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Me enamoré del capo más temido

Me enamoré del capo más temido

Status: Terminada
Genre:Romance / Posesivo / Centrado emocionalmente / Mafia / Dominación / Esclava / Sirvienta / Romance oscuro / Completas
Popularitas:14.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Camila Cordero no tiene tiempo para enamorarse. Entre sus estudios, un trabajo agotador y una familia que nunca deja de pedirle dinero, apenas consigue mantenerse a flote. Por eso Dante Salazar, su vecino reservado, parece solo un hombre extraño que prepara sopa de fideo y carga demasiados secretos.
Pero Dante no es un hombre cualquiera. En las calles de Ciudad Bravo lo conocen como el Tigre: el dueño de un imperio construido entre negocios clandestinos, pactos de sangre y enemigos que esperan verlo caer.
Cuando Camila descubre quién es en realidad, ya es demasiado tarde para alejarse. Ella ha visto la violencia de la que es capaz, pero también al hombre herido que nadie más conoce. Y cuando decide arriesgar la vida para salvarlo, cruza una línea de la que ninguno de los dos podrá regresar.
Entre capos rivales, políticos corruptos, traiciones y una guerra que amenaza con destruirlos, Camila deberá decidir si amar al Tigre significa rescatar al hombre que vive bajo su piel… o perderse con él.
Porque en Ciudad Bravo nadie ama sin pagar un precio. Y el Tigre jamás suelta lo que considera suyo.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16: A ver si puedo o no

En el privado vacío, Dante sostuvo los dos paquetitos dorados en la palma, y luego levantó los ojos hacia la cara inocente de Camila.

—Esto no son paletas, gata.

—¿Ah, no? —Camila parpadeó—. ¿Y qué son? Se ven caras.

—Son condones.

A Camila le tomó un segundo entenderlo, y cuando lo entendió, la sangre le subió del cuello a la frente en una oleada ardiente. Quiso que la tierra se la tragara. Se los había regalado, con una sonrisa, "por todo lo que has hecho por mí". Quiso arrancárselos de la mano y salir corriendo.

—¡Yo no sabía! —balbuceó—. ¡Me los dio Pato, yo pensé que eran dulces, yo…!

—¿Quién es Pato? —La voz de Dante bajó de temperatura de golpe. La media sonrisa se le borró—. ¿Quién te los dio?

—Un… un compañero, un tal Pato Cházaro, andaba molestando en el salón, no es nadie…

Dante la tomó de la barbilla y la hizo mirarlo. Había algo nuevo en sus ojos, algo oscuro y posesivo que Camila no le había visto.

—A ti nadie te da estas cosas —dijo, muy bajo—. Nadie. ¿Entendido?

Y antes de que ella pudiera contestar, la besó. No como la otra vez, en el pasillo, con cuidado del labio partido. Esta vez la besó con hambre, arrinconándola contra la pared del privado, con una mano en su nuca, hasta dejarla sin aire y sin piso. Cuando la soltó, Camila tenía las piernas de trapo y el corazón desbocado.

—El fin de semana sales conmigo —dijo Dante, no como pregunta—. ¿A dónde quieres ir?

—Yo… —Camila tragó saliva, todavía mareada—. Nunca he visto el mar. De verdad, de cerca. Solo en fotos.

Algo en la cara de Dante se ablandó. Le pareció increíble que una muchacha de casi diecinueve años, que trabajaba de noche y estudiaba de día en una ciudad rodeada de costa, nunca hubiera visto el mar de cerca. Le pareció increíble, y le dolió un poco, porque él tenía yates y muelles y no le importaban, y ella no tenía nada y soñaba con el agua.

—Entonces vamos a ver el mar.

Los días siguientes fueron un cortejo comprimido, vertiginoso, que a Camila la dejó sin saber en qué momento su vida se había vuelto otra. El fin de semana la llevó al Muelle 3 y de ahí a un yate privado, blanco y enorme, con tripulación uniformada. Camila, con un vestido que había aparecido "de regalo" colgado en su puerta, se asomó a la borda y vio el mar abrirse, inmenso y verde, hasta la línea del cielo, y se le llenaron los ojos sin poder evitarlo.

—Es… es más grande de lo que pensé —dijo.

Pero ese día también conoció, de reojo, la otra cara de su mundo. La servía a bordo una mujer callada, de ojos tristes, que se comunicaba por señas: doña Nica, a la que todos llamaban la Muda. Y un muchacho, Nayo, le contó en voz baja, sin querer, que a doña Nica "le habían cortado la lengua hacía años, por hablar de más". A Camila se le heló la sangre. Miró a Dante, que daba órdenes en la cubierta con naturalidad, y por un momento el mar hermoso se le llenó de sombras.

—¿Y por qué le cortaron la lengua? —le preguntó Camila a Dante después, en voz baja, cuando doña Nica se alejó con la charola.

—Por hablar de lo que no debía —respondió él, sin dramatismo, mirando el mar—. En mi mundo, la boca cuesta caro, gata. El que habla, paga. —La miró de reojo—. ¿Te asusta?

—Sí —dijo Camila, honesta—. Me asusta que lo digas como si nada.

Dante no contestó. Pero algo en su cara se cerró un poco, como si acabara de recordar que la muchacha que miraba el mar por primera vez venía de un lugar donde a la gente no le cortaban la lengua, y que ese lugar y el suyo no cabían fácil en el mismo barco.

Él la reclamó ante todos, esa tarde, sin aspavientos: "Es mi mujer." Y le puso al cuello un collar de piedras verdes que brillaban como el mar, esmeraldas de verdad que valían más que el edificio entero donde ella vivía.

—Están bonitas —dijo Camila, tocándolas, sin saber que sostenía una fortuna—. ¿Es vidrio? ¿Vidrio verde?

Dante se rió, esa risa baja que casi nunca soltaba.

—Sí, gata. Vidrio verde.

Y no la corrigió, porque le gustó eso: que ella no supiera el precio de nada, que le pusiera al cuello una fortuna y la llamara vidrio, que no lo quisiera por lo que tenía sino a pesar de lo que era.

Mientras tanto, la mano invisible seguía limpiándole el camino. Pato Cházaro, el niño rico que la había humillado, amaneció un día hundido: su familia perdió un contrato importante, sus amigos se le esfumaron, y él, de la noche a la mañana, dejó de ser nadie en la facultad. Nadie supo por qué. Camila tampoco lo relacionó. Y aquella promesa que un hombre le había hecho sin que ella la oyera —"a esa niña le voy a bajar una estrella del cielo"— empezó a cumplirse pieza por pieza, con regalos que aparecían y ofensas que se pagaban solas.

La víspera de un viaje de Dante al sur, se quedaron en la casita que —Camila no lo sabía— él había puesto a su nombre cerca de la Central, "para que no batallara con el camión". Cenaron ahí. Y a media noche, mientras Dante revisaba unos papeles, sonó el teléfono de Camila. Era Fernanda, medio dormida, y Camila contestó en el otro cuarto, en voz baja.

—…no, Fer, no ha pasado nada de eso —susurraba Camila, roja—. Es que… ay, no sé. A veces siento que él, en el momento clave, como que… no puede. No se atreve. Se detiene. No sé si yo no le gusto tanto o…

No supo que la puerta estaba entreabierta. No supo que Dante la había oído.

Cuando colgó y volvió a la sala, Dante había dejado los papeles. La miraba de un modo distinto, con una ceja levantada y esa media sonrisa peligrosa.

—¿Con que "no puedo"? —dijo, avanzando hacia ella despacio—. ¿Eso andas contando, gata?

—¡No! ¡Yo no dije…! —Camila retrocedió, con la cara en llamas—. ¡Es que tú siempre te detienes y yo pensé…!

—Me detengo —dijo Dante, arrinconándola con suavidad contra la pared, la voz ronca contra su oído— porque no quería asustarte. Porque eras un pajarito y yo no soy un santo. —Le apartó el pelo del cuello—. Pero ya que andas diciendo que no puedo… —La alzó en brazos, y Camila le echó los brazos al cuello sin pensarlo, con el corazón desbocado y todo el pudor peleando contra todo el deseo—. A ver si puedo o no.

Y esa noche, en la casita cerca de la Central, con la lámpara apagándose y la ciudad dormida afuera, Camila dejó de ser un pajarito y fue, por primera vez, del todo suya, y él de ella.

Afuera, la ciudad seguía su curso, ajena a que en una casita cerca de la Central un hombre que mataba sin temblar acababa de temblar por primera vez en años.

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Mao Flores
Muy interesante, te atrapa la novela me encantó
Ingrid Aguiar Irigoyen
Pobre Camila es muy ingenua!!!
Ingrid Aguiar Irigoyen
Excelente
Ingrid Aguiar Irigoyen
Pobre Camila!
Ingrid Aguiar Irigoyen
Me gusta la novela!!!!!
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