Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 19 — EL REGRESO
“Volver al colegio era exactamente lo que quería… pero no sabía que mi regreso cambiaría muchas cosas.”
Después de tantos días lejos del colegio, finalmente llegó la mañana que tanto había esperado. Me desperté temprano, incluso antes de que sonara la alarma, y por unos segundos me quedé acostada mirando el techo, pensando en todo lo que había pasado. Todavía me parecía extraño recordar que había estado en el hospital y que ahora podía volver a mi vida normal. Me levanté con calma, me vestí y bajé a desayunar. Mi mamá ya estaba en la cocina y, apenas me vio, volvió a recordarme que tenía que cuidarme. —Hoy vuelves, pero no quiero que te olvides de que todavía estás recuperándote —me dijo mientras dejaba mi desayuno sobre la mesa. Sonreí y le aseguré que tendría cuidado. Mateo llegó unos minutos después, se sentó frente a mí y comenzó a molestarme como siempre. —A ver cuánto duras sin quejarte de estar cansada —dijo riéndose. Lo miré seriamente y terminé riéndome también. Extrañaba esas pequeñas cosas.
Cuando llegamos al colegio, sentí una emoción difícil de explicar. Había pasado tantos días imaginando ese momento que, cuando finalmente crucé la entrada, me quedé unos segundos observando todo. Los mismos pasillos, las mismas salas, los mismos estudiantes caminando de un lado a otro. Todo seguía exactamente igual, pero yo sentía que había cambiado. Caminé junto a Mateo hasta la sala y, apenas entré, Emilia levantó la mirada y prácticamente corrió hacia mí. —¡Sophie! ¡Por fin! —exclamó mientras me abrazaba con cuidado. —Te extrañamos muchísimo —agregó Catalina acercándose, mientras Thiago sonreía desde atrás. —Yo les dije que volvería —respondí riendo. Emilia me miró de arriba abajo y preguntó si realmente me sentía bien. —Sí, estoy mucho mejor. Ya no quería seguir encerrada en mi casa —contesté. Mateo, que estaba detrás de mí, intervino enseguida: —Pero tampoco significa que pueda hacer cualquier cosa. Mi mamá me encargó que la cuidara. —¡Ay, Mateo! —protesté—. No necesito guardaespaldas.
Todos comenzaron a reír.
Entonces levanté la mirada y lo vi. Demián estaba sentado en nuestro lugar, exactamente donde siempre. Al verme, dejó lo que estaba haciendo y sonrió. Sentí inmediatamente ese nerviosismo que aparecía cada vez que lo tenía cerca. Caminó hacia mí y, cuando estuvo frente a mí, me preguntó en voz baja: —¿Cómo estás? —Mucho mejor —respondí. Él me observó unos segundos antes de decir: —Me alegra. De verdad. Después sonrió y agregó que había estado esperando que regresara.
No pude evitar sonreír también. Había recibido mensajes suyos durante esos días, pero escucharlo decirlo frente a mí era diferente. Sentí una felicidad enorme y traté de disimularla mientras nos sentábamos.
La primera clase se me pasó más rápido de lo que esperaba. Me costaba concentrarme porque tenía demasiadas cosas en la cabeza, pero también me gustaba volver a estar ahí. De vez en cuando Demián me preguntaba si estaba cansada o si necesitaba algo. Yo le decía que estaba bien y continuaba con mi trabajo. En un momento, mientras escribía, él se inclinó un poco hacia mí y preguntó: —¿Te arrepientes de haber vuelto? Lo miré y negué con la cabeza. —No. Extrañaba esto. —¿El colegio? —preguntó con una sonrisa. Me quedé callada un segundo antes de responder: —También. Él soltó una pequeña risa y volvió a mirar hacia adelante, mientras yo intentaba esconder mi sonrisa.
Durante el recreo volvimos a estar los seis juntos. Emilia comenzó a contar algo que había ocurrido el día anterior y Thiago no tardó en hacer una broma que hizo reír a todos. Catalina se burló de él y Mateo terminó metiéndose en la conversación. Yo simplemente los observaba y sentía que había recuperado una parte de mi vida que había extrañado muchísimo. Demián estaba a mi lado, escuchando la conversación, pero de vez en cuando nuestras miradas se encontraban. No necesitábamos decir demasiado para entendernos.
Al terminar las clases, guardé mis cosas lentamente. No quería que el día terminara tan rápido. Cuando salimos de la sala, Demián caminó junto a mí hasta la entrada. —Me alegra que hayas vuelto —dijo nuevamente. —A mí también —respondí. Se quedó mirándome y luego sonrió. —Entonces nos vemos mañana. —Mañana —contesté.
Me despedí de todos y caminé junto a Mateo hacia la salida. Mientras avanzábamos, miré una última vez hacia atrás. Demián seguía allí, observándome.
Sonreí sin poder evitarlo y continué caminando. Después de todo lo que había vivido, pensé que regresar al colegio significaba recuperar mi tranquilidad, volver a mis amigos y continuar con mi vida.
Sentía que finalmente las cosas comenzaban a acomodarse otra vez.
Pero mientras caminaba hacia mi casa, no podía imaginar que aquel regreso no era el comienzo de una etapa tranquila.
Era el comienzo de algo que todavía no estaba preparada para descubrir.