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CAMINANDO ENTRE LOBOS

CAMINANDO ENTRE LOBOS

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía
Popularitas:354
Nilai: 5
nombre de autor: Julio carrasco

Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.

NovelToon tiene autorización de Julio carrasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3

Como todos los días, Germán se encontraba junto a la barra del restaurante Bahía Verde.

A su lado estaba Mario, su compañero de trabajo, ambos eran los mozos del lugar.

A la derecha de la barra se ubicaba la cocina, cuyas puertas de acceso eran de vaivén.

El local era amplio y muy espacioso.

Las mesas, elegantemente adornadas con manteles blancos, impecables, se

encontraban alineadas cerca de las paredes, la mayoría con vista a la calle.

El centro del salón hacía las veces de pista de baile, cuando después de las diez de la noche, se ofrecían espectáculos musicales muy variados.

Bandas de Jazz, Blues, y de Rock, locales, hacían sus presentaciones sobre un pequeño escenario instalado al fondo del salón.

Eran las ocho de la mañana y ya habían varias personas desayunando.

Los clientes estaban perfectamente

atendidos, por lo que Germán y Mario conversaban sobre temas sin importancia, a la espera de otros comensales, o los que ya estaban les hicieran alguna petición.

En ese momento, descendian por las escaleras un hombre y una mujer.

El, un hombre de unos cuarenta años,

elegantemente vestido, saco negro, corbata gris, y pantalones al tono.

Sus zapatos brillaban tanto, que daba la sensación de llevar espejos incrustados en el cuero.

Llevaba un maletín en su mano izquierda, en la derecha un celular, al cual venía chequeando. Era un hombre delgado, de muy buena presencia, parecía un ejecutivo hombre de negocios.

Un escalón más atrás, ella, una mujer de unos veinticinco años, hermosa, de facciones perfectas. El cabello negro, largo, increíblemente largo, caía como una cascada azabache hasta cerca de su cintura.

Su rostro iba adornado con un par de ojos capaces de enamorar hasta una piedra.

Calzaba unos zapatos de plataforma, vestía una blusa color marrón y unos pantalones vaqueros, ajustados.

Al bajar los escalones, sus caderas se balanceaban de manera muy graciosa, y a la vez muy sensual.

Esta situación, hizo que los dos hombres se quedaran mirándola con la boca abierta, como dos idiotas.

—¿Ese quién es?—preguntó Mario, dándole un pequeño codazo a su compañero — ¿Lo habías visto antes?.

—Ni idea... Tal vez llegó anoche a última hora —contestó Germán, disimulando — Solo espero que no sea el marido de la morocha.

—Puede que lo sea... — murmuró Mario

—¿Vienen juntos o me parece a mi?

—No seas pájaro de mal agüero. No te das cuenta que el puede ser su papá...

—¡ Ja! Claro... Su papá. Ella seguramente se dirige a él diciéndole¡ Hola papi!.. ¡Jaja!

Germán no pudo contestar la broma de su compañero, porque justo en ese momento el hombre llegaba al final de las escaleras, levantó su mano y saludó:

—¡Buenos días!

—¡Buenos días caballero! — respondió

Germán, que de los dos era el que estaba más cerca. —Tome asiento donde guste, enseguida lo atendemos.

—Muchas gracias —respondió él, sonriendo

La mujer también bajó y saludó:

—¡Buenos días! ¿Cómo están?

—¡Buenos días, señorita Amanda! -

respondieron a dúo — Bien y usted?

—Bien, gracias —- contestó ella, esbozando una linda sonrisa.

El hombre elegante se dirigió hacia una de las mesas junto a una ventana.

Al observar que la mujer iba en dirección opuesta, Germán lanzó un suspiro de alivio, como si se hubiera quitado un peso de encima.

—¡Uff… Menos mal! No es el marido...

—¿Si fuera el marido que tendría de malo? - le preguntó Mario, burlándose de él — Ella tiene todo el derecho a tener uno ¿no?.

—Te juro que si era el marido me suicidaba aquí mismo. Mañana mi foto sería portada en todos los periódicos, los titulares de los noticieros rezarían : "Joven enamorado se quita la vida al ver a la mujer que ama del brazo de otro. Este incidente habría sido el

desencadenante de la tragedia".

—¡Serás payaso...! — Mario se tapó la boca con una mano para no lanzar una carcajada.

—Vos atendé al caballero que yo atiendo a la dama — dijo Germán, sacando una pequeña libreta y una lapicera del bolsillo de su camisa.

—¿Por qué no lo hacemos al revés? — Mario entrecerró los ojos — Yo atiendo a la dama y vos al caballero...

—Por una sencilla razón... Vos tenés una bella mujer y un hermoso hijo esperándote en tu casa, y yo no los tengo.

—¿Eso que tiene que ver? ¿Acaso pensás que la morocha te puede dar bola?

—Nunca dije eso. Puede ser que no me dé ni la hora, pero al menos yo puedo coquetear con ella sin sentir ninguna culpa.

—Siempre te salís con la tuya, ¿no?

—No siempre...¡No seas malo! A veces te dejo ganar...

Los dos se rieron de sus comentarios, siempre en voz baja.

—Será mejor que te apures, —lo incitó Germán -—- El hombre tiene cara de no haber probado bocado en dos días.

Mario se dirigió hacia el cliente moviendo la cabeza, resignado por haber perdido la partida con su compañero, mientras Germán lo miraba alejarse, con una sonrisa triunfal dibujada en su cara.

Mario era un hombre de treinta y cinco años, medía alrededor de un metro setenta y cinco, usaba el cabello casi rapado y una barba bien recortada.

El huésped ya estaba instalado en su mesa. Había sacado unos papeles de su maletín y los estaba ojeando.

Consultó su reloj y luego miró hacia afuera, como si esperara a alguien que aún no llegaba.

Mientras tanto, la mujer ya había ocupado una mesa junto a una pared, donde se lucía un hermoso cuadro, el cual habían colocado la noche anterior.

Se había sentado casi de espaldas a la barra, y se dedicaba a observar la pintura con detenimiento.

Germán llegó a su lado sin que ella lo notara. No solo la miró, sinó que le sacó una radiografía completa a toda su anatomía.

La mujer se hospedada en el hotel desde hacía varios días, y el ya la había atendido en otras ocasiones.

No se cansaba de mirarla, es que ella le había encantado desde el primer momento en que la vió.

Desde luego, solo la miraba cuando ella no se daba cuenta, no solo para no incomodarla, sino también para que ella no fuera a pensar que el era un baboso ordinario.

Por eso, ahora que la tenía de espaldas no podía quitarle los ojos de encima. Era hermosa, como escapada de un cuento de hadas.

Amanda no había despegado sus ojos del cuadro, cuando Germán desde atrás, y sin despegar tampoco sus ojos de ella, murmuró, casi como un suspiro :

—Hermosa obra de arte...

Ella giró la cabeza y lo miró, un tanto extrañada.

—¿Perdón? -—-preguntó, no entendiendo.

—La pintura... Es una belleza, ¿no te parece?

—Aaa... Si, es muy bonita. Tiene unos trazos hermosos, además, me encanta la delicadeza de sus líneas y los relieves de su paisaje. Muy linda, de verdad...

Germán la miró con ojos tiernos, mientras pensaba: «Y yo adoro la delicadeza de tus líneas y las curvas de tu paisaje... mi cielo»...

—¿Quién es el autor de esta obra? —preguntó ella, muy curiosa — No lo distingo bien...

—¿Picasso?

—¡No te creo que sea un Picasso! —exclamó Amanda, un tanto asombrada.

Germán entrecerró los ojos, tratando de distinguir la firma del autor, que por cierto no tenía nada que ver con Picasso.

—Quise decir que Picasso estaría feliz de haber pintado esta obra... —aclaró él, haciendo un gesto de inocencia.

Amanda lo miró con el rostro serio, al cabo de unos segundos sonrió, entendiendo la broma.

—No está mal...

—Por ahora es lo único que no cobramos aquí, alguna broma o un chiste básico como el que acabo de hacer... Pero siempre con el mayor respeto hacia nuestros huéspedes.

—Bueno... Por lo menos aún queda algo que no se cobra. Veremos cuanto dura ese beneficio.

—Esperemos que mucho tiempo — concluyó él— Bien... ¿Qué vas a desayunar?. ¿Alguna cosa en especial?

—No... Nada en particular. Solo un café con leche descremada y un par de galletas de salvado... Estoy a dieta...

Germán no pudo disimular el gesto que hizo con su cara al escuchar esto último, y pensó : «¡Naa, me estás jodiendo! ¡Decime que es una broma! ¿Dieta? ¿Para qué estresarte haciendo dieta?...¡Así estás arrolladoramente divina!».

—¿Qué pasó? ¿Dije algo malo?—

preguntó Amanda, al darse cuenta que él dudaba.

—¿Malo?.. No... no.. Perdón. Es que no sé , pensé en algo que no viene al caso.Ya traigo tu pedido.

Amanda se quedó mirándolo mientras el se alejaba hacia la cocina.

Germán era un jóven de veintiocho años, medía un poco más de un metro ochenta, cabello castaño claro, no muy corto y algo enrulado. Era de complexión fuerte, y sus pasos eran firmes y seguros.

Ella se encogió de hombros, mientras sacaba su celular de la cartera...

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Lugh
Que horror tener que entrar antes un sábado
Julio Carrasco: ¡Horrible! En la mayoría de esos sitios los empleados hacen tiempo completo.
total 1 replies
Lugh
No suena mal eso pero todo lo demás es...
Lugh
A este paso todos los personajes estarán llenos de banderas rojas
🚩🚩🚩
Lugh
ahora que lo pienso
si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
Lugh
Me da mucha risa que esos dos ya se hicieron toda una historia en su cabeza y seguramente es otra cosa muy diferente
Julio Carrasco: Si, es muy diferente, pero los tipos se la creen jaja
total 1 replies
Lugh
Le acaba de pedir lo que todo barista odia preparar
café con leche descremada
Julio Carrasco: Eso y aparte estaba enojado con su patrón 🤣
total 1 replies
Lugh
jajajaja ya me parecía que era por su apariencia
Julio Carrasco: Es verdad, pero este viejo abusa 🤣🤣
total 3 replies
Lugh
Adriannnn con esas cosas no se juegan jajaja
Julio Carrasco: Jajaja es verdad 🥰
total 1 replies
Lugh
Ya me estoy encariñando con estos personajes
ojalá no mueran
Julio Carrasco
Lugh, lamento defraudarte en este primer capítulo.
Lugh: Al contrario, fue muy interesante hizo que quisiera seguir leyendo tú historia
total 1 replies
Lugh
Creo que fue muy inocente de mi parte pensar que los iban a dejar vivir
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