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Prohibido Para Mí

Prohibido Para Mí

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven estudiante de colegio que jamás imaginó que conocer a un doctor cambiaría su vida para siempre. Entre ellos nace un sentimiento profundo que, poco a poco, se convierte en un amor prohibido, lleno de obstáculos, secretos y decisiones difíciles. Sin embargo, ambos están dispuestos a luchar por aquello que sienten. Cuando la chica atraviesa el momento más doloroso de su vida, su mundo se derrumba: su querida abuelita, la única persona que la crió y estuvo a su lado, fallece después de enfrentar una grave enfermedad. El doctor no pudo salvarla, pero decidió quedarse para acompañarla y apoyarla.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Un viaje al Quindío

Narra Xavier

Valeska aceptó mi propuesta y comenzó a arreglar la ropa. La vi sacar varias prendas del armario y acomodarlas dentro de la maleta. Después empezó a organizar también las mías, doblando las camisas y guardándolas con cuidado.

—Gracias, amor.

Ella me miró con una sonrisa mientras seguía arreglando todo.

—No me agradezca por eso. Soy su mujer. Mi abuela me enseñó que debo atenderte.

Me acerqué y negué suavemente con la cabeza.

—Mi reina, déjame corregirte algo. Yo no me comprometí contigo para que me atiendas. Cuando yo tenga libre, puedo ayudarte. Esto es de los dos, ¿sí?

Ella me miró y sonrió.

—Gracias, sos el mejor.

—Pues claro, mi reina —respondí, soltando una pequeña risa.

Cuando terminamos de organizar las maletas, bajamos de la habitación. Revisé que no se nos quedara nada, tomé las maletas y las llevé hasta el carro.

—¿Lista? —le pregunté.

—Sí.

—Entonces vámonos pues.

Subimos al carro y salimos de Medellín rumbo a Armenia. Yo iba manejando tranquilo, mientras ella observaba por la ventana.

A medida que avanzábamos, las calles de Medellín fueron quedando atrás. El paisaje empezó a cambiar y yo sentí esa tranquilidad que siempre me daba regresar hacia el Quindío.

Después de un rato, estiré una mano y tomé la de Valeska.

—Te amo —le susurré.

_Te amo _ me respondió

Ella sonrió y continuamos el camino.

Durante el viaje hablamos de muchas cosas. Le conté cómo eran mis abuelos, mis tíos y mis primos, porque sabía que para ella podía ser raro llegar de repente a conocer tanta familia.

—Mi abuela es de esas personas que apenas te vea te va a querer dar comida —le dije entre risas.

—¿En serio?

—Sí, pues. Y si le decís que ya comiste, te va a preguntar qué comiste y después te va a servir otra cosa.

Valeska se rio.

—Entonces ya sé cómo es.

—Y mis primos son peor. Son cansones, pero buena gente.

Después de varias horas de carretera, finalmente llegamos a Armenia.

Cuando entramos a la zona donde vivían mis abuelos, sentí esa sensación de estar regresando a un lugar que conocía desde niño. Había montañas, cafetales, árboles y caminos tranquilos. El ambiente era completamente diferente al de Medellín.

Estacioné frente a la casa y nos bajamos.

Mis abuelitos estaban afuera.

—¡Ave María, pues! —exclamó mi abuela al verme—. ¿Ahora sí se acordó de estos viejos?

Me reí y fui a abrazarla.

—¿Cómo no me voy a acordar de ustedes, abuela?

Mi abuelo salió detrás de ella y me dio un abrazo.

—Vea pues, mijo. Llegó el doctor.

—¿Cómo está, abuelo?

—Muy bien, gracias a Dios.

Entonces mi abuela miró hacia Valeska.

—¿Y esta muchacha tan bonita?

Miré a Valeska y después a mis abuelos.

—Abuelitos, les presento a Valeska, mi mujer.

Mi abuela sonrió inmediatamente y se acercó a saludarla.

—Mucho gusto, mija. Bienvenida a esta casa.

—Muchas gracias, señora —respondió Valeska.

—Aquí nada de señora, dígame abuela —contestó mi abuelita entre risas.

En ese momento comenzaron a salir mis tíos.

Primero apareció mi tío Ramiro junto con su esposa Martha.

—¡Xavier, hermano! ¿Cómo va pues? —me dijo Ramiro.

—Todo bien, tío.

—¿Y ella es Valeska?

—Sí, tío. Ella es mi mujer.

Martha se acercó sonriente.

—Mucho gusto, Valeska. Venga, entre sin pena. Aquí todos somos familia.

Después llegaron mi tío Hernando y su esposa Gloria.

—Ave María, Xavier, sí que llegó acompañado —dijo Hernando.

—Pues sí, tío.

—Bienvenida, muchacha —dijo Gloria—. Espero que le guste el campo.

—Claro que sí.

Poco después aparecieron mis primos: Efraín, Darío, Jhonatan, Yuliana y Mariela.

Efraín fue el primero en acercarse.

—¡Hermano! ¿Cómo va todo?

—Bien, primo.

Efraín levantó la mano y soltó una carcajada.

—Un guarito, hermano.

—¿Otra vez con eso?

—Es que estabamos en fiesta y me dijeron que aceptara el trago, entonces acepté, pues.

Todos nos reímos.

Mi abuelo negó con la cabeza.

—Este muchacho no cambia.

—Déjelo, abuelo —dije entre risas—. Así es Efraín.

Mientras todos hablaban, Valeska se quedó junto a mí. Mis familiares comenzaron a hacerle preguntas y ella respondió con tranquilidad.

Yo los observaba y me alegraba de verla allí, conociendo a mi familia y entrando por primera vez en aquel mundo que había formado parte de mi vida desde siempre.

La tarde apenas comenzaba, y sabía que mis primos no iban a dejar de molestarme durante todo el día.

1
Lis
Pero creo leí que fue antes de conocer a Daleska eso de las fotos y mensajes con Valentía
Deyda Ninorca Sanchez Batista
las niñas son de papá
Doris Laura Torres Amaya
👏,buena decisión
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