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EL VENENO DE TU DESAMOR...

EL VENENO DE TU DESAMOR...

Status: En proceso
Genre:Venganza de la Esposa / Amor-odio / Traiciones y engaños
Popularitas:437.7k
Nilai: 5
nombre de autor: JHOHANNA PEREZ

Todos hemos sido villanos en la historia mal contada de alguien.

Ángela Martinelli Villalba, jamás imaginó que un día sería la antagonista en la vida del hombre al que más amaba. Durante cuatro años fue la esposa leal y profundamente enamorada de Iván Aristeguí, el temido capo de la mafia española, conocido en el bajo mundo como El Rey Rojo. Un hombre que no necesita levantar la voz para imponer respeto; su apellido y su sobrenombre bastan para infundir temor.


Pero una tarde de invierno, las promesas se quiebran.
Darío Aristeguí, primo de Iván, en complicidad con Marina Saldaña, urde una traición perfecta. Con pruebas fabricadas y mentiras cuidadosamente sembradas, acusan a Ángela de deslealtad frente a su esposo. Cegado por la ira y el orgullo, Iván no escucha, no pregunta, no duda. La sentencia sin juicio y la abandona en manos del hombre que más la odia.

Ángela suplica. Implora una oportunidad. Ruega que él la mire a los ojos y le diga de qué la acusa. Pero Iván le da la espalda

NovelToon tiene autorización de JHOHANNA PEREZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reina fría...

Inmediatamente supo que no estaba en aquella habitación oscura, húmeda y desprovista de vida donde sus peores recuerdos habían quedado atrapados como ecos de un infierno reciente. El aire era distinto. Más limpio. Más vivo. La luz no hería… acariciaba.

La enfermera a su cuidado había salido unos minutos a tomar café. Al regresar, se puso los guantes quirúrgicos con la rutina automática de quien repite el mismo procedimiento cada día: masajes para reactivar la circulación, hidratación de la piel, revisión de signos vitales.

No esperaba encontrarla despierta.

—Hola… ¿quién eres?… ¿Dónde estoy? —preguntó Ángela en voz baja, áspera, con dificultad, pero lo suficientemente clara como para detener el mundo por un segundo.

La enfermera se quedó inmóvil. Sus ojos verdes claros se abrieron con sorpresa. Y luego… sonrió. Una sonrisa amplia, luminosa, cargada de alivio. —Señorita Ángela… despertó… —susurró con emoción—. Esto es maravilloso. Está en la casa del señor Monticello, está a salvo. Espere un momento, llamaré al doctor Sforza para que venga a examinarla… y debo avisarles a todos… se pondrán muy felices.

La emoción pudo más que el protocolo. No esperó respuesta. Salió prácticamente corriendo por los pasillos de la villa, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, hasta llegar al comedor principal.

Audrey Monticello, Letizia y el doctor Lorenzo Sforza desayunaban en una mesa amplia, elegante, bañada por la luz del amanecer que entraba por los ventanales.

—¡Señor Monticello! ¡Señor Monticello! —gritó la joven apenas cruzó la puerta, agitada.

Audrey se puso de pie de inmediato, la silla rechinó contra el suelo. —¿Le pasó algo a mi niña? —preguntó con una mezcla de temor y urgencia que le endureció el rostro.

La enfermera respiró profundo, intentando controlar la emoción… pero no pudo ocultar la sonrisa. —Sí… le pasó algo muy bueno. Acaba de despertar… y preguntó dónde estaba. Doctor Sforza, debe ir a examinarla.

No había terminado la frase cuando Audrey ya avanzaba con pasos largos y decididos hacia la salida. Letizia lo siguió de inmediato, con el corazón en la garganta.

El doctor Sforza se puso en pie y fue tras ellos.

Audrey abrió la puerta de la habitación sin detenerse; la buscó con la mirada. Allí estaba, sus ojos abiertos, conscientes, vivos. Una sonrisa de alivio, casi de incredulidad, iluminó su rostro endurecido.

—Mi niña… mi niña… despertaste… —su voz se quebró apenas.

Se acercó con cuidado de no tocarla demasiado fuerte. Tomó su mano con suavidad y la llevó a sus labios.

Letizia hizo lo mismo desde el otro lado de la cama, sus dedos temblaban. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no pudo contener. Intentó hablar… pero la emoción le cerró la garganta.

—¿Cómo te sientes, mi niña? —preguntó Audrey con una ternura poco común en él—. ¿Cómo estás?… ¿Nos recuerdas?

Ángela giró ligeramente el rostro hacia ellos. Sus ojos miel, aún cansados, reflejaban una mezcla de calma y tormenta. Esbozó una leve sonrisa. —Estoy bien… —respondió con voz débil—. Siento el cuerpo cansado… pero supongo que es normal… y por supuesto que los recuerdo… a ti… y a ti también, tía Letizia.

Hizo una pequeña pausa, respirando con dificultad. —Gracias por haber ido por mí…

Sus ojos cambiaron, el calor se transformó en algo más oscuro, más frío. —Díganme que dejaron vivo a Darío Aristegui… —continuó, con una firmeza que contrastaba con su estado—, porque quiero ser yo quien le desholle la piel pedazo a pedazo… sin anestesia.

En su mirada brilló un odio visceral, puro, crudo.

Audrey sintió cómo la sangre le hervía, Su expresión se endureció al instante. —¿Ese infeliz fue quien te lastimó? —preguntó con voz grave, cargada de furia contenida—. ¿Lo recuerdas todo?

No soltó su mano.

Ángela lo sostuvo con la mirada. —Recuerdo… cada maldito segundo —respondió, apretando apenas los dedos—. Desde que llegué a mi casa… hasta que ese infeliz llegó por mí y me llevó a la mazmorra.

Su respiración se volvió más pesada. —Recuerdo absolutamente todo.

El silencio en la habitación se volvió denso. —Y les juro… —añadió con voz baja, pero firme— que esos recuerdos serán mi motivación para cobrarle al cobarde Rey Rojo… al patán de Darío… y a la zorra de Marina… cada segundo oscuro que viví.

Las máquinas continuaron marcando el ritmo de su corazón, Pero ahora… ese corazón ya no solo latía, Ardía.

Sé que están emocionados por el despertar de Ángela, pero necesito examinarla —intervino el doctor Lorenzo Sforza con tono firme, aunque respetuoso, colocándose los guantes mientras su mirada clínica recorría cada monitor conectado al cuerpo de la italiana—.

Audrey soltó un suspiro resignado, sin apartar los ojos de su sobrina. —Está bien, mi niña… pero quiero que sepas que no tienes que preocuparte por nada. Yo me haré cargo de todo, como lo he hecho hasta ahora.

Ángela giró apenas el rostro hacia él; la debilidad era evidente, pero no así su carácter. —No, tío… no quiero que los toques —su voz era baja, áspera por los meses en silencio, pero cargada de una determinación helada—. Déjame recuperarme… y te aseguro que seré yo quien los arrastre al infierno.

El silencio que siguió fue denso. Audrey sostuvo su mirada unos segundos más, entendiendo que aquella no era una súplica, sino una promesa. Finalmente asintió. —Como desees, mi niña. —Luego hizo un gesto a Letizia y ambos salieron de la habitación, cerrando con suavidad la puerta.

El ambiente cambió de inmediato. Más frío. Más clínico.

Lorenzo se acercó a la cama, ajustó la intensidad de la luz y comenzó su evaluación con precisión profesional. —Ángela, necesito que te mantengas lo más relajada posible —indicó mientras revisaba las constantes vitales en el monitor—. Vamos a hacer una valoración completa. Si en algún momento sientes dolor, me lo dices.

Tomó una linterna médica y examinó sus pupilas. —Sigue la luz… eso es… bien… reflejo pupilar conservado. —Anotó mentalmente cada respuesta. Luego apoyó suavemente sus dedos sobre su cuello, evaluando el pulso carotídeo—. Frecuencia estable…

Deslizó el estetoscopio sobre su pecho, escuchando con atención. —Respira profundo… otra vez… —cerró los ojos unos segundos, concentrado—. Murmullo vesicular conservado… sin ruidos agregados.

Después palpó con extrema delicadeza su abdomen, observando cualquier reacción. —¿Dolor aquí?

—No… —respondió ella con apenas un hilo de voz.

—¿Y aquí? —presionó un poco más hacia el bajo vientre.

Ángela tensó levemente el cuerpo, pero negó. —Molestia… no dolor.

Lorenzo asintió, serio. Continuó evaluando la movilidad de sus extremidades. —Intenta mover los dedos de las manos… bien… ahora los pies… —observó el leve temblor muscular—. Hay debilidad, pero es esperable tras un periodo prolongado de inmovilidad.

Tomó una pequeña aguja y realizó una prueba de sensibilidad superficial. —Dime si sientes esto…

—Sí…

—¿Igual en ambos lados?

—Sí…

El médico retrocedió un paso, analizando el cuadro general con mirada experta. —Has tenido una recuperación sorprendente, Ángela. Tu cuerpo ha respondido mejor de lo esperado, considerando la gravedad del estado en el que llegaste.

Ella lo observó fijamente. No había gratitud. No había alivio. Solo una necesidad urgente de respuestas.

—Doctor… —su voz fue más firme esta vez—. Me arrancaron a mi bebé… ¿verdad?

El silencio cayó como un golpe seco. Lorenzo bajó la mirada apenas un segundo antes de asentir con honestidad. —Sí…

Ángela no parpadeó. No tembló. No lloró. —¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó con la misma frialdad.

—Seis meses —respondió él—. Has estado en estado de coma inducido durante la mayor parte del tiempo para estabilizar tu organismo y permitir la recuperación de los daños internos.

Ella asimiló la información sin cambiar su expresión. —Entiendo…

Lorenzo tomó aire. Sabía que lo siguiente no sería fácil. —Hasta ahora, los signos indican que estás fuera de peligro inmediato. Sin embargo, deberás someterte a estudios más profundos: análisis hormonales, evaluación neurológica completa y un programa intensivo de rehabilitación física. Tus músculos han sufrido atrofia parcial por la inmovilidad prolongada. Tendrás que reaprender ciertos movimientos.

—Haré lo que sea necesario —respondió sin dudar—. Necesito levantarme de esta cama cuanto antes.

Hubo una pausa. Ella lo miró directamente. —Dime la verdad, Lorenzo. Lo que sea. Y deja de mirarme con lástima… no lo soporto.

El médico tragó saliva. Ajustó el estetoscopio en su cuello como si necesitara aferrarse a algo tangible antes de hablar. —Ángela… los traumatismos que sufriste, junto con el abuso… provocaron daños severos en tu sistema reproductivo. Hubo desgarros internos, hemorragias importantes y compromiso estructural del útero.

Se detuvo un segundo, midiendo cada palabra. —La intervención que realizamos fue necesaria para salvar tu vida… pero… —su voz se volvió más grave— las probabilidades de que puedas concebir nuevamente son extremadamente bajas.

El silencio que siguió fue absoluto. Ni un gesto, ni una lágrima, solo esa mirada inmóvil, fría… casi ajena.

—¿Extremadamente bajas… o nulas? —preguntó directa sin titubeos.

Lorenzo sostuvo su mirada. —En medicina nunca hablamos en absolutos… pero siendo honesto contigo… el pronóstico es muy desfavorable, aun asi puedes pedir otras opiniones, acceder a tratamientos...

Ángela lo interrumpio. —No hay nada más que discutir —respondió con una calma inquietante—. No buscaré segundas opiniones. No me interesa.

El médico frunció levemente el ceño. —Ángela, podrías considerar—

—No —lo interrumpió—. No me interesa volver a embarazarme jamás… ni darle a ningún hombre la oportunidad de volver a destruirme como lo hizo Iván.

Sus palabras no fueron dichas con dolor. Fueron dichas con decisión. —Dime cuándo empiezo las terapias —añadió.

Lorenzo la observó en silencio unos segundos más, comprendiendo que, aunque su cuerpo estaba en proceso de sanación… algo dentro de ella acababa de endurecerse para siempre. —Mañana mismo —respondió finalmente—. Y no será fácil.

Ángela sostuvo su mirada. —Nada de lo que venga lo será… doctor. Pero tampoco será peor que lo que ya viví.

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glenita
Jhoana te dirmistes!! porque no terminas el último capítulo s❓
Ana Navarro
Se proyecta 😂🤣😂🤣😂🤣
Ana Navarro
Ya lo dijo la Reina que mas se puede decir, aqui esperamos con palomitas en primera fila
SIMARA Lamas
Diosssss lobito tú mismo te mataste con lo qué le dijiste a tu reina lo de tú secretaria y para rematar te llama la otra loca también y la reina está molesta por eso
SIMARA Lamas
No no no Iván ya tú la tuviste y la dejaste a merced de ese par de víboras y tú no hiciste nada ya no tienes más nada qué buscar a Angela tu la destrozaste y la mandaste directo al infierno
SIMARA Lamas
Niños sean honestos los dos se aman y no dan su brazo a torcer
Fran Sánchez
Linda escritora, ojalá subas un nuevo capítulo, porque estoy leyendo de nuevo la historia y voy en el capítulo 80🙆‍♀️😊.....👑🐺❤️
victor hernandez
SOS QUE PASO POR AQUÍ
Key Alvarez
es pica y se extiende 😱 usted siempre nos sorprende si que si.. hay dario vas a sufrir y muchooo si acaso aguantas 3 dias de tortura almenos 🤣🤣
Adriana Ruiz
excelente novela 👏👏👏 xfa más capítulos 🙏🙏
SIMARA Lamas
Jajaja y lo pillaron en el baño al lobo jajaja después de un susto un buen gusto hot hot hot wow y bien bueno para qué descansé jajaja
SIMARA Lamas
Quédate tranquilo lobito dale chance qué ella misma se calme qué se recuperé por todo lo qué pasó y sufrió mucho al perder su hijo
SIMARA Lamas
Qué capitulo diosssss tannnnn emocionante y muy fuerte pero para qué Iván vea lo qué le hizo el desgraciado primo a Ángela y éso nunca pero nunca se te va a olvidar jamás
SIMARA Lamas
Ya Iván está muerto en vida con todo lo qué le dijiste y de lo qué te hizo Darío qué sufra por pendejo porqué el tenía qué darte el beneficio de la duda
SIMARA Lamas
Bueno mí lobito 🐺 tienes qué esperar hasta qué la reina terminé de una vez y por todas a esos pendejos y qué mafiosos déjale su espacio para qué ella se vaya apaciguando por todo lo qué le pasó y le hicieron tranquilo lobito qué esa mujer es y será tuya
SIMARA Lamas
Diosssss ya se acerca la hora para tí reina de hielo cuánto placer vas a sentir cuándo los tengas cerca a casa uno a Iván por estúpido y no averiguar que fue lo qué hizo Angela y al desgraciado de Darío a ese perro hay qué darle veneno de una vez por hacerle daño a ti y a todas las mujeres qué él secuestra para sus cochinadas
SIMARA Lamas: Corrijo es a cada uno
total 1 replies
Olga Ortiz
que tonto eres Dario, creía que Angela iba a ser la misma que tu denigraste? no sabes lo que te espera
Nilce montilla
Darío tiene lo que se merece que lo hagan polvo y creyendo que acabaría con la reina ahora es que hay reina ☺️
Carola Videla 😈🇦🇷
muy bien ¹💪💪💪
Margarita Gonzalez Barron
aun siento el corazón en la garganta..😂🤣
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