Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad
La noche estaba especialmente fría cuando ella salio del cine con los brazos cruzados y una expresión que dejaba claro mi descontento.
—¡No puede ser! —murmuró para mí misma mientras descendía las escaleras del edificio.
Varias personas salían sonriendo, comentando lo maravillosa que había sido la película. Algunos incluso hablaban emocionados sobre el romance, los efectos especiales y el final.
Ella solo podía apretar los dientes.
[¿De verdad leyeron el mismo libro que yo?]
Ella saco de su bolso la novela, ya algo gastada por tantas relecturas, y la levantó frente al cartel luminoso de la película.
—Esto... esto no tiene nada que ver con esto.
Una pareja que pasaba me observó con curiosidad antes de seguir caminando.
Suspiró con fuerza.
[Respira...]
[Por lo menos no destruyeron el nombre de los protagonistas.]
Hizo memoria.
Habían eliminado escenas enteras.
Cambios en las personalidades.
El villano había terminado siendo una víctima.
El protagonista, que en el libro era inteligente y paciente, en la película parecía incapaz de pensar durante más de cinco segundos.
Y el final...
Cerró los ojos.
[No.]
[No voy a pensar en el final.]
Comenzó a caminar rumbo a su casa mientras las luces de la ciudad iluminaban las calles húmedas por la lluvia de la tarde.
Cada paso iba acompañado de una nueva queja.
—¿Tan difícil era seguir el libro?
Un grupo de adolescentes pasó rióndose.
Uno comentó..
—A mí me encantó.
Sintió una punzada en el corazón.
[Porque no leíste el libro...]
Siguió caminando.
No era la primera vez que le ocurría.
Cada adaptación prometía ser "fiel al material original".
Y cada vez terminaba saliendo igual de decepcionada.
[¿Por quó siempre cambian todo?]
[¿Quó tiene de malo seguir la historia tal como fue escrita?]
Miró el cielo oscuro.
Las nubes ocultaban por completo las estrellas.
[Me preguntó cuántas historias maravillosas jamás serían adaptadas correctamente.]
Sonreí con cierta nostalgia.
[Ojalá algún día pudiera ver una historia donde el libro y la película fueran exactamente iguales.]
[O mejor aún...]
[Ojalá pudiera vivir una historia que respetara cada detalle del libro.]
La idea me hizo reír sola.
—Qué tontería.
Continuó su camino imaginando escenas imposibles.
Castillos.
Magia.
Caballeros.
Heroínas.
Grandes bibliotecas.
Bosques encantados.
Su imaginación siempre terminaba llevándola muy lejos.
Era una costumbre desde niña.
Podía perderse durante horas inventando mundos enteros.
A veces incluso hablaba sola representando diálogos.
Y, por supuesto, terminaba chocando con postes por ir distraída.
Aquella noche no fue la excepción.
Mientras imaginaba cómo habría reescrito el final de la película, casi tropezó con una jardinera.
—¡Uy!
Recuperó el equilibrio de milagro.
Un anciano que pasaba sonrió.
—Hay que mirar al frente, jovencita.
—Lo intento...
[Lo prometo.]
Él siguió caminando mientras ella se reía avergonzada.
Segundos despues sintio una molestia en el costado derecho del abdomen.
Se llevó una mano al lugar.
—¿Eh?
Era un dolor leve.
Una presión incómoda.
[Qué raro.]
Caminó unos metros más.
La molestia seguía allí.
[Será porque comí demasiado en el cine.]
Asintió convencida de mi brillante diagnóstico.
—Sí... seguro fue eso.
Despues de todo, había comprado el balde más grande del cine.
Y tambien unos nachos.
Y un vaso gigante de bebida.
[Y un chocolate...]
[Hice una combinación peligrosa.]
Cuando llegó a su departamento se cambió de ropa, se preparó una taza de té y se acomodó en la cama con el libro entre las manos.
Leyó apenas unas páginas antes de bostezar.
El dolor seguía allí.
Pero no era insoportable.
—Mañana estaré bien.
Apagó la lámpara.
La habitación quedó completamente a oscuras.
Mientras el sueño comenzaba a vencerla, una última idea cruzó por su mente.
[Ojalá existiera una historia que respetara completamente su libro.]
[Ojalá nadie cambiara a los personajes.]
[Ojalá todo ocurriera exactamente como fue escrito.]
Sonrió
Y se quedó dormida.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
Lo primero que sintió fue un dolor insoportable.
Abríó los ojos de golpe.
—¡Ah...!
El costado derecho parecía estar ardiendo.
Cada respiración era una tortura.
Se dobló sobre la cama sujetándose el abdomen.
—¿Qué... qué es esto?
Las lágrimas comenzaron a salir solas.
El dolor aumentaba por segundos.
Busco su telefono con manos temblorosas.
Marcando el número de emergencias casi por instinto.
—Por favor... necesito una ambulancia...
Intentó explicar mi dirección entre jadeos.
La voz del operador sonaba tranquila.
Le pidió que permaneciera acostada.
Que respirara despacio.
Que la ayuda ya iba en camino.
Pero cada minuto parecía eterno.
[¿Por qué tarda tanto?]
Cuando por fin escuchó la sirena, sintió un pequeño alivio.
[Me voy a poner bien.]
[Todo estará bien.]
Los paramedicos actuaron con rapidez.
La subieron a la camilla.
Colocaron una vía intravenosa.
Controlaron su signos vitales mientras la ambulancia avanzaba a toda velocidad.
Ella apenas podía mantener los ojos abiertos.
El dolor seguía creciendo.
Escuchaba voces.
Indicaciones.
El sonido constante del monitor.
De pronto...
Las sirenas dejaron de avanzar.
Abrío los ojos con dificultad.
La ambulancia estaba completamente detenida.
Uno de los paramedicos maldijo por lo bajo.
—Hay un accidente múltiple adelante.
Otro respondió..
—No podemos pasar.
Miró la puerta trasera.
Todo estaba inmóvil.
Solo se escuchaban más sirenas acercándose.
Vehículos.
Gritos.
Luces rojas y azules reflejándose por las ventanas.
[Intenten pasar...]
[Por favor...]
Quise decirlo.
Pero apenas salió un susurro.
Los minutos comenzaron a sentirse eternos.
Cinco.
Diez.
Quince.
El dolor era cada vez más intenso.
Su respiración se volvía más pesada.
Escuchaba a los paramedicos hablar por radio.
Pedían prioridad.
Pedían abrir paso.
Pero la carretera estaba completamente bloqueada.
Cada segundo era una batalla.
[Yo solo...]
[Quiero llegar...]
Finalmente la ambulancia volvió a moverse.
Pero ya era tarde.
Cuando entró al hospital apenas podía escuchar.
Las luces del techo pasaban una tras otra mientras corrían conmigo por los pasillos.
Medicos.
Enfermeras.
Órdenes apresuradas.
Todo sonaba lejano.
Muy lejano.
Sintio varias manos trabajando sobre ella
Despues...
Silencio.
Un silencio extraño.
Abrío lentamente los ojos.
La habitación estaba tranquila.
Demasiado tranquila.
No sentía dolor.
No sentía frío.
No sentía absolutamente nada.
Miró hacia un lado.
Y entonces lo vio.
Sobre la cama del hospital descansaba mi propio cuerpo, inmóvil, rodeado de medicos que ya habían dejado de correr.
Algunos bajaban la cabeza.
Otros simplemente guardaban silencio.
Los comprendío antes de que alguien dijera una sola palabra.
[Ya está...]
[¿Morí?]
Observó la escena sin lágrimas.
Sin miedo.
Solo con una inmensa tristeza.
No había nadie junto a mi cama.
Ninguna mano sosteniendo la de ella.
Ninguna voz la llamaba
Se había ido exactamente igual como había vivido los últimos años.
Sola.
Sonrio con melancolía.
[No estuvo tan mal.]
[Leí muchos buenos libros.]
[Reí mucho.]
[Soñe demasiado.]
Levantó la vista hacia el techo blanco del hospital.
Y, por alguna razón, su último pensamiento no fue sobre el dolor.
Ni sobre la muerte.
Ni sobre las cosas que nunca hizo.
Fue algo mucho más simple.
[Ojalá exista otra historia.]
[Una donde los personajes permanezcan fieles a quienes son.]
[Una donde nadie cambie el rumbo solo porque sí.]
[Una historia donde el libro... y la vida... sean exactamente iguales.]
La oscuridad volvió a envolverlo todo.
Y esta vez, no hubo despertar.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???