Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XV Horas previas a la cirugía
La junta médica concluyó con la firma de las autorizaciones legales por parte de Valeria, quien por primera vez estamparía su firma no como una víctima chantajeada, sino como la tutora legal y protectora absoluta de su hermano.
Al salir de la sala, Ignacio se acercó a la pareja mientras caminaban hacia la salida.
—Valeria —la llamó el doctor con tono sereno—. La cirugía quedó programada para el martes a primera hora. Mañana iniciaremos los protocolos de preparación y transfusión.
—Gracias por todo, Ignacio. De verdad… sin tu ayuda para frenar a Esperanza antes de que llegara Dante, no sé qué habría pasado —dijo ella sinceramente.
—Solo cumplí con mi deber como médico y como alguien a quien le importas —respondió Ignacio, mirando de reojo a Dante antes de extenderle la mano al magnate—. Señor Salazar, debo reconocer que movió piezas que habrían tardado meses en los tribunales. Gracias por salvar la vida de Alejandro.
Dante estrechó la mano del médico con un apretón firme y respetuoso, reconociendo la valía del hombre.
—Hice lo que cualquier hombre haría por la familia de su esposa —contestó Dante con serenidad.
De regreso en la camioneta, el silencio entre Valeria y Dante ya no era tenso ni agresivo. Era un silencio cargado de emociones no dichas. Valeria miró por la ventanilla el paisaje urbano, sintiendo por primera vez en años que la pesadilla empezaba a disiparse.
Se giró hacia Dante, observando la línea recta de su mandíbula y el perfil firme del hombre que, en cuestión de días, había pasado de ser un despiadado magnate a su más inquebrantable escudo.
—Dante… —dijo suavemente.
Él la miró, relajando la expresión.
—¿Sí?
—El contrato… el dinero que me diste… ya no es para la cirugía. Tú te hiciste cargo de todo. Mañana mismo hablaré con tus abogados para cancelar la transferencia de mi cuenta si así lo deseas.
Dante entornó los ojos y dejó escapar un suspiro hondo. Se inclinó hacia ella, tomando su mano pequeña entre las suyas con firmeza.
—Ese dinero es tuyo, Valeria. Es el pago acordado por el contrato y por soportar mi ceguera estos días —dijo con voz profunda y sincera—. No me debes ni un solo centavo. Lo único que quiero de ti a partir de hoy… es que me dejes estar a tu lado cuando metan a tu hermano a ese quirófano.
Valeria sintió un calor intenso en el pecho. Las barreras de hielo de Dante Salazar se estaban desmoronando, y en su lugar, nacía una alianza que ninguno de los dos estaba listo para admitir, pero que ambos necesitaban desesperadamente.
La noche previa a la cirugía de Alejandro cayó sobre la ciudad como un manto pesado y silencioso. En la clínica, los médicos habían iniciado el protocolo de preparación para la intervención de la mañana siguiente. Aunque Valeria quería quedarse a dormir en el sillón de la habitación de su hermano, la insistencia de los doctores y la firme contención de Dante la convencieron de regresar al penthouse para descansar y evitar que el dolor de sus propias lesiones abdominales empeorara.
El apartamento de Dante, que antes se sentía como una prisión fria de pronto se percibía diferente. Las luces tenuemente encendidas y la quietud del lugar creaban una atmósfera íntima donde los títulos de "esposos por contrato" comenzaban a borrarse.
Valeria estaba de pie frente al gran ventanal de la sala, observando las luces lejanas de la ciudad. Llevaba puesta una camisa holgada que le había prestado Dante y un pantalón cómodo. Sus brazos rodeaban su cintura instintivamente, no solo por la incomodidad física de sus moretones, sino por la ansiedad voraz que le devoraba el estómago.
Dante apareció en la sala caminando en silencio. Se había quitado el saco y la corbata, dejando la camisa blanca ligeramente desabrochada en el cuello. En las manos llevaba dos tazas de té caliente.
—El médico dijo que debías tomar líquidos calientes antes de intentar dormir —dijo él, rompiendo el silencio con una voz grave pero serena.
Valeria se giró lentamente y aceptó la taza, rozando los dedos de Dante en el proceso. Un pequeño chispazo de electricidad recorrió la piel de ambos, pero ninguno se alejó.
—Gracias… por el té y por todo lo demás —susurró ella, dando un pequeño sorbo—. No puedo dejar de pensar en mañana, Dante. Tengo tanto miedo. Alejandro es tan joven… si algo sale mal en esa mesa de operaciones, no sé cómo voy a seguir adelante.
Dante la observó fijamente. Ver la vulnerabilidad en los ojos claros de Valeria le producía una punzada profunda en el pecho, un instinto de protección que jamás había experimentado con nadie más. Dio un paso hacia ella, acortando la distancia hasta que solo un par de centímetros los separaban.
—Nada va a salir mal —afirmó Dante con una convicción absoluta que buscaba transmitirle fuerza—. Traje a los mejores cirujanos del país y la tecnología más avanzada. Alejandro ha luchado durante cinco años contra la crueldad de tu madrastra y contra esa enfermedad; es un guerrero, igual que tú. No se va a rendir mañana.
Valeria alzó la mirada hacia él. Las lágrimas que había estado aguantando todo el día finalmente se desbordaron, deslizándose por sus mejillas.
—A veces siento que he estado sola luchando en una tormenta durante tanto tiempo, que se me olvidó lo que se siente tener a alguien que te apoye —confesó ella con la voz quebrada.
Dante dejó su taza sobre la mesa auxiliar y, con una lentitud calculada para no asustarla, levantó ambas manos para acunar el rostro de Valeria. Con sus pulgares secó con extrema delicadeza las lágrimas de sus pómulos.
—Ya no estás sola, Valeria —dijo él, mirándola fijamente a los ojos—. Sé que empezamos esto de la peor manera posible. Sé que fui un idiota arrogante que te juzgó sin conocerte y te pido perdón por eso. Pero te prometo que, a partir de hoy, no vas a volver a pelear sola jamás.
El corazón de Valeria dio un vuelco violento dentro de su pecho. La cercanía de Dante, su calor corporal y el aroma a madera y ámbar que lo caracterizaba la envolvieron por completo. Por primera vez en medio del caos, no sintió miedo.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍