Es la 2da parte de la obra" No soy la debilidad de nadie", pero ahora la trama, es el embarazo de Valentina socia y amiga de las gemelas Laura y Lorena Lombardi. En la noche después de la fiesta de la empresa "Angora VS Asociadas", fundadas por las Lombardis y sus amigos Jon Jairon, Karla y Valentina en Moscú, recibio un premio internacional. Al finalizar la fiesta donde Alexander CEO y hermano mayor de las gemelas Lombardi encargado de la seguridad, es provocado por Valentina una mujer ardiente y sin filtros, y tiene un encuentro sexual apasionado, caliente y sin compromiso, donde ambos ponen sus límites. Solo que por el alcohol, la premura y el momento no fueron precavidos lo suficiente y la consecuencia es un Embarazo. Que pasará ahora...
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La venganza de Cleopatra.
La venganza de Cleopatra
La sala VIB del antro era un universo paralelo, un oasis de terciopelo rojo y luces tenues que filtraban el estruendo de la pista principal como si fuera un susurro lejano. Allí, en ese palco privado con vistas privilegiadas al mar de cuerpos que se movían al ritmo hipnótico de la música electrónica, Lorena y Dimitri, Valentina y Alexander habían creado su propia burbuja de complicidad. Las risas brotaban con la misma facilidad que el vodka de frutos rojos que Alexander había mandado traer de su barra privada, y las conversaciones saltaban del ruso al italiano con una naturalidad que solo la cercanía genuina permite. Dimitri, con su elegancia natural, susurraba algo al oído de Lorena que la hacía sonrojar mientras sus manos se entrelazaban sobre la mesa de cristal, y Alexander, más relajado que nunca, mantenía a Valentina pegada a su costado, su brazo rodeando sus hombros con una posesión que ella, lejos de rechazar, celebraba con una sonrisa pícara.
Fue en ese momento de euforia compartida cuando Valentina, con los ojos brillantes por la musica y la alegría, deslizó el teléfono sobre la mesa y, sin previo aviso, marcó el número de Laura. La pantalla parpadeó unos segundos hasta que, con el cabello alborotado y los ojos entrecerrados por el sueño, la imagen de Laura apareció en la llamada, su voz ronca y confusa preguntando qué ocurría a esa hora.
El caos controlado estalló entonces. Valentina y Lorena, como dos adolescentes traviesas, comenzaron a reír sin control, contándole a Laura, entre jadeos y carcajadas, la historia completa de la video llamada lograda y la cena en el Palazzo degli Zar. Laura, aún medio dormida, se fue contagiando de la alegría hasta que sus ojos se abrieron por completo y su risa se unió al coro. Fue entonces, en el momento más álgido de la celebración, cuando la puerta del dormitorio de Laura se abrió y la figura imponente de Fred apareció en el marco, con el ceño fruncido y el cabello despeinado, su rostro de alemán adusto mostrando una mezcla de confusión y molestia por el escándalo que interrumpía su sueño. Lorena, al verlo, no pudo contenerse y, con una malicia que solo la distancia y la protección de la pantalla le permitían, exclamó: "¡Hola, amargado Fred!", acompañando la frase con un gesto infantil sacando la lengua. La imagen de Fred, tan serio y desconcertado, fue el detonante perfecto: las tres mujeres estallaron en una carcajada tan poderosa que las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, un torrente de risa compartida que trascendía husos horarios y fronteras, mientras Fred, desde su lado de la pantalla, observaba la escena con una mezcla de exasperación y, quizás, un destello de diversión que no lograba ocultar del todo.
Pero Lorena, envalentonada por el momento y el alcohol, decidió llevar la travesura un paso más allá. Con una sonrisa de gato que había visto volar un canario, miró directamente a Fred a través de la pantalla y soltó la bomba: "¿Sabes, hermana, quién me preguntó por ti hace unos días? Ese hermoso chico italiano que estudiaba diseño con nosotras, Marco Aurelio. Me dijo: 'Lorena, ¿dónde está la dama más fina, hermosa y alegre del cuarteto?' Y yo le contesté: 'No desesperes, Marco Aurelio, nuestra Cleopatra está a nada del divorcio, un alemán se te adelantó pero su imperio tambalea'". Las palabras cayeron como una bomba de humo en la habitación de Laura, y mientras Valentina y Laura reían a lágrima viva, el rostro de Fred se transformó: el ceño se frunció aún más, sus ojos se oscurecieron y, con un movimiento rápido, arrebató el teléfono de las manos de su esposa. "Ese rey tiene ganas de morir", gruñó con voz grave, y antes de que las chicas pudieran reaccionar, tomó la barbilla de Laura con una mano firme y la besó con una posesión que era a la vez un castigo y una declaración de guerra. Luego, mirando a la pantalla con una sonrisa gélida, añadió en un alemán cortante: "Es tut mir leid, Mädchen, die Unterhaltung ist vorbei. Wir haben viel freudigere und köstlichere Dinge zu tun. Morgen unterhalten wir uns weiter". Y colgó, dejando a Valentina y Lorena mirándose con los ojos abiertos de par en par antes de que la risa las doblara nuevamente. "El imbécil se puso celoso", logró decir Valentina entre jadeos. "Que aprenda a tratar a su reina o su imperio se derrumba", añadió Lorena, mientras Dimitri, que había observado toda la escena con su sonrisa enigmática, comenzaba a bailar con su esposa, susurrándole al oído palabras que la hacían estremecer, y Alexander, en silencio pero con una mano firme sobre el vientre de Valentina, la atrajo contra él con una posesión que hablaba de otros imperios, otros reinos, y otras batallas por ganar en la noche moscovita.