Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lucille 1
Ella finalmente abrió los ojos.
La primera sensación que tuvo fue la luz.
Una luz cálida, suave, completamente diferente a la oscuridad en la que había estado sumergida.
Parpadeó varias veces.
Sobre ella se extendía un cielo azul.
No había lluvia.
No había truenos.
No había gritos.
No había estructuras derrumbándose.
Solo el sonido tranquilo del viento moviendo las hojas de los árboles.
Ella permaneció inmóvil durante varios segundos.
[¿Dónde estoy?]
Giró lentamente la cabeza.
Y entonces lo vio.
Un hermoso jardín.
Había flores por todas partes.
Rosas, lirios, pequeñas flores blancas y otras cuyos nombres ni siquiera conocía. Los caminos estaban perfectamente cuidados y, a lo lejos, podía verse una enorme mansión de piedra clara, rodeada de jardines perfectamente mantenidos.
Ella frunció el ceño.
[Esto no es un hospital.]
Intentó incorporarse.
Y fue entonces cuando miró hacia abajo.
Llevaba un hermoso vestido verde.
La tela era delicada y elegante, con pequeños detalles bordados.
[¿Qué?]
Levantó las manos.
Se quedó completamente quieta.
Eran manos blancas.
Delicadas.
Suaves.
Los dedos eran finos y las uñas estaban perfectamente cuidadas.
[Estas no son mis manos.]
Las observó durante varios segundos.
Después tocó su rostro.
[¡Este tampoco es mi rostro!]
Su respiración se aceleró.
Miró hacia un pequeño estanque cercano.
Se levantó con dificultad y caminó hasta él.
Se inclinó.
Y vio su reflejo.
Una hermosa joven de cabello rojo la estaba mirando.
Ella abrió mucho los ojos.
[¡Es ella!]
Era la mujer que había visto en aquellos recuerdos.
Lucille.
La joven pelirroja.
La hija de los condes Harrington.
[¡¿Qué está pasando?!]
Entonces escuchó una voz detrás de ella.
—Lady Lucille, nuevamente se quedó dormida leyendo.
Ella se giró rápidamente.
A pocos pasos se encontraba una doncella.
La mujer sostenía algunas prendas dobladas entre sus brazos y la observaba con una expresión tranquila.
Ella miró hacia el suelo.
Había un libro junto al lugar donde había estado sentada.
Después miró nuevamente a la doncella.
No sabía qué decir.
La doncella inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Se encuentra bien, mi lady?
Ella abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
[¿Qué se supone que debo decir?]
Finalmente respondió..
—Sí...
Su propia voz la sorprendió.
Era una voz suave y elegante.
Completamente diferente a la que recordaba.
La doncella sonrió.
—Me alegra.
Entonces miró hacia la mansión.
—Dentro de una hora se servirá la cena. Será mejor que se prepare.
Ella simplemente asintió.
—De acuerdo.
La doncella hizo una pequeña reverencia y se alejó.
Ella permaneció allí.
Completamente inmóvil.
[¿Cena?]
Miró el libro.
Después miró sus manos.
Después el jardín.
Después la mansión.
[¿Qué demonios está pasando?]
Y entonces comenzaron a llegar los recuerdos.
No llegaron lentamente.
Llegaron todos al mismo tiempo.
Un jardín.
Una habitación.
Una biblioteca.
Una mujer que parecía ser su madre.
Un hombre que parecía ser su padre.
Vestidos.
Reuniones sociales.
Tardes leyendo.
Paseos por los jardines.
Conversaciones.
Clases.
Familia.
Una vida tranquila.
Y entonces aparecieron otros recuerdos.
Una escuela.
Niños burlándose.
Una niña llorando en silencio.
Una adolescente encerrada en su habitación.
Una mujer adulta fingiendo estar bien.
La tormenta.
Los gritos.
La maestra.
Los niños.
El pequeño que había cargado entre sus brazos.
El golpe.
El bombero.
La oscuridad.
Todo se mezcló.
Ella se llevó ambas manos a la cabeza.
—Ah...
[¡Demasiados recuerdos!]
Cerró los ojos.
Intentó respirar.
Primero recordó su vida anterior.
Después la vida de Lucille.
Después ambas aparecieron juntas.
Era como si dos vidas diferentes estuvieran luchando por ocupar el mismo lugar dentro de su cabeza.
[Yo soy yo...]
Abrió los ojos.
[¿Pero quién soy ahora?]
Miró nuevamente sus manos.
Entonces tuvo una idea.
Se pellizcó el brazo.
—¡Ay!
Se quedó mirando la zona que acababa de pellizcar.
[Esto dolió.]
Esperó unos segundos.
Volvió a pellizcarse.
—¡Ay!
[Definitivamente no estoy soñando.]
Se pellizcó una tercera vez.
—¡Ay!
[¡Sí! ¡Definitivamente estoy despierta!]
Se quedó en silencio.
Después miró alrededor.
[Entonces...]
[¿Morí?]
Recordó la tormenta.
Recordó entregar al niño al bombero.
Recordó cómo su cuerpo había dejado de responder.
Recordó aquella oscuridad.
[¿Realmente morí?]
Su corazón comenzó a latir rápidamente.
[¿Y después...]
Miró nuevamente el reflejo del estanque.
La hermosa joven pelirroja le devolvió la mirada.
[¿Reencarné?]
La palabra apareció en su mente.
Y cuanto más pensaba en ello, más absurda parecía la situación.
[Esto solo pasa en novelas.]
Se quedó sentada junto al estanque.
Durante mucho tiempo.
Intentando ordenar sus pensamientos.
Su vida anterior había sido difícil.
Había sufrido durante años.
Había aprendido a esconder sus lágrimas.
Había vivido sintiéndose fuera de lugar.
Y finalmente había muerto salvando a un niño.
Pero ahora...
Ahora tenía una segunda oportunidad.
Una segunda vida.
Y no cualquier vida.
Al parecer era... Lady Lucille Harrington.
La segunda hija de los condes Harrington.
Una joven hermosa.
Una joven perteneciente a una familia noble.
Una joven querida por su familia.
Una joven que tenía una mansión enorme.
Vestidos preciosos.
Una biblioteca.
Comida deliciosa.
Y, por lo que acababa de descubrir... ninguna preocupación particularmente grave.
[Espera...]
Comenzó a enumerar mentalmente.
[Primero.. soy hermosa.]
Miró sus manos.
Después su cabello.
Después el reflejo del estanque.
[Confirmado.]
[Segundo.. soy hija de condes.]
Miró la enorme mansión.
[Confirmado.]
[Tercero.. mi familia me quiere.]
Los recuerdos de Lucille lo demostraban.
[Confirmado.]
[¿Y cuarto?]
Miró el libro que había estado leyendo.
Lo tomó.
Lo abrió.
Era una novela.
Sus ojos brillaron.
[¡Me gusta leer!]
Por primera vez desde que había despertado, sintió una emoción completamente diferente.
Se acomodó en el césped.
Abrió el libro.
Leyó algunas páginas.
Y descubrió algo todavía más sorprendente.
Lucille realmente disfrutaba de aquello.
Leer.
Descansar.
Pasear.
Asistir ocasionalmente a reuniones sociales.
Vestirse elegantemente.
Ser bonita.
Y vivir tranquilamente.
Ella cerró el libro lentamente.
[Espera...]
Miró al cielo.
[¿Eso es todo?]
Pensó en su primera vida.
Había pasado años intentando sobrevivir.
Había soportado el bullying.
Había escondido su tristeza.
Había tenido que esforzarse constantemente.
Y ahora...
[¿Mi segunda vida consiste en leer libros, descansar y verme bonita?]
Se quedó completamente seria.
Unos segundos después... una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
[¿Dios existe?]
Miró hacia el cielo.
[¿Esto es una recompensa?]
Se llevó una mano al pecho.
[¿Después de todo lo que sufrí...]
Miró nuevamente la mansión.
[¿Me dieron una vida fácil?]
Por primera vez en muchísimo tiempo... sintió ganas de llorar.
Pero esta vez no eran lágrimas de tristeza.
Eran lágrimas de alivio.
—Qué extraño...
Susurró.
Y luego sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Pero sincera.
[Quizás...]
[Quizás esta vez pueda vivir.]
Miró el libro.
[Leeré.]
Miró el jardín.
[Descansaré.]
Miró su vestido.
[Usaré vestidos bonitos.]
Y después pensó en algo que le pareció increíblemente importante.
[¡Y comeré cosas deliciosas!]
Su expresión se volvió solemne.
[Después de todo, una segunda vida debe aprovecharse.]