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El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Valentina Ríos huyó de la ciudad cinco años atrás con el corazón destrozado y un secreto que jamás pensó revelar.
Ahora ha regresado con su pequeño hijo, Leo, decidida a comenzar una nueva vida.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 — El hombre que no debía volver

—¿Quién es él?

La pregunta de Adrián quedó suspendida entre los tres.

Valentina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho.

Durante cinco años había imaginado aquel momento.

Había pensado qué diría si algún día Adrián descubría la existencia de Leo.

Había preparado cientos de respuestas.

Pero ninguna parecía suficiente cuando tenía al hombre frente a ella, observando a su hijo con una intensidad que le resultaba imposible ignorar.

Valentina bajó la mirada hacia Leo.

El pequeño seguía abrazado a su cintura.

—Es mi hijo —respondió finalmente.

Adrián volvió a mirar al niño.

—¿Tu hijo?

—Sí.

—¿Cómo se llama?

Valentina dudó apenas un segundo.

—Leo.

—Leo… ¿qué?

La expresión de Valentina cambió.

—No creo que eso sea asunto tuyo.

Adrián entrecerró los ojos.

—Te hice una pregunta.

—Y yo te di una respuesta.

Por primera vez desde que se encontraron, Adrián pareció perder aquella seguridad que lo caracterizaba.

Había algo en ese niño que no podía explicar.

No era solamente el parecido.

Era una sensación.

Como si alguna parte de él reconociera a Leo antes de que su mente pudiera comprenderlo.

Adrián se agachó ligeramente para quedar a la altura del pequeño.

—Hola, Leo.

El niño lo observó con curiosidad.

—Hola.

—¿Cuántos años tienes?

Leo levantó una mano.

—Cinco.

Adrián sintió que el aire abandonaba lentamente sus pulmones.

Cinco.

Exactamente cinco años.

Su mirada regresó hacia Valentina.

Ella lo comprendió inmediatamente.

—No empieces.

—¿Cinco años?

—Sí.

—¿Cuándo nació?

Valentina tomó la mano de Leo.

—Tenemos que irnos.

—Valentina.

Ella se detuvo.

—¿Qué?

Adrián dio un paso hacia ella.

—Necesito hablar contigo.

—No tenemos nada de qué hablar.

—Eso lo decidiré yo.

Valentina soltó una pequeña risa amarga.

—Sigues siendo el mismo.

—¿Y tú sigues huyendo?

Aquellas palabras hicieron que Valentina se quedara quieta.

Por un instante, regresó al pasado.

A aquella época en la que todavía confiaba en él.

Cuando creía que Adrián Montenegro podía convertirse en el hombre con quien construiría una vida.

Hasta que todo cambió.

—No estoy huyendo —dijo finalmente—. Estoy protegiendo mi tranquilidad.

Adrián la observó fijamente.

—¿De mí?

Valentina no respondió.

Tomó la mano de Leo y comenzó a caminar.

Pero Adrián volvió a hablar.

—¿Quién es el padre de Leo?

Valentina se detuvo.

El pequeño levantó la mirada hacia su madre.

Ella respiró profundamente.

—Eso no te interesa.

—Me interesa más de lo que imaginas.

—Entonces tendrás que aprender a vivir con la curiosidad.

Y se marchó.

Adrián permaneció inmóvil.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien había conseguido dejarlo sin respuesta.

---

—Mamá.

—¿Sí, cariño?

—Ese señor te conoce.

Valentina continuó caminando.

—Sí.

—¿Es malo?

Ella miró a su hijo.

—No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Leo ladeó la cabeza.

—Entonces, ¿por qué estás enojada?

Valentina sonrió débilmente.

—Porque algunas personas pertenecen al pasado.

—¿Y él pertenece al pasado?

Valentina miró hacia atrás.

Adrián seguía observándolos desde la entrada del edificio.

—Sí.

—¿Y por qué te mira así?

Valentina no supo qué responder.

Porque ella también lo había mirado de la misma manera.

Porque cinco años no habían sido suficientes para borrar completamente lo que sentía.

Porque verlo otra vez había despertado recuerdos que creía enterrados.

Pero no podía permitirse olvidar una cosa.

Leo estaba primero.

Siempre.

---

En el interior del edificio, Adrián subió al automóvil.

—Llévame a la oficina.

Su asistente, Daniel, se encontraba en el asiento delantero.

—Claro, señor.

El vehículo comenzó a avanzar.

Adrián permaneció en silencio.

—¿Señor?

—Necesito información sobre Valentina Ríos.

Daniel lo miró por el espejo retrovisor.

—Ya tenemos un informe.

—Quiero uno completo.

—¿Qué clase de información?

Adrián tardó unos segundos en responder.

—Todo.

Daniel comprendió que aquella palabra significaba exactamente eso.

Todo.

Dónde había vivido.

Dónde había trabajado.

Con quién se había relacionado.

Y especialmente…

—Quiero saber quién es el padre del niño.

Daniel guardó silencio.

—Entendido.

Adrián volvió a mirar por la ventana.

Cinco años.

No podía ser una coincidencia.

Valentina había desaparecido justo después de aquella noche.

Y ahora había regresado con un niño de cinco años.

Su hijo.

La idea apareció nuevamente en su mente.

Esta vez con mucha más fuerza.

Adrián cerró los ojos.

Si Leo era realmente suyo, entonces había perdido cinco años de la vida de su hijo.

Cinco cumpleaños.

Cinco Navidades.

Primeros pasos.

Primeras palabras.

Primer día de colegio.

Todo.

Y alguien se lo había ocultado.

---

Esa noche, Valentina acostó a Leo.

—Mamá.

—¿Qué pasa?

—¿Ese señor va a volver?

Valentina se quedó quieta.

—No lo sé.

Leo sonrió.

—Me cayó bien.

—Leo…

—Tiene cara seria.

Valentina soltó una pequeña risa.

—Eso sí es verdad.

—Creo que necesita sonreír.

—Probablemente.

—Yo puedo enseñarle.

Valentina acarició el cabello de su hijo.

—No te preocupes por él.

—¿Por qué?

—Porque hay personas que deben resolver sus propios problemas.

Leo cerró los ojos.

—Buenas noches, mamá.

—Buenas noches, mi amor.

Valentina apagó la luz y cerró la puerta.

Luego caminó hasta la sala.

Su sonrisa desapareció.

Sabía que aquello apenas comenzaba.

Adrián no era un hombre que aceptara fácilmente una respuesta negativa.

Y si descubría la verdad…

Todo cambiaría.

---

A las once de la noche, Adrián seguía en su oficina.

Daniel entró con una carpeta.

—Señor Montenegro.

—Déjala ahí.

—Hay algo que debe saber.

Adrián levantó la mirada.

—Habla.

Daniel abrió la carpeta.

—Valentina Ríos abandonó la ciudad hace cinco años.

—Eso ya lo sé.

—No se fue sola.

Adrián se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres decir?

Daniel colocó un documento sobre el escritorio.

—Estaba embarazada.

El silencio llenó la oficina.

Adrián bajó lentamente la mirada hacia el documento.

La fecha coincidía.

Exactamente.

Sus dedos se cerraron alrededor del papel.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—¿Quién lo confirmó?

—Los registros médicos y los documentos de nacimiento.

Adrián levantó la mirada.

—¿El niño nació cinco años atrás?

—Sí.

Adrián sintió que una verdad que había intentado negar comenzaba a tomar forma.

—¿Nombre completo?

Daniel tragó saliva.

—Leo Ríos.

Adrián miró nuevamente la fotografía que acompañaba el expediente.

El pequeño rostro de Leo apareció frente a él.

Los mismos ojos.

La misma mirada.

El mismo gesto serio que él había visto alguna vez en fotografías de su propia infancia.

Adrián se levantó.

—Necesito una prueba.

Daniel asintió.

—¿Quiere que solicite una prueba de parentesco?

Adrián permaneció mirando la fotografía.

—No.

Su voz salió firme.

—Primero quiero hablar con Valentina.

—¿Y si ella se niega?

Adrián cerró la carpeta.

—Entonces encontraré otra manera de conocer la verdad.

---

Mientras tanto, en su apartamento, Valentina estaba frente a la ventana.

La ciudad brillaba bajo la noche.

Pero ella solamente podía pensar en una persona.

Adrián.

Había regresado.

Y ahora sabía que Leo existía.

Valentina llevó una mano a su pecho.

—Dios mío…

No tenía miedo de Adrián.

Al menos eso intentaba repetirse.

Pero sí tenía miedo de perder lo único que había protegido durante cinco años.

Su hijo.

De repente, escuchó un ruido en la habitación de Leo.

Valentina corrió hacia allí.

—¿Leo?

Abrió la puerta.

El pequeño estaba dormido.

Todo parecía normal.

Sin embargo, sobre la mesa de noche había algo que no había dejado allí.

Una fotografía.

Valentina la tomó.

Era una fotografía antigua.

De ella.

De Adrián.

De aquella época que había intentado olvidar.

Su rostro perdió el color.

Porque en la parte posterior había una frase escrita a mano:

“Él ya sabe que el niño existe.”

Valentina dejó caer la fotografía.

Y por primera vez en cinco años…

sintió verdadero miedo.

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Edith Tortolero
hola me está gustando, me gusta el suspenso,. ojalá y se resuelva pronto porque, cuando pasa mucho tiempo en resolverse aburre.. 🥰
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: -Hola, Edith.. Qué alegría saber que te está gustando. Tienes razón, no nos tomaremos demasiado tiempo pronto sabrás la verdad!
total 1 replies
Eliana Angulo
me gustó tu novela.. te felicitó
Maria Garcia
muy buena su novela
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Gracias por este apoyo tan lindo... Me motiva muchísimo 💙 te invito a leer otras mis novelas
total 1 replies
Eliana Angulo
Leo es increíble... niño muy inteligente.. tiene la fe más fuerte🥹
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Totalmente de acuerdo! Su fe y su valentía lo hacen especial, vienen momentos hermosos con él
total 1 replies
Eliana Angulo
lo explica todo.. estaba planeado desde antes😱
Eliana Angulo
Quién les manda las advertencia... será un amigo o enemigo... necesito saberlo ya🤭
Eliana Angulo
tiene dos caminos para recuperar a Leo o perderlo todo...la tensión está al máximo y cada frase me hace querer saber más👏👏
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Me alegra muchísimo que te atrape.. Cada decisión cuenta y el destino de Leo está en juego… ¡sigue leyendo!😉
total 1 replies
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