Connie Callahan, había guardado su virtud como tesoro para cuando llegara el día de entregársela como muestra de amor a Erick Bennett su novio, lo amaba se entregaría a él en el día de su cumpleaños, lo haría como un regalo. Pero lo que jamás esperaba fuera que lo encontraría con su hermana en pleno acto sexual. Su hermana lo había vuelto hacer todo lo que ella poseía su hermana lo quería para ella. Y lo peor que sus padres la apoyaban en todo y ella terminaba siendo castigada por lo que Brenda su hermana hacía.
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Explosión provocada
— ¿Cuántos empleados trabajan aquí? - cuestionó Connie a Kellen cuando le daba un recorrido por la estructura de la fortaleza que había mandado construir.
— Me habían informado que eran cerca de cincuenta, no tengo la menor idea. - le contestó guiándola de la mano.
— Es impresionante como va quedando. - afirmó Conny.
— ¿Sabes cuál es el uso que le daré? - calculó respuesta, ladeando la cabeza.
Connie no se había atrevido a decir ni preguntar nada pero tenía una idea, era dueño de muchas empresas, propiedades, y llevaba muchos guardaespaldas a donde quiera que iba.
No le iba a cuestionar nada.
Kellen le explicó algunas cosas.
— No tienes que hacerlo Kellen. - argumentó, yo solamente confío en tu palabra que es suficiente para mí.
Kellen expresó una sonrisa rosando sus labios con los propios.
— Vámonos es hora del almuerzo. - la llevó al espacio donde había dejado su auto.
La ayudó a sentarse poniéndole el cinturón de seguridad el mismo haciendo lo mismo cuando se sentó al volante. Pero se detuvo al escuchar un leve sonido era un clic que inmediatamente supo que era.
— Sal del auto despacio y aléjate lo más lejos que puedas. - ordenó con el ceño impregnado de rabia.
Cuando la miró alejarse hizo lo mismo con el teléfono en mano.
— ¿Qué pasó? - indagó la chica preocupada.
— Manipularon el auto, tiene un explosivo en el motor de arranque.
Era muy raro que ya tuviera enemigos apenas tenía tres meses, pero razonó y sonrió.
— Erick eres un idiota estás aumentando tus deudas. - sentenció con ironía.
Le tomó el rostro a su esposa con ambas manos.
— No temas preciosa, no permitiré que te hagan daño.
— ¿Crees que Erick es el culpable?
— ¡Si! - respondió sin atisbo de duda.
Minutos después estaba llegando Cyrus con el chofer y el en su propio auto. Solamente le hizo un ademán a Conny como un saludo, dirigiéndose al auto, abrió el cofre, volvió a cerrarlo caminando hacia Kellen y su esposa, no bastó palabras solo hubo un asentamiento de cabeza para entenderse.
Cubrió el cuerpo de su esposa con su mismo cuerpo.
Segundos seguidos una explosión con una bola de fuego está frente a ellos.
Salieron del lugar en silencio sin ser vistos por la parte trasera, aún no habían instalado cámaras pero supusieron que estaban vigilando.
Cyrus tomó otro camino a velocidad alta.
Cuándo llegaron a la mansión Kellen recibió la llamada de Cyrus.
— Efectivamente, era lo que predijimos. - reiteró el ruso Erick ha retirado fuertes cantidades de dinero, habló de millones.
— Y hay algo más. - volvió a decir, una mujer con las características de…ya sabes parece que acaba de llegar al país.
— Era obvio que vendría, lo habíamos previsto. - le recordó. - no hagamos ruido, esperemos que se junten todos, así que lo crean, que no estamos enterados, - expresó sonriendo.
Cyrus también tenía la misma sonrisa.
Blanca había intentado muchas veces descifrar los códigos de acceso a las cuentas, páginas de redes sociales, ect ect. Pero según ella no había dejado rastro alguno.
La última vez que intentó llegarse a Kellen lo había tratado de drogar.
Lo que ignoraba Blanca era que Kellen cuando ella iba en camino él ya venía de regreso.
Había pagado mucho dinero por un suero que usaban políticos, los militares contra armas químicas que muchas veces tenían que enfrentar. Así que invirtió millones para tener seguros a sus hombres.
Y Kellen como Cyrus siempre eran presa de mujeres interesadas en comprometerlos de forma y conducta forzada. Así que Kellen usaba otro suero que el le llamó anti plaga.
Pero Blanca no contaba con eso. Así que se aventuró a intentar comprometerlo, en una reunión de negocios donde le pagó a uno de los empleados para hacer que les llevara bebidas, una especial para Kellen.
Pasada una hora, se lo topó en la entrada de la habitación del hotel donde esa noche se hospedaba, Kellen fingió estar mareada para ver hasta donde podía llegar.
— Kellen querido te puedo ayudar. - espectó fingiendo preocupación.
Cuándo vivía su hermano el recién cumpliría 18 cuando Blanca que tenía treinta años, entró a su habitación por la noche, se había desnudado metiéndose bajo las sábanas de Kellen tocándolo provocativamente.
En respuesta Kellen la sacó a empujones, amenazándola con acusarla contra su hermano, pero esa no fue la única vez.
Kellen desapareció por doce años desde ese incidente. Se enteró de la muerte de su hermano, su abogado le entregó una carta que Blanca no sabe que existe menos lo que le reveló por escrito.
Durante los doce años Kellen a fingido no estar enterado porque tiene que saber quién es el verdadero padre de Erick.
Por eso quiere que todos se reúnan para empezar con su destrucción.
ÁTICO DE ERICK
— Señor ya se hizo. - informó el tipo que Erick había contratado.
Blanca escuchado viendo a la mujer que era la esposa de su primogénito de mala manera.
La conoció cuando ella misma se había presentado porque Erick tampoco se ocupó de eso ya que no le importaba.
— ¿De quien hablan? - preguntó Brenda a Blanca.
— Pregúntale tú. - ¿o qué acaso no eres la flamante esposa? - deliberó la respuesta con la intención de hacerle saber que no eran amigas.
— Vieja maldita. - susurró en voz baja.
Observó sonriendo a Erick, mientras veía a su suegra negando en dirección a su esposo.
— Antes de aplaudir triunfo, primero verifica que allá un cadáver.
Por fin Erick tomó atención a su madre aunque creyó que si lo había logrado. Pero mandó que buscaran pruebas de que verdaderamente habían muerto, pues los vieron entrar al auto mediante un video que uno de los hombres tomaba como prueba. Y no vieron salir a nadie.
Su teléfono timbró, seguro eran los hombres que había mandado.
— Hola sobrino, ¿cómo van los negocios? - cuestionó la voz del hombre que más odiaba en esos momentos. Kellen Sanders estaba vivo aún.
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