Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capítulo 3
Selin Kivilcim permaneció inmóvil en el pasillo durante varios segundos.
Desde la distancia, había observado a Denmet abandonar el comedor con una expresión que no lograba interpretar. La joven parecía tranquila, pero Selin conocía demasiado bien aquella mansión y, especialmente, conocía a Güner.
Nadie entraba fácilmente en su mundo.
Nadie.
Desde la muerte de Fraize, Güner había levantado una muralla tan alta que incluso su propia familia apenas podía acercarse a él. Había dejado de asistir a celebraciones, rechazaba invitaciones y pasaba la mayor parte de su tiempo trabajando.
Selin siempre había creído que aquello cambiaría.
Tarde o temprano, pensaba ella, Güner necesitaría a alguien.
Y cuando ese momento llegara...
Ella estaría allí.
Por eso la presencia de Denmet le resultaba insoportable.
—Selin.
La voz de Emre interrumpió sus pensamientos.
Ella se giró lentamente.
—Emre.
—Has vuelto.
—¿No te alegras de verme?
—Depende.
Selin sonrió.
—Qué encantador recibimiento.
Emre caminó hacia ella.
—¿Qué haces aquí?
—¿Necesito una razón para visitar a mi familia?
—No.
Él miró hacia el lugar por donde Denmet había desaparecido.
—Pero cuando pones esa cara, normalmente alguien termina teniendo problemas.
Selin fingió no comprender.
—¿Qué cara?
—Esa.
—Eres un exagerado.
—Y tú eres peligrosa.
Selin lo miró fijamente.
—Ten cuidado con lo que dices, Emre.
—Tú también.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Finalmente, Selin sonrió.
—¿Quién es la nueva muchacha?
Emre arqueó una ceja.
—¿Qué muchacha?
—No juegues conmigo.
—¿Denmet?
Selin fingió indiferencia.
—Así que se llama Denmet.
—Trabaja en la cocina.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué preguntas?
Selin se acercó.
—Porque he visto a Güner hablando con ella.
Emre soltó una risa.
—Güner habla con muchas personas.
—No de esa manera.
La sonrisa de Emre desapareció.
Selin había dado en el punto exacto.
—¿Qué estás insinuando?
—Nada.
—Selin.
Ella levantó las manos.
—Solo tengo curiosidad.
—Pues déjala tranquila.
Aquella respuesta hizo que Selin sonriera.
—Eso ha sonado como una advertencia.
—Tómalo como quieras.
Emre comenzó a alejarse.
Pero Selin habló nuevamente.
—¿Te gusta?
Él se detuvo.
—¿Qué?
—Denmet.
Emre se giró lentamente.
—La conozco desde hace unas horas.
—Eso no respondió mi pregunta.
—Adiós, Selin.
Emre continuó caminando.
Selin observó cómo desaparecía por el pasillo.
—Interesante —murmuró.
Denmet regresó a la cocina intentando concentrarse en su trabajo.
Pero no podía olvidar la conversación con Güner.
Había visto algo diferente en él cuando mencionó a Fraize.
Dolor.
Uno tan profundo que incluso ella se sintió culpable por haber insistido.
—¿Estás bien? —preguntó Aysun.
—Sí.
—Otra mentira.
Denmet levantó la mirada.
—¿Por qué todos aquí saben cuándo estoy mintiendo?
—Porque no sabes hacerlo.
Denmet suspiró.
—Hablé con el señor Güner.
—Eso ya lo sé.
—¿Cómo?
—Nermin me lo dijo.
—Definitivamente todos saben demasiado en esta casa.
Aysun sonrió.
—¿Y qué ocurrió?
Denmet dudó.
—Hablamos de su esposa.
La expresión de Aysun cambió inmediatamente.
—No deberías hacer eso.
—No quería incomodarlo.
—No es solo incomodidad, Denmet.
La joven guardó silencio.
Aysun se acercó.
—Fraize murió hace tres años.
—Lo sé.
—¿Sabes cómo murió?
Denmet negó con la cabeza.
—En un accidente.
—Eso es lo que dicen.
Denmet frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?
Aysun miró hacia la puerta.
Después bajó la voz.
—No deberías preguntar.
—Ahora me está dando más curiosidad.
—Y eso también es peligroso.
Antes de que Denmet pudiera insistir, Nermin apareció.
—Señorita Denmet, alguien quiere verla.
Denmet se limpió las manos.
—¿Quién?
Nermin se hizo a un lado.
Selin apareció en la puerta.
Por primera vez, Denmet pudo verla de cerca.
Era una mujer elegante, con una belleza que imponía respeto. Vestía completamente de negro y llevaba una expresión fría en el rostro.
—Hola —dijo Selin.
—Hola.
—Soy Selin Kivilcim.
Denmet comprendió inmediatamente.
Otra integrante de la familia.
—Mucho gusto.
Selin sonrió.
—El gusto es mío.
Pero sus ojos decían algo completamente diferente.
—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Denmet.
Selin comenzó a caminar lentamente alrededor de la cocina.
—Solo quería conocer a la nueva empleada.
—Bueno, aquí estoy.
—Veo que tienes carácter.
Denmet sonrió.
—A veces.
—Eso puede ser un problema en esta casa.
—He escuchado eso varias veces hoy.
Selin se detuvo frente a ella.
—Entonces deberías tomarlo como una señal.
La sonrisa de Denmet desapareció.
—¿Es una amenaza?
—No.
Selin volvió a sonreír.
—Es un consejo.
Denmet cruzó los brazos.
—No suelo aceptar consejos de personas que acabo de conocer.
—Entonces deberías comenzar.
El ambiente se volvió tenso.
Aysun observaba desde la distancia, sin intervenir.
Selin inclinó ligeramente la cabeza.
—Aléjate de Güner.
Denmet abrió los ojos sorprendida.
—¿Perdón?
—Creo que me escuchaste.
—No sé de qué está hablando.
—No eres tan inocente como quieres aparentar.
Denmet sintió que la rabia comenzaba a crecer dentro de ella.
—Escuche, señora Selin. Yo vine aquí para trabajar.
—Eso espero.
—Y no necesito que nadie me diga con quién debo o no debo hablar.
Selin se acercó.
—Güner ha sufrido demasiado.
Por un instante, Denmet comprendió algo.
—¿Usted lo ama?
Selin quedó inmóvil.
El silencio respondió por ella.
Denmet bajó la mirada.
—Entonces este no es un problema mío.
—Podría convertirse en uno.
—No estoy interesada en el señor Güner.
Selin la observó fijamente.
—Eso es lo que dices ahora.
Denmet sostuvo su mirada.
—Y eso es lo que seguiré diciendo.
Selin sonrió nuevamente.
—Ya veremos.
La mujer se dirigió hacia la puerta.
Pero antes de salir, se giró.
—Hay personas que llegan a esta casa pensando que pueden cambiarlo todo.
Denmet permaneció en silencio.
—Después descubren que algunas puertas es mejor no abrir.
Selin salió.
Denmet respiró profundamente.
Aysun se acercó lentamente.
—¿Qué acaba de pasar?
Denmet la miró.
—Creo que acabo de conocer a mi primer enemigo.
Pero en el piso superior de la mansión, Güner observaba la escena desde una ventana.
Había escuchado las últimas palabras.
Su mirada se dirigió hacia la cocina.
Por alguna razón, no podía dejar de pensar en aquella joven.
Denmet.
El nombre resonó en su mente.
Y eso lo irritó.
Porque hacía mucho tiempo que nadie conseguía despertar su curiosidad.
Güner cerró los ojos.
Pero cuando volvió a abrirlos, vio algo que llamó su atención.
Denmet había regresado a la cocina.
Y estaba sonriendo.
Como si la amenaza de Selin no pudiera asustarla.
Por primera vez en años, Güner sintió algo inesperado.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
Pero desapareció inmediatamente.
No.
No podía permitirse aquello.
No podía volver a sentir.
No después de Fraize.
No después de todo lo que había perdido.
Sin embargo, mientras se alejaba de la ventana, una pregunta comenzó a perseguirlo.
¿Por qué Denmet Yilmaz había llegado a su vida?
Y, sin saberlo, aquella pregunta sería el comienzo de una historia que cambiaría el destino de todos.
CONTINUARÁ...