⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Súbete
El aire en el pasillo oscuro se había vuelto tan denso que parecía quemar al respirar. La mano de Min-hyuk seguía apoyada en la pared, bloqueando cualquier salida para Tae-jun, mientras el neón azul dibujaba sombras peligrosas sobre las facciones perfectas de ambos. Sus aromas se estaban devorando mutuamente. El cedro amargo y la tormenta eléctrica de Min-hyuk golpeaban con fuerza, pero la cereza negra y el tabaco dulce de Tae-jun respondían con la misma agresividad, negándose a ceder un solo milímetro de terreno.
Estaban a tan solo un suspiro de distancia. Los ojos oscuros del Alfa robusto bajaron de nuevo hacia los labios carnosos de Tae-jun, y por un segundo, la fachada de rivales corporativos pareció colapsar por completo ante un instinto mucho más primitivo y salvaje.
—¿Señor Min? ¿Señor Kim?
Una voz temblorosa e incómoda cortó el silencio eléctrico como un hachazo.
Min-hyuk no se apartó de inmediato. De hecho, tardó un par de segundos en los que dedicó una mirada lenta y posesiva a Tae-jun, como advirtiéndole que esto no había terminado, antes de enderezar su imponente cuerpo. A la entrada del pasillo se encontraba uno de los asistentes de la junta del Grupo Min, sosteniendo una tableta y sudando frío bajo la invisible pero asfixiante presión de las feromonas de dos Alfas dominantes.
—L-lamento interrumpir —tartamudeó el joven Beta, bajando la cabeza—. Pero los directores de la mesa principal los están esperando para el brindis de honor. Me pidieron que los buscara.
Tae-jun soltó una risa cargada de burla. Se despegó de la pared con total parsimonia, acomodándose el cuello de su camisa de negra con la punta de sus dedos. Su rostro volvió a adoptar esa expresión de rey intocable, aunque sus mejillas conservaban un rastro casi imperceptible del calor del momento.
—No te preocupes —dijo Tae-jun, mirando al asistente con una cortesía helada—. El señor Min y yo solo estábamos... midiendo el alcance de nuestras propuestas. Resulta que a su propuesta le falta un poco de flexibilidad.
Min-hyuk apretó los dientes, sintiendo cómo el veneno de Tae-jun le encendía la sangre una vez más. Caminó al lado del Alfa de regreso al salón principal, manteniendo una distancia mínima, casi rozando sus hombros.
—Eso es porque prefiero las estructuras sólidas —replicó Min-hyuk con voz ronca—. Aunque tengo una excelente capacidad de adaptación cuando el terreno se pone verdaderamente difícil. Te sorprendería lo que puedo llegar a doblegar cuando me lo propongo.
El asistente caminaba un paso por delante de ellos, completamente ajeno al doble sentido de la conversación. Para él, solo eran dos tiburones corporativos discutiendo sobre los términos del contrato millonario.
Cuando entraron al área VIP principal, el contraste fue absoluto. Las luces violetas parpadeaban sobre los sillones de terciopelo, donde varios socios comerciales ya estaban pasados de tragos. A sus costados, hermosos Omegas se reían de sus chistes malos, refregando sutilmente sus hombros y cuellos contra los brazos de los hombres mayores para impregnarlos con sus aromas a flores y frutas, buscando asegurar algún beneficio económico.
Min-hyuk y Tae-jun se integraron a la mesa principal, sentándose de nuevo uno frente al otro. Dos de los directores más ancianos de la Torre Kim levantaron sus copas de champán en cuanto los vieron.
—¡Ah, aquí están los herederos! —exclamó uno de ellos, un Alfa de avanzada edad que ya apenas emitía feromonas—. Estábamos comentando lo reñida que está esta fusión. Señor Min, su propuesta inicial fue sumamente agresiva. Fue un movimiento muy dominante de su parte.
Min-hyuk tomó su vaso de whisky, fijando sus ojos oscuros directamente en Tae-jun, quien en ese momento estaba rechazando con un sutil pero firme gesto de la mano a un Omega que intentaba servirle más vino.
—Me gusta tomar la iniciativa, caballero —dijo Min-hyuk, sosteniendo la mirada del Alfa pálido sobre el borde de su vaso—. Cuando veo algo que tiene valor, me gusta ponerlo contra la pared y demostrarle quién manda desde el primer segundo. Es la única forma de saber si va a resistir el ritmo o si se va a romper a la primera presión.
Los socios mayores se rieron con ganas, asintiendo con la cabeza, pensando que hablaba de su agresiva estrategia de adquisición de acciones.
—Una táctica clásica de los Alfas de la vieja escuela —comentó el tío de Tae-jun, dándole un trago a su copa—. ¿Y usted qué opina, sobrino? ¿La Torre Kim podrá soportar esa presión?
Tae-jun apoyó la barbilla sobre los dedos entrelazados de su mano izquierda, dedicándole a Min-hyuk una sonrisa cargada de una sensualidad peligrosa. Sus labios carnosos brillaban bajo el neón del club.
—La Torre Kim no solo va a soportar la presión, tío —respondió Tae-jun con una suavidad que hizo que a Min-hyuk se le tensaran los músculos del muslo—. Al señor Min le gusta creer que siempre tiene el control de la situación, pero no se ha dado cuenta de que a veces, dejar que el otro avance es solo una estrategia para estudiar sus debilidades. Me gusta ver cómo se esfuerza. Es divertido ver a un Alfa de su tamaño creer que va a dominar el juego, cuando en realidad solo está cayendo directo en mi red. Al final del día, soy yo quien decide cuándo se acaba la partida.
—¡Excelente mentalidad competitiva! —aplaudió otro de los socios Betas, completamente ciego a la electricidad que amenazaba con hacer estallar la mesa—. ¡Eso es defender el orgullo de la empresa!
Min-hyuk sintió una ráfaga de calor recorrerle la espina dorsal. Las indirectas de Tae-jun eran insultos directos a su orgullo, pero al mismo tiempo funcionaban como el afrodisíaco más potente que había experimentado en su vida. Ver la confianza absoluta de ese hombre, su elegancia para retarlo delante de todos sin que nadie lo notara, lo estaba volviendo loco. Quería sacarlo de ese club a rastras, llevarlo a un lugar oscuro y demostrarle exactamente quién iba a terminar suplicando por el control.
Pasada la medianoche, Tae-jun decidió que ya había jugado suficiente por esa noche. Se levantó del sillón con su gracia habitual, despidiéndose de los directores con una inclinación de cabeza perfecta.
—Ha sido una velada interesante, caballeros. Pero tengo asuntos que atender temprano por la mañana —dijo Tae-jun. Sus ojos recorrieron a Min-hyuk por última vez, fijos y desafiantes—. Buenas noches, señor Min. Intente no perder el sueño pensando en mi propuesta.
—Buenas noches, Kim —respondió Min-hyuk, con una calma fingida que ocultaba una tormenta a punto de estallar.
Tae-jun caminó hacia la salida del club, sintiendo las miradas de varios Omegas sobre su espalda, pero su atención seguía fija en el rastro de cedro amargo que había dejado atrás. Salió a la calle, donde una lluvia fina y fría comenzaba a caer, refrescando el asfalto caliente de la metrópolis. Su chofer privado aún no había llegado debido al tráfico de la zona.
Tae-jun caminó unos pasos hacia el área de estacionamiento techado, buscando cubrirse de la llovizna. Estaba por sacar su teléfono cuando sintió que el aire a su espalda se volvía pesado y caliente otra vez. El aroma a tormenta eléctrica lo inundó antes de que pudiera girarse.
Una mano grande y firme lo tomó del brazo, justo por encima del codo. El agarre no era doloroso, pero tenía la fuerza incuestionable de un Alfa que no iba a aceptar un "no" por respuesta.
—Aún no hemos terminado de hablar —la voz de Min-hyuk sonó justo detrás de su oreja, ronca, pesada y cargada de una urgencia que ya no se podía ocultar bajo su traje.
Tae-jun se giró despacio, quedando a centímetros de Min-hyuk. Sus ojos brillaron en la penumbra del estacionamiento.
—Suéltame, Min-hyuk. No es el lugar ni el momento —dijo Tae-jun, manteniendo la voz firme, aunque el roce de los dedos del Alfa robusto sobre su piel le estaba enviando descargas eléctricas directamente a la pelvis.
En lugar de soltarlo, Min-hyuk lo arrastró un par de pasos hacia la izquierda, donde estaba estacionado su enorme auto deportivo negro de cristales blindados. Con un movimiento rápido, Min-hyuk abrió la puerta del copiloto con una mano mientras con la otra empujaba sutilmente el cuerpo de Tae-jun hacia el interior del vehículo, acorralándolo contra el asiento de cuero oscuro.
Min-hyuk se inclinó sobre él, invadiendo por completo el espacio del auto, liberando sus feromonas de manera tan salvaje que el interior del vehículo se transformó de inmediato en un nido de tensión afrodisíaca. Su mandíbula estaba rígida y sus ojos oscuros devoraban la figura de Tae-jun bajo la luz tenue del tablero. Era una orden silenciosa, una demostración de fuerza bruta que casi rozaba la obligación.
Tae-jun se quedó inmóvil en el asiento, con la espalda apoyada en el cuero. No intentó golpear a Min-hyuk, ni gritó, ni mostró pánico. En lugar de eso, apoyó una de sus manos pálidas contra el pecho musculoso de Min-hyuk, sintiendo los latidos acelerados y potentes del corazón del Alfa robusto bajo la tela de su traje.
Tae-jun lo miró fijamente a los ojos, redoblando la apuesta una vez más con una sonrisa ladeada, fría pero cargada de una promesa ardiente. Su aroma a cereza negra estalló dentro del auto, mezclándose con el cedro en una explosión que les nubló el juicio a ambos.
—Súbete, Kim. Nos vamos de aquí ahora mismo —ordenó Min-hyuk, con la respiración entrecortada, con una mano firme en el marco de la puerta.
Tae-jun humedeció sus labios carnosos, sosteniendo la mirada devoradora del Alfa imponente. Su voz sonó suave, sibilante, pero con una seguridad que dejó en claro que, incluso en esa posición, él seguía siendo un rey.
—Solo quiero ver hasta dónde pretendes llegar —dijo Tae-jun, deslizando sus dedos lentamente por el pecho del Alfa antes de acomodarse en el asiento—. Súbete y demuéstramelo.
Min-hyuk soltó un gruñido, un sonido puramente animal de posesión y victoria. Cerró la puerta del copiloto de un golpe que resonó en todo el estacionamiento y rodeó el auto a zancadas antes de subirse al asiento del conductor, listo para llevarlos directo donde sus orgullos y sus cuerpos finalmente se desmoronarían por completo.
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪