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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:23k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13.

Gael

No había vuelto a hablar con Valentina sobre lo que casi había ocurrido en días pasados.

Y, sinceramente, no sabía si aquello era bueno o malo.

Cada vez que recordaba el momento en que estuvo tan cerca de ella, sentía una incomodidad que no tenía nada que ver con el peligro al que estábamos acostumbrados.

Había sido un impulso.

Un segundo.

Un maldito segundo en el que olvidé que Valentina era mi protegida.

Y, técnicamente hablando, también era mi empleadora.

No podía volver a ocurrir.

No debía.

—Mierda... —murmuré, pasándome una mano por la cara.

Justo en ese momento, Martha entró a mi oficina y cerró la puerta detrás de ella.

—Gael, necesitamos hablar.

Levanté la mirada.

—¿Ahora qué pasó?

—Es sobre la chica nueva.

Fruncí el ceño.

—¿Valentina?

—Sí. Ella no tiene absolutamente nada de experiencia y, la verdad, me está dificultando más las labores.

Suspiré.

—Creo que te dije que ella no tenía experiencia en nada de esto.

—Sí, lo sé. Pero Jessi se está quejando. Dice que le está tocando hacer las cosas más pesadas y la pobre muchacha puede terminar enfermándose.

Me quedé mirándola unos segundos.

—Antes de que llegara Valentina, ¿Jessica se había quejado?

Martha abrió la boca, pero no respondió inmediatamente.

—Se llama Jessi, no Jessica.

—Como sea. ¿Se había quejado o no?

—No.

Me recliné en la silla.

—Entonces, ¿cuál crees que es el problema?

Martha guardó silencio.

—Cuando Jessi llegó aquí tampoco sabía dónde estaba parada —continué—. Se le dio la oportunidad de aprender. ¿Cuál es la diferencia con Valentina?

—Valentina...

—No.

La interrumpí.

—Aquí nadie llega aprendido, Martha. Ni tú, ni Jessi, ni yo. Así que ten un poco de paciencia.

Ella suspiró.

—Está bien.

Mi teléfono vibró sobre el escritorio.

Miré la pantalla.

Augusto.

Abrí el mensaje y leí.

Valentina debía asistir a un evento familiar importante y formal pasado mañana. Según él, mi presencia era indispensable.

También había una pequeña instrucción adicional.

Debía acompañarla vestido de gala.

Cerré los ojos.

—Mierda. Lo que faltaba.

Martha me observó.

—¿Qué sucede?

—Tengo que asistir a un evento.

—Eso no suena tan grave.

—Deno usar Smoking.

Martha sonrió.

—Te verías bien.

—No me interesa verme bien.

—Eso dices tú.

La ignoré.

Volví a mirar a Martha.

—Y ya que estamos hablando de problemas, quiero que entiendas algo. Si Jessi tiene dificultades con el trabajo, se habla con ella. Pero si el problema es Valentina, tendrá que aprender. No voy a permitir que alguien la haga sentir que no pertenece aquí.

Martha asintió.

—Lo entiendo.

—Y otra cosa.

—¿Sí?

—Jessi tiene que mejorar su comportamiento.

Martha levantó una ceja.

—¿Su comportamiento?

—Sí.

Me puse de pie.

—No soy idiota, Martha. Veo las miradas, escucho los comentarios y noto las actitudes.

Ella intentó contener una sonrisa.

—Gael...

—Estoy harto de esa mujer.

—No seas así.

—No estoy siendo así. Estoy siendo claro. Dile que, si no puede comportarse como corresponde, tendrá que irse.

Martha finalmente asintió.

—Entendido.

—Y por última vez, Valentina no se va.

Señalé hacia la puerta.

—Así que paciencia. ¿Entendido?

—Sí, Gael.

Salí de la oficina antes de que la conversación se alargara.

Encontré a Valentina junto a Jessi, intentando doblar unas telas mientras tenía una expresión de absoluto aburrimiento.

—Valentina.

Ella levantó la cabeza.

—¿Sí?

—Ven. Tu padre necesita hablar contigo.

Su rostro cambió inmediatamente.

—¿Ahora?

—Ahora.

Se levantó y me siguió.

—Ponme a hacer otra cosa —dijo de repente—. Yo no sirvo para la cocina. Prefiero barrer todo el día sola, si es necesario.

No pude evitar reírme.

Ella me miró indignada.

—¿Qué?

—Nada.

—Te estás burlando de mí.

—Un poco.

—Qué considerado.

La miré de reojo.

—Tu padre dice que hay un evento familiar al que debes asistir pasado mañana.

—Ay, no.

—Sí.

—No quiero ir.

—No es una invitación.

—Lo sé.

Se cruzó de brazos.

—Además, no tengo vestidos.

La miré.

—Eso es imposible. Tienes un armario entero lleno de ropa.

—Es verdad.

—Entonces...

—Pero no tengo nada para ese evento.

Negué con la cabeza.

—No entiendo a las mujeres.

Ella sonrió.

—Es porque eres un hombre.

—Gracias por la aclaración.

Sacó su teléfono.

—Le escribiré a mamá para que me busque algo.

Luego me miró con una sonrisa maliciosa.

—Y tú vas a acompañarnos de compras.

—No.

—Sí.

—No voy a ir contigo.

—Será divertido.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

Ella soltó una carcajada.

—Ya verás. Será lindo.

—No lo creo.

Su sonrisa se hizo más grande.

Y, contra mi voluntad, terminé sonriendo también.

Entonces recordé algo.

—Tenemos que hablar de lo que pasó el otro día.

Ella me observó unos segundos.

—¿Lo de los caballos?

Asentí.

—Sí.

Valentina se encogió de hombros.

—Fue lindo.

Me quedé callado.

—Y no pasó nada —añadió antes de darse la vuelta.

—Valentina...

Pero ya estaba regresando con Jessi.

La vi alejarse y suspiré.

Aquella mujer tenía una habilidad especial para dejarme sin palabras.

---

Esa noche estaba revisando unos informes cuando escuché unos golpes en la puerta.

—Adelante.

Valentina asomó la cabeza.

—Mamá dice que mañana vayamos a conseguir vestidos.

—Perfecto.

—Y tú serás nuestro acompañante.

Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás.

—¿Por qué?

Ella entró riéndose.

—Porque eres nuestro guardaespaldas.

—Soy tu guardaespaldas.

—Ahora también eres el de mi mamá.

—Qué suerte la mía.

—Te vas a divertir.

—Lo dudo.

Ella caminó hacia la puerta.

—El caso es que vamos a la ciudad.

—Ya lo sé.

—Entonces descansa, Gael.

—Descansa, Valentina.

Cuando cerró la puerta, me quedé mirando el techo.

Algo me decía que el día siguiente iba a ser largo.

Y tenía razón.

---

Al mediodía estábamos en un centro comercial.

Valentina y su madre parecían más amigas que madre e hija.

Se reían, hablaban de vestidos, se mostraban fotografías y discutían sobre zapatos.

Yo hacía lo único que sabía hacer.

Vigilar.

Entradas.

Salidas.

Ascensores.

Personas que permanecían demasiado tiempo cerca.

Cámaras.

Reflejos en los vidrios.

Cada detalle.

Mientras ellas se probaban vestido tras vestido, yo permanecía afuera de los probadores.

No opinaba.

No preguntaba.

Y mucho menos decía cuál me gustaba.

Era una batalla en la que prefería no participar.

Después de casi una hora, Augusto apareció.

—Gael.

Me acerqué.

—Señor Montenegro.

—Puedes retirarte. Yo me encargo de ellas.

Asentí.

No iba a discutir.

Antes de irme, lo vi acercarse a su esposa y a Valentina.

Las abrazó.

Durante unos segundos parecían una familia completamente normal.

Un padre orgulloso.

Una madre feliz.

Una hija querida.

Era difícil imaginar que un hombre capaz de mover tantas piezas detrás de un escritorio pudiera tener una parte tan oscura.

Y, sin embargo, algo en él seguía sin convencerme.

No sabía qué.

Tal vez era solo mi instinto.

Tal vez estaba equivocado.

Pero había aprendido hacía mucho tiempo que ignorar una sensación incómoda podía costar caro.

Salí del centro comercial y llamé a Thiago.

Contestó casi de inmediato.

—Hermano.

—¿Qué pasó?

—Estaba a punto de escribirte.

Me detuve junto al vehículo.

—Habla.

—Seguí buscando información sobre los vehículos que vimos.

—¿Y?

—Hay varios vehículos sospechosos cerca del lugar donde se realizará el evento de mañana.

Mi expresión cambió.

—¿Estás seguro?

—Lo suficiente para decirte que tengas cuidado.

Guardé silencio.

—Además, conseguimos un nombre.

—¿Cuál?

—El ucraniano.

Esperé.

—Se llama Viktor Kovalenko.

Anoté el nombre mentalmente.

—¿Qué sabemos?

—Todavía poco. Lo estamos investigando. Y, por lo que parece, los equipos de Montenegro tampoco saben nada.

Fruncí el ceño.

Eso era extraño.

Muy extraño.

Si aquellos hombres estaban relacionados con las amenazas, ¿por qué nadie de los equipos de Augusto había encontrado información sobre ellos?

—Gracias —dije.

—Te seguiré informando.

—Hazlo.

—Y ten cuidado mañana.

Miré hacia el edificio.

—Lo tendré.

Colgué.

Me quedé unos segundos en silencio.

Había algo que no encajaba.

Los vehículos.

El hombre con acento ucraniano.

Las amenazas.

Los ataques.

Y ahora un evento familiar donde, casualmente, aparecían vehículos sospechosos.

Demasiadas coincidencias.

Guardé el teléfono en el bolsillo.

No sabía quién estaba moviendo las piezas.

Pero alguien lo estaba haciendo.

Y si tenía razón, mañana Valentina no solo tendría que preocuparse por qué vestido usar.

Tendría que preocuparse por quién estaría esperando verla llegar.

1
Mirta Gomez
me encanto una historia con muchas complicaciones peligro una relacion un padre egoista Pero la rekacion de pareja hermosa Felicitaciones
Francisca Letycia MirandaGarcia
excelente historia gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
Augusto lo quiso matar y logró escapar
Francisca Letycia MirandaGarcia
solo hay una explicación no es su hija, pero la madre tampoco ha dicho lo contrario
Francisca Letycia MirandaGarcia
pobre Gael ahora que está embarazada Valentina
Francisca Letycia MirandaGarcia
ya le están dando muchas vueltas al asunto y nada que se sabe de la verdad
Francisca Letycia MirandaGarcia
sería Alejandra la de los mensajes
Francisca Letycia MirandaGarcia
aparte de avaricioso, asesino
Francisca Letycia MirandaGarcia
que extraño es Augusto que estará tramando
Francisca Letycia MirandaGarcia
que hombre, hay que tenerlos bien puestos para aceptar una verdad así
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí que la zorrita le dijo lo de Thiago, y ella debió hablar antes de meterse con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
me pregunto si su madre ya se dió cuenta habemos mujeres que no somos tan estupidas
Francisca Letycia MirandaGarcia
algo me dice que Valentina no es su hija y el hombre que anda rondando el tal ruso tiene que ver con su verdadera familia
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo es un misterio
Francisca Letycia MirandaGarcia
por eso el padre tiene esa propiedad y que le harían al padre de ellos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq la quiere destruir Alejandra o a quien está ayudando
Francisca Letycia MirandaGarcia
el viejo tiene amante y es Alejandra
Francisca Letycia MirandaGarcia
con que tranquilidad lo tomo Thiago, pero no está muy bien pq son hermanos
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo esto está enredado y ella ya se enamoro de Gael
Francisca Letycia MirandaGarcia
no quiero pensar mal del padre pero se me hace muy sospechoso
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