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SOMBRAS QUE NO SEVAN

SOMBRAS QUE NO SEVAN

Status: En proceso
Genre:Escuela / Fantasía LGBT / Traiciones y engaños
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.

Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.

Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…

Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

TEMPORADA 2 capitulo2: EL CONSEJO DE LAS SOMBRAS

Pasaron la noche en vela, revisando una y otra vez las hojas rescatadas, pero los códigos seguían siendo un muro infranqueable. Lo único claro era que el Consejo de los Trece no actuaba solo en el pueblo: sus nombres aparecían vinculados a propiedades, cuentas y negocios en toda la región. Si Héctor era solo una pieza, el resto del tablero estaba escondido demasiado bien.

Al amanecer, Izack se asomó por la ventana y vio algo que le heló la sangre: en la tierra húmeda del jardín, justo debajo de su habitación, había huellas de botas grandes y pesadas. Y entre ellas, manchas oscuras, secas pero inconfundibles: sangre fresca. Héctor había estado ahí. No se había ido lejos. Había vuelto a mirarlos.

—No estuvo solo —dijo Axel, que apareció a su lado tras ver las marcas—. Esas huellas no son de una sola persona. Vinieron a comprobar si teníamos lo que nos faltaba.

Subieron a la sala sin hacer ruido, pero al llegar se encontraron con Tomás frente a la mesa, pálido, con la mano temblando sobre un papel que alguien había dejado ahí, en medio de todos. No tenía firma, solo una lista de nombres: los suyos, los de Mateo, Lucas, Valentina, Camila y Benjamín. Junto a cada uno, una sola palabra: *OBSERVADO*.

—Entraron —susurró Tomás—. Mientras dormíamos. Entraron aquí mismo.

El pánico empezó a extenderse, pero Izack sintió cómo la mano de Axel buscaba la suya y la apretaba con fuerza. Giró la cabeza y se encontró con su mirada: no había miedo en ella, solo determinación.

—No podemos dejar que nos paren —dijo Axel para todos—. Si nos quedamos quietos, nos encuentran. Si avanzamos nosotros, les tomamos la delantera.

Decidieron ir a la vieja fábrica esa misma tarde, pero antes de salir, Izack se quedó un instante solo en el pasillo. Necesitaba un momento, solo para respirar, para dejar de sentir que todo se le venía encima. Pero no estuvo solo mucho tiempo: Axel llegó en silencio y lo atrajo hacia un rincón apartado, donde nadie los vería.

—Estás temblando —le dijo, pasándole el dorso de los dedos por la mejilla—. No tienes que ocultármelo.

—Sé que podemos perderlo todo —respondió Izack con voz rota—. Sé que ellos tienen mucho más poder que nosotros. Pero tengo miedo… miedo de que te hagan daño por mi culpa.

Axel se acercó más, hasta que sus cuerpos casi se rozaron, y le sostuvo la mirada con una intensidad que le quitó el aliento.

—Yo elijo estar aquí. Elijo estar contigo. Y nada de lo que venga va a cambiar eso.

Y sin esperar más, lo besó. Fue un beso distinto al anterior: no solo deseo, sino promesa. Ardiente y firme, como si quisiera grabar en cada respiro que no lo abandonaría. Izack le rodeó el cuello con los brazos, apretándose contra él, respondiendo con la misma fuerza, sintiendo cómo el calor de su cuerpo alejaba el frío y el miedo. Sus labios se movían con urgencia, pero con cuidado, como si ambos supieran que ese momento era lo único real en medio de tanta mentira. Cuando se separaron, sus frentes seguían apoyadas, respirando agitadamente.

—Te protegeré —susurró Axel contra sus labios—. Con mi vida si hace falta.

Salieron juntos, listos para enfrentar lo que fuera. Pero al llegar a la entrada de la fábrica, se detuvieron en seco. La puerta principal estaba abierta de par en par, y en el suelo, justo en el umbral, había algo que brillaba bajo la luz del sol: un trozo de tela manchada de sangre, y junto a él, una sola llave de metal, grabada con un número: **13**.

No era una trampa cualquiera. Era una invitación. Y sabían que si entraban, ya no habría vuelta atrás.

**FIN DEL CAPÍTULO 12**

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