Ella llegó con una misión, destruirlo, el solo quiere deshacerse de ella lo más pronto posible, ¿como es que ninguno está siguiendo el plan?
Amor, venganza, secretos y mucha acción, envuelven la vida de Enzo Alame y Ariadna Moretti
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Capitulo 21
Las palabras de Orlando habían bastado para que Ariadna perdiera todo rastro de compostura, una mezcla de rabia, impotencia e indignación se habían apoderado de ella, fue por eso que sin decir ni una palabra más, giro sobre sus talones dirigiéndose nuevamente hacia el ascensor para subir al último piso.
Para ese punto ella ya no estaba razonando y ya que no era su primera vez allí, paso de largo incluso de Mabel quien intento hablarle en cuanto la vio, sin embargo, Ariadna ya no veía nada que no fuera la puerta de la oficina de Enzo.
Mientras subía, su mente se había hecho una clara idea de la situación, imaginado que Enzo seguramente había planeado todo solo con el fin de descalificarla, lo que hacía que su ira aumentara un poco más como si eso fuera posible.
Fue tal la ira acumulada que, al llegar a la puerta, ella la abrió de golpe y su grito se escuchó por todo el piso.
- Enzo Alame, eres un desgraciado. – Grito con todo su corazón al mismo tiempo que tiraba la propuesta sobre el escritorio del hombre que más odiaba en ese momento.
Propuesta que tanto trabajo y sacrificio le había tomado, como para que aquel hombre se burlara de ella y de su trabajo pensaba totalmente fuera de sus cabales.
Pero tan rápido como Ariadna había actuado fue también como toda la ira que la había llevado hasta allí se había evaporado de golpe, al darse cuenta de donde estaba y ser consciente por primea vez desde que había tomado la decisión de subir hasta la oficina presidencial de lo que estaba haciendo y es que justo en ese momento no era solo un par sino dos pares de ojos los que la observaban, y lo peor es que eran unos ojos casi idénticos.
Tanto la entrada como el grito habían sido tan abruptos que Enzo solo atino a desviar la mirada con absoluta sorpresa hacia la mujer o más bien la fiera que acaba de ingresar a su oficina, sin saber exactamente como debía reaccionar.
Pero eso no era tan importante para Ariadna en ese momento, ya que toda su atención se había desviado hacia el segundo par de ojos que la observan con tal atención que su cuerpo se tensiono de inmediato.
Lo que no era para menos pues el hombre que estaba sentado frente a Enzo y que ahora mismo la observaba con una expresión tan seria que podría congelar el lugar, era realmente intimidante.
La escena se congelo, para Ariadna quien ya no movían de su lugar, es más probablemente había dejado de respirar, pues su sentido común que hacía unos minutos se había tomado un descanso, ahora trabajaba a toda velocidad determinando que el hombre que estaba allí, era justamente el jurado al que ella ese día debía impresionar, claro de la mejor manera, no de la forma en que acababa de hacerlo
Inmediatamente la absoluta vergüenza se había apoderado de ella dejando de lado la gran molestia que sentía, pues sin importar que, ella debía ser profesional y justo ahora parecía todo menos profesional.
¿Qué pensaría el jurado de ella? se cuestionaba sin poder emitir ni una palabra más y es que en medio de su trágica situación, no podía pasar desapercibido, lo atractivo del hombre que, aunque se notaba un tanto mayor, era extremadamente imponente, con ese aire de poder que solo hombres que llevan años manejando imperios puedes reunir, no había necesidad de que dijera una sola palabra para imponer autoridad, su sola presencia y su mirada habían hecho que todo el cuerpo de Ariadna entrara en tensión, pero lo que más llamaba su atención era ese aire de familiaridad que rodeaba al hombre, sus ojos muy parecidos a…
Justo cuando su mente había hecho la conjetura se escuchó la voz de Enzo en el salón.
- Papá, lo siento mucho. – Dijo Enzo apenas recuperándose de la impresión de volver a tener a esa insensata mujer entrando a su oficina sin tener la más mínima atención de tocar y aparte gritando insultos a diestra y siniestra, lo peor frente al hombre que más respetaba en el mundo.
Su padre, Dante Alame
Quien solo observaba tranquilamente la situación, con su característica expresión seria, sin mostrar emoción alguna, esa que nunca dejaba ver que estaba pensando en verdad.
Pero era el corazón de Ariadna el que se había detenido, ¿papá?, se cuestionaba y ahora si quería morirse ahí mismo o mínimo que la tierra se abriera y se la comiera para no estar más allí.
¿Quién no sabía, quien era Danta Alame?, respetado magnate del país, uno de los hombres más poderosos del medio empresarial, alguien a quien jamás se debe ofender.
- Parece que tienes algunos inconvenientes. – Fue lo único que comento Dante levantando una ceja, dirigiendo ahora la atención a su hijo, a quien jamás había visto tan alterado, pues, aunque este intentaba con todas sus fuerzas ocultarlo los ojos de Enzo irradiaban odio puro y todo hacia la osada mujer que ahora estaba totalmente congelada en medio de la oficina sin saber bien a donde mirar o quizás decidiendo si debería salir corriendo o quedarse a enfrentar el mayor desastre de su vida.