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Contrato secreto con mi jefe posesivo

Contrato secreto con mi jefe posesivo

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Graciela Navarro llegó a Italia con dos maletas y una sola oportunidad de cambiar su vida. De día, lucha por convertir sus prácticas en una prestigiosa escudería de Fórmula 1 en el trabajo de sus sueños. De noche, entrega el control a C, un desconocido detrás de la pantalla que conoce sus límites, calma sus miedos y despierta deseos que nunca se atrevió a nombrar.
Román Cattaneo, el nuevo director del equipo, es frío, exigente e imposible de complacer. Grace debería mantener la distancia. El problema es que su voz, sus órdenes y la seguridad que le inspira se parecen demasiado a las de C.
Cuando la identidad detrás de aquella inicial salga a la luz, Grace tendrá que decidir si puede amar al hombre real con la misma intensidad con la que aprendió a confiar en su secreto. Entre circuitos, escándalos familiares y una pasión capaz de cruzar todas sus fronteras, ambos descubrirán que llegar a la meta no sirve de nada si no tienen el valor de hacerlo juntos.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19

«Estoy lista»

Las cortinas de terciopelo rojo creaban con facilidad una atmósfera íntima.

No permitían que la luz del exterior entrara por ningún ángulo.

Cuando Grace cerró con suavidad la puerta de la recámara, sintió que había penetrado en un espacio secreto donde nadie podría encontrarla.

Todo estaba limpio y perfectamente ordenado.

A la izquierda se extendía el enorme ventanal oculto por las cortinas. Cerca de él había una cama amplia que parecía extraordinariamente suave.

Al volver la mirada hacia la derecha encontró un conjunto de sofás color marfil. Todos los bordes eran redondeados y de diseño elegante.

En el extremo derecho había otra puerta.

Grace se acercó y la abrió.

El baño era igual de espacioso. Una bañera blanca de líneas fluidas ocupaba el centro y quedaba rodeada de suficiente espacio para que nada pareciera estrecho.

La luz entraba por un panel de vidrio transparente y hacía brillar la superficie blanca.

Grace decidió que ya no existía ninguna razón para sentirse insegura.

C lo había preparado todo.

Sobre uno de los sofás había una caja colocada en un lugar muy visible.

La abrió.

Dentro encontró una venda de seda roja, suave al tacto.

El silencio de la recámara terminó contagiándola.

Grace solo podía respirar en sorbos pequeños.

Se sentó en el sofá y sacó el teléfono del bolso.

Abrió la conversación.

C no había enviado ningún mensaje nuevo.

Parecía esperar con paciencia.

Grace se probó la venda.

La seda fresca cubrió sus ojos sin ejercer una presión incómoda. Por el contrario, produjo una sensación tranquilizadora.

Permaneció algunos segundos dentro de la oscuridad.

Después levantó un poco la tela y tomó el teléfono.

Antes de escribir, recorrió una última vez la habitación con la mirada.

Respiró hondo.

Grace: Estoy lista.

Dejó el teléfono dentro del bolso y empujó este hacia un extremo del sofá.

Luego bajó otra vez la venda y comprobó que no podía ver nada.

Perder la vista era como renunciar al ochenta por ciento de la información que recibía del mundo.

Hundida en la oscuridad, Grace experimentó una sensación conocida.

Era como regresar al principio, cuando hablaba frente a la pantalla negra del teléfono.

Él permanecía escondido y la única luz estaba dirigida hacia ella.

Ahora aquella impresión había vuelto.

Pero Grace ya no se encontraba en el territorio familiar de su habitación.

Había entrado en el espacio de C.

Él había cuidado cada detalle para ayudarla a relajarse. Aun así, en cuanto la venda descendió, el corazón empezó a golpearle con una fuerza imposible de controlar.

Dentro de la oscuridad, los latidos resultaban ensordecedores.

Grace se obligó a prolongar cada respiración.

Poco a poco recuperó un ritmo más estable.

No te pongas nerviosa, se repitió.

No te pongas nerviosa.

Un segundo después escuchó, más allá de la puerta, el sonido casi imperceptible de la entrada principal al abrirse.

Luego llegó el clic suave de la cerradura.

Las manos de Grace se aferraron a la tela del sofá.

Un zumbido agudo invadió sus oídos.

Toda su atención quedó atrapada por los sonidos.

Unas llaves depositadas sobre una superficie.

Zapatos firmes golpeando el suelo.

Pantuflas de tela rozando la alfombra.

Pasos cada vez más cercanos.

Finalmente, la puerta de la recámara se abrió.

Grace quizá creyera que estaba suficientemente tranquila para ocultar los nervios y la incertidumbre.

Sin embargo, dentro de la habitación tenue, C encontró a su Grace sentada con el cuerpo rígido.

Los dedos apretaban el sofá en silencio. Los muslos estaban tensos y los pies apenas apoyaban las puntas sobre la alfombra, temblando de una forma casi imperceptible.

C se detuvo en el umbral.

Grace interpretó aquel silencio prolongado como una mirada intensa.

Una mirada que descendía sobre ella sin encontrar ningún obstáculo.

Se sintió como un animal pequeño encerrado en una jaula mientras su enorme dueño permanecía afuera, capaz de observar cada detalle.

La venda se había convertido en una barrera que le impedía reaccionar con normalidad.

No conocía la expresión de C.

No sabía cómo la miraba, qué parte de ella observaba ni dónde se detenían sus ojos.

Había perdido todas las herramientas con que acostumbraba responder al mundo.

Solo podía esperar.

La impotencia la volvió todavía más vulnerable.

Los pensamientos casi se paralizaron cuando escuchó a C caminar hacia ella.

Los hombros de Grace empezaron a temblar.

Aun así, mantuvo las manos clavadas en el sofá e intentó conservar la calma.

Pronto percibió una presencia frente a ella.

No podía verlo.

Él ni siquiera la había tocado.

Sin embargo, una fuerza difícil de explicar envolvió por completo el cuerpo de Grace.

Una mano tomó con suavidad la suya.

El contacto inesperado la hizo estremecerse.

Después, de manera voluntaria, Grace cerró los dedos alrededor de aquella mano.

Era cálida y fuerte.

Dentro de la oscuridad, el tacto se había vuelto extraordinariamente preciso.

La palma de C era amplia. Sus dedos largos podían cubrir por completo los de ella.

La sujetaba con una delicadeza cuidadosa, como si intentara calmarla.

Empezó a tirar suavemente para ayudarla a levantarse.

Grace trató de seguirlo.

En ese instante, las piernas perdieron la fuerza.

Su cuerpo descendió y estuvo a punto de caer de rodillas.

La mano derecha de C se alzó con rapidez.

Y la recibió entre sus brazos.

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