Julia Santos solo quería sobrevivir.
Huyó de la favela en Brasil cargando cicatrices que nadie podía ver. En Roma, fregaba pisos ajenos y servía mesas hasta caer rendida. Hasta que una vacante de secretaria ejecutiva la llevó ante el hombre más peligroso de Italia: Tommaso Vitalle, el joven Don de la 'Ndrangheta.
Él le ofreció un sueldo que le cambiaría la vida. A cambio, exigió lealtad absoluta.
Lo que Julia no esperaba era que aquel hombre de ojos verdes y temperamento volcánico escondiera una oscuridad tan profunda como la suya. Ni que un bebé abandonado en el asiento trasero de un auto los uniría con un lazo imposible de romper.
Pero en el mundo de la mafia, los secretos tienen precio. Traiciones familiares, identidades robadas y verdades enterradas durante décadas comienzan a salir a la superficie, arrastrando a Julia hacia un abismo donde el amor y la violencia comparten la misma cama.
Porque Julia Santos no es solo una secretaria. Es una madre dispuesta a quemar el mundo entero para proteger a los suyos.
Entre tres familias poderosas, un pasado que se niega a morir y un hombre que no sabe amar sin destruir, Julia descubrirá que la sangre une tanto como condena… y que algunas sombras solo se enfrentan con fuego.
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El precio del éxito y el veneno de la envidia
Como Tommaso ya estaba debidamente medicado, sin fiebre y con su reserva de drama temporalmente agotada, Julia decidió que era hora de volver a su realidad. Al final de la tarde del domingo, se despidió cálidamente de Rita y Mota, ignoró la mirada de perro abandonado que Tommaso le lanzó desde la cama, y tomó un taxi de regreso a su humilde departamento en la periferia de Roma.
En cuanto abrió la puerta de su casa, el golpe de realidad la sacudió. El olor a humedad seguía ahí, pero la sala no estaba vacía. Laura estaba sentada en el sofá desvencijado, acompañada por Alessia, una de las recepcionistas de la Constructora Vitalle.
Las dos conversaban animadamente, pero se detuvieron en seco en cuanto Julia cruzó la puerta. El silencio que se instaló fue denso, cargado de un escrutinio minucioso.
Laura abrió los ojos de par en par, congelando la mirada en Julia. No parecía la misma chica que había salido de ahí el viernes por la noche. Julia vestía un conjunto deportivo de alta costura, hecho de un algodón tan suave que parecía una nube, y calzaba tenis de marca que costaban el equivalente a tres meses de renta de aquel departamento. Además, cargaba una bolsa de papel grueso, rebosante de ropa cara.
—¿De dónde sacaste esa ropa, Julia? —preguntó Laura, con la voz quebrándosele por un segundo antes de intentar adoptar un tono casual—. ¿Y dónde estabas? ¡Desapareciste desde el viernes por la noche, no diste señales de vida!
Julia dejó la bolsa sobre la mesa, suspirando de cansancio, pero con una sonrisa leve.
—Me la compró la señora Rita.
Alessia, la amiga de Laura, frunció el ceño, curiosa. —¿Y quién es esa tal señora Rita?
—Es la mamá de Tommaso —respondió Julia con naturalidad, mientras se quitaba los tenis caros para descansar los pies.
Alessia soltó un suspiro de asombro, intercambiando una mirada rápida con Laura. —Espera... ¿Tú llamas al CEO, al doctor Vitalle, por su nombre de pila? ¿Así, de igual a igual?
—Ah... Sí —Julia se encogió de hombros, sin darle importancia. Para ella, después de pasarse el domingo mandándole al hombre que se tragara las medicinas y aguantándole los arranques de furia, llamarlo "señor Vitalle" en la intimidad habría sonado a chiste.
Laura sintió que el estómago le ardía de puro odio, pero respiró hondo, moldeando en su rostro aquella expresión dulce e inocente que usaba para destilar veneno. Se inclinó hacia adelante, con los ojos brillándole de falsa picardía.
—Ay, Ju, amiga... Entonces, ¿estuviste con él todo este tiempo? O sea... ¿dormiste con él? —la pregunta flotó en el aire, cargada de segundas intenciones.
Julia, demasiado inocente y exhausta para percibir la trampa, respondió con naturalidad:
—Sí, estuve en su casa. Y sí, dormí en la misma habitación que él, ¡pero tranquila! Dormí en el sofá. Tommaso se puso muy enfermo, así que me pasé el fin de semana cuidándolo, dándole las medicinas y, bueno... aprovechamos el tiempo que estaba despierto para revisar algunas cosas y los informes de la nueva obra de la constructora.
Laura soltó una risita nasal, cruzándose de brazos. No creyó ni una sola palabra de aquella historia de "cuidar a un enfermo". En su cabeza, Julia había usado el cuerpo para conseguir lo que quería.
—Entiendo... Informes —ironizó Laura de forma sutil, manteniendo el tono suave—. Bueno, debes estar ganando un lindo bono por ese "trabajo extra" de fin de semana, ¿no?
—La verdad no lo sé, Laura. El bono recién llega a fin de mes, creo que me lo van a pagar como horas extra —respondió Julia, bostezando—. Con permiso, chicas, pero mi día fue largo. Me voy a mi cuarto a descansar.
Julia tomó sus bolsas y caminó hasta la pequeña habitación, cerrando la puerta tras de sí con un suspiro de alivio.
En cuanto la puerta se cerró con llave, la máscara de Laura se derrumbó por completo. Su rostro se transformó en una mueca de pura envidia y desprecio. Se volvió hacia Alessia, con la voz saliéndole sibilante, cargada de rencor.
—No tienes idea, Alessia. Este mes, contando el sueldo y los bonos, ella recibió casi quince mil euros —susurró Laura, con las uñas clavadas en el cojín del sofá—. ¡Una chica que ayer estaba fregando los pisos de otros!
Alessia se cubrió la boca con la mano, los ojos desorbitados de asombro. —Dios mío... ¿Quince mil euros? Imagínate lo que esos dos no estarán haciendo a puertas cerradas en esa dirección para que él le pague todo eso...
—Seguro se está acostando con él —Laura escupió las palabras, el odio desbordándole por los ojos—. Esa santurrona no me engaña. Se disfrazó de enfermera y fue a darle el golpe al jefe. Pero esto no se va a quedar así.
Lo que ninguna de las dos imaginaba, y que solo Julia sabía, era que el hombre con quien Julia estaba conviviendo no era solamente un CEO rico y generoso. Era el Don de la 'Ndrangheta. Y meterse con lo que le pertenecía a Tommaso Vitalle era el error más peligroso que Laura podría cometer en su vida.