El hombre la observó.
—¿Usted organiza todo eso?
Lucille asintió.
—Sí.
—¿Por qué?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Ella bajó la mirada hacia su cuaderno.
¿Por qué?
Podía responder muchas cosas.
Pero no podía decirle la verdadera razón.
No podía contarle que había vivido otra vida.
Que había sufrido.
Que había muerto salvando a un niño.
Que sentía que había recibido una segunda oportunidad.
Así que simplemente sonrió.
—Porque hay personas que necesitan ayuda.
El hombre permaneció en silencio.
Lucille volvió a mirar por la ventana.
—Y si puedo ayudar, creo que debo hacerlo.
El mago de cabello blanco continuó mirándola.
Esta vez su sonrisa desapareció lentamente.
Parecía estar pensando en algo.
Pero Lucille no se dio cuenta.
Ella simplemente siguió revisando su cuaderno.
Completamente concentrada en su trabajo.