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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:790
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 — La Furia del Alfa

La alarma resonaba por todo el hospital.

Los curanderos corrían por los pasillos.

Los enfermeros empujaban carritos cargados de hierbas y equipos.

Dentro de la habitación, el caos aumentaba a cada segundo.

Ayla seguía inmóvil sobre la cama.

Su piel estaba tan pálida que parecía hecha de porcelana.

La respiración se volvía cada vez más débil.

Los cinco herederos observaban la escena sin lograr esconder el miedo.

—¡Hagan algo! —rugió Darius.

El curandero jefe temblaba.

—¡Lo estamos intentando!

—¡Estaba bien hace unas horas! —gritó Finn.

—Su cuerpo sufrió una conmoción muy grande.

—¡Dijiste que sería seguro! —Kael avanzó hacia el médico.

El hombre retrocedió.

Sudando.

Desesperado.

Antes de que pudiera responder, la puerta estalló.

Un rugido poderoso se apoderó de la habitación.

—¿QUÉ PASÓ AQUÍ?

Magnus.

El Alfa entró como una tormenta.

Su aura dominó el ambiente.

Algunos curanderos llegaron a perder el equilibrio.

Los cinco herederos se paralizaron.

Magnus miró hacia la cama.

Y su mundo se detuvo.

Ayla.

Su niña.

La criatura que había encontrado perdida en la floresta.

La niña que había salvado su vida.

La hija que nunca había tenido.

Estaba al borde de la muerte.

El Alfa sintió que el pecho se le apretaba.

Entonces notó los tubos.

Las bolsas de sangre.

Los equipos.

Y comprendió de inmediato.

Su mirada se posó sobre sus hijos.

La rabia explotó.

—¿Qué hicieron?

Nadie respondió.

—¡PREGUNTÉ QUÉ HICIERON!

Las paredes temblaron.

Lucien bajó la cabeza.

Fue el primero en hablar.

—Selena necesitaba su sangre.

Magnus quedó inmóvil.

Peligrosamente inmóvil.

—¿Le extrajeron la sangre?

Silencio.

—¿Sin autorización?

Silencio otra vez.

El Alfa cerró los ojos.

Tratando de controlar su propia furia.

Fracasó.

El rugido siguiente hizo vibrar las ventanas.

—¿ENLOQUECIERON?

Kael intentó explicarse.

—Padre, Selena corría peligro...

El puñetazo llegó antes de que terminara.

Kael fue lanzado contra la pared.

El impacto agrietó la mampostería.

Todos quedaron en shock.

Magnus jamás había golpeado a uno de sus hijos.

Jamás.

—¡No te atrevas a justificar esto!

Kael se limpió la sangre que le brotaba de la boca.

Pero no respondió.

Ni siquiera él tuvo el valor.

Magnus señaló a Ayla.

—¡Mírenla!

Nadie se movió.

—¡MÍRENLA!

Los cinco obedecieron.

La visión era devastadora.

Ayla parecía una sombra de la niña que siempre habían conocido.

Las quemaduras.

La debilidad.

Los labios sin color.

Todo aquello era consecuencia de sus decisiones.

—Casi murió en la hoguera.

—¿Y decidieron sacarle más sangre?

La voz de Magnus se quebró.

Por un breve instante.

El dolor era mayor que la rabia.

—Ella dijo que no.

¿La oyeron?

—Sí —respondió Rowan.

—Y la ignoraron.

Rowan bajó la cabeza.

Magnus soltó una risa amarga.

—Crie a cinco guerreros.

Cinco futuros Alfas.

Pero hoy estoy mirando a cinco cobardes.

Las palabras los alcanzaron a todos como una hoja.

Finn palideció.

Darius desvió la mirada.

Lucien apretó los puños.

Kael permaneció en silencio.

Magnus se volvió hacia el médico.

—Y tú.

El hombre empezó a temblar.

—Alfa... yo...

—Explica por qué le sacaste tanta sangre.

—Solo estaba tratando de salvar...

—¡MENTIROSO!

El médico casi cayó.

—Ella nunca necesitó la sangre de Ayla.

La frase vino desde la puerta.

Todos se voltearon.

Un nuevo curandero acababa de entrar.

Era uno de los más antiguos del hospital.

Respetado por toda la manada.

El hombre analizó los informes sobre la mesa.

Su rostro estaba sombrío.

—Las quemaduras de la señorita Selena eran superficiales.

La habitación se hundió en el silencio.

—¿Qué? —susurró Finn.

El curandero continuó.

—No existía riesgo de muerte.

No existía necesidad de transfusión.

No existía justificación para esto.

El médico sobornado empezó a temblar.

El sudor le corría por el rostro.

Magnus entendió de inmediato.

—¿Quién te pagó?

El hombre no respondió.

—¿Quién te pagó?

Nada.

El Alfa avanzó.

El aura aplastante hizo que el médico cayera de rodillas.

—¿SELENA TE PAGÓ?

El hombre cerró los ojos.

Y asintió.

El silencio que vino después fue peor que cualquier grito.

Los cinco herederos quedaron inmóviles.

Completamente inmóviles.

Como estatuas.

El shock era visible en sus rostros.

—No... —murmuró Lucien.

—Esto no puede ser verdad —dijo Darius.

Pero lo era.

Magnus respiraba con pesadez.

Su mirada se volvió hacia sus hijos.

—Se los advertí.

Más de una vez.

—Padre...

—Se los advertí.

Nadie tuvo el valor de interrumpirlo.

—Y ustedes eligieron creerle a esa muchacha.

—No lo sabíamos... —Rowan intentó argumentar.

—¡No lo sabían porque no quisieron ver!

El monitor cardíaco pitó.

Todos se voltearon.

Ayla acababa de empeorar.

Su pecho subía y bajaba con dificultad.

Los números en la pantalla empezaron a caer.

—¡No! —gritó Lucien.

Los curanderos corrieron.

El más viejo tomó el mando.

—¡Necesitamos estabilizarla!

¡Ahora!

La habitación se convirtió en un campo de batalla.

Hierbas.

Medicamentos.

Hechizos de cura.

Nada parecía suficiente.

Magnus se acercó a la cama.

Tomó la mano de Ayla.

La misma mano pequeña que un día había salvado su vida.

—Vas a ponerte bien.

La voz le salió ronca.

—Te lo prometo.

Detrás de él, los cinco herederos observaban.

Y, por primera vez en muchos meses, el miedo no era perder a Selena.

Era perder a Ayla.

La niña que siempre había estado a su lado.

La niña que ellos habían destruido con sus propias manos.

Y mientras los curanderos luchaban por salvarla, nadie notó que, en otra habitación del hospital, Selena recibía la noticia de que su plan había sido descubierto.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Porque sabía exactamente lo que pasaría cuando Magnus llegara hasta ella.

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