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La Rosa Sin Espinas

La Rosa Sin Espinas

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Edad media / Época / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: María Esperanza Mendoza

Catalina sufre el abandono y rechazo de su padre desde muy temprana edad al morir su madre. Es entregada a su tía la condesa viuda dónde crece entre los niños de muchos matrimonios experimentando el amor y la pasión de los hombres que la rodean hasta llegar al mismísimo rey de Inglaterra.

NovelToon tiene autorización de María Esperanza Mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las Sombras del Poder

Los rumores crecían más deprisa que las flores en los jardines del palacio.

Bastó una mirada del rey para que mi nombre comenzara a recorrer cada corredor, cada escalera y cada salón. Ya no era simplemente una dama de compañía. Me había convertido en el tema de conversaciones que se detenían apenas cruzaba una puerta.

Aprendí que, en la corte, el silencio podía ser más peligroso que una acusación.

Una mañana, mientras bordábamos junto a las ventanas, noté que dos damas me observaban. Sonreían con cortesía cuando nuestras miradas se cruzaban, pero sus voces descendían hasta convertirse en un murmullo apenas me daba la vuelta.

—Los Howard siempre saben aprovechar una oportunidad.

—Quizá esta vez pretendan recuperar el favor del rey.

No respondí.

Continué cosiendo, aunque cada puntada parecía atravesar mi propia tranquilidad.

Aquella tarde, mi tío, el duque de Norfolk, pidió hablar conmigo.

Su despacho olía a pergamino y cera derretida. Permanecía de pie frente a una ventana, observando los jardines.

—Catalina —dijo sin volverse—, debes comprender dónde estás.

Esperé en silencio.

—La corte no se mueve por afecto, sino por intereses. Cada gesto que haces será interpretado. Cada palabra llegará a oídos de alguien.

Asentí lentamente.

—No olvides nunca que llevas el apellido Howard.

Aquellas palabras pesaron más que cualquier joya que pudiera llevar sobre el cuello.

Cuando abandoné la estancia, comprendí que ya no representaba únicamente mis propios actos. Otros comenzaban a ver en mí una pieza dentro de un juego mucho más grande.

Los consejeros del rey discutían asuntos de religión, alianzas y poder. Las familias nobles competían por conservar su influencia, y cada decisión del monarca alteraba el delicado equilibrio entre ellas.

Yo apenas entendía aquel mundo.

Sin embargo, empezaba a sentir sus consecuencias.

En los banquetes me invitaban a ocupar lugares más visibles.

Algunas damas buscaban mi amistad con un entusiasmo repentino.

Otras evitaban sentarse cerca de mí.

Incluso los criados parecían observarme con curiosidad.

Era como si todos esperaran que ocurriera algo.

Y ese presentimiento comenzaba a inquietarme.

Una noche, mientras regresaba a mis aposentos, escuché voces al otro lado de una puerta entreabierta.

—El rey parece complacido con la joven Howard.

—Eso cambiará muchas cosas.

—O las destruirá.

Me alejé antes de escuchar más.

No quería convertirme en una espía accidental.

Pero las palabras quedaron grabadas en mi memoria.

Los días siguientes fueron una sucesión de pequeños gestos cargados de significado.

Un saludo del rey.

Una conversación breve durante un paseo.

Una sonrisa cortés en presencia de toda la corte.

Nada de aquello era extraordinario por sí mismo.

Sin embargo, bastaba para alimentar nuevas especulaciones.

Comprendí que las intrigas no nacían únicamente de los grandes acontecimientos.

También crecían a partir de las apariencias.

Y las apariencias eran el verdadero idioma del palacio.

Por las noches, cuando el bullicio desaparecía y solo quedaba el crepitar de las chimeneas, recordaba la vida sencilla que había dejado atrás.

Allí los peligros tenían rostro.

Aquí, en cambio, sonreían antes de atacar.

Comencé a desconfiar de los cumplidos demasiado amables y de las promesas pronunciadas en voz baja.

La corte era un laberinto de sedas, títulos y ceremonias, pero sus muros estaban construidos con ambición.

Sin saberlo, había entrado en el centro de una partida donde otros movían las piezas.

Y mientras las velas se consumían lentamente en los grandes salones del palacio, una certeza empezó a abrirse paso en mi corazón.

No era el afecto del rey lo que más debía temer.

Era a quienes estaban dispuestos a utilizar ese afecto para alcanzar el poder.

Porque en la corte de Enrique VIII, las sonrisas podían esconder alianzas, y una joven inocente podía convertirse, sin proponérselo, en el premio más codiciado de un juego del que muy pocos salían victoriosos.

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Arisleidy Alvarez Santana
aparentemente parece buena vamos a ver 🤭
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