Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.
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CAPITULO 3. UNA PROPUESTA IMPOSIBLE
Nunca en mi vida me hubiera imaginado que la empresa se encontraba al borde del abismo. Sentí un frío repentino recorrer mi espalda al comprender que, a partir de ese instante, todos los ojos de la compañía estarían puestos sobre mi departamento. Un profundo miedo me oprimió el pecho. ¿Sería realmente capaz de estar a la altura de semejante reto?
Conocía perfectamente a Sailing Dreams. Yo misma había realizado un par de viajes con su agencia en el pasado, y las campañas publicitarias que les hacían eran verdaderas obras de arte visuales, espectaculares y memorables. Sin embargo, tras el pánico inicial, intenté serenarme. Tenía un equipo brillante a mi cargo y pelearíamos con uñas y dientes por conseguir ese contrato.
La reunión llegó a su fin y los murmullos comenzaron a disiparse a medida que mis compañeros abandonaban la sala. Me quedé sentada, inmóvil, tal como el señor Sebastián me lo había pedido. No pude evitar observarlo con atención mientras nos quedábamos solos. Tenía que admitir que era un hombre increíblemente guapo.
Con un suspiro cansado, se quitó la chaqueta de sastre y la colgó en el respaldo de su silla. Al quedarse solo en camisa, la tela fina marcaba a la perfección un cuerpo atlético y musculoso, resultado evidente de una estricta rutina de ejercicio. Caminó con paso firme hacia la entrada, cerró la puerta por completo para darnos privacidad y regresó a la mesa. Se sentó justo frente a mí, me deslizó una pesada carpeta de color azul y tomó la palabra con voz pausada.
—En esta carpeta encontrará toda la información detallada sobre la compañía cliente —comenzó a decir, clavando sus ojos café en los míos—. Están las antiguas campañas que les han realizado y los requisitos específicos de lo que buscan ahora. Tiene todo el día de hoy para estudiarla a fondo y esbozar algunas ideas preliminares para mañana.
Parpadeé un par de veces, asimilando la prisa en sus palabras.
—Señor, con todos mis respetos, todavía no he podido hablar con mi equipo —repliqué de inmediato, intentando sonar lo más profesional posible—. Tengo que organizar el resto de las campañas que actualmente están en curso y valorar qué creativos colaborarán conmigo para llevar a cabo este nuevo proyecto. No puedo entregarle bocetos para mañana. Al menos necesito un par de días para estructurar una propuesta seria.
Sebastián se reclinó en su asiento. Su expresión se volvió severa y me miró con una fijeza que me hizo contener el aliento.
—Señorita Sofía, ¿acaso no escuchó con atención la alarmante situación en la que se encuentra la empresa? —preguntó con un tono frío pero cargado de urgencia—. ¿Piensa que nos sobra el tiempo? Lo único que tiene que hacer hoy es dejar a su equipo organizado. Ponga a la cabeza a una persona de su total confianza para que los coordine, porque a partir de este momento usted y yo vamos a dedicarnos de forma exclusiva a trabajar en esta campaña.
Un nudo se formó en mi garganta ante su firmeza.
—Sí, señor. Discúlpeme, no era mi intención molestarlo —bajé la mirada, sintiendo el calor subir por mi cuello.
—No estoy molesto, Sofía —su voz se suavizó un poco, perdiendo esa rigidez ejecutiva—. Más bien estoy muy preocupado. Y por favor, llámeme Sebastián, ¿de acuerdo?
—Sí, señ... Sebastián —corregí torpemente, ensayando su nombre en mis labios.
—Bien. Entonces, como le he dicho, tiene el resto del día de hoy para resolver quién la sustituirá al mando del departamento, estudiar a fondo a nuestro nuevo cliente y realizar una propuesta con ideas frescas para mañana. Nos reuniremos en este mismo lugar a las ocho en punto. No la entretengo más. Hasta mañana, Sofía.
—Hasta mañana, Sebastián —respondí, tomando la carpeta entre mis manos.
Salir de esa sala fue un verdadero alivio. Aquello era una completa locura. Claro que entendía la gravedad de la situación financiera, la comprendía a la perfección, pero ese hombre pretendía que realizara el complejo trabajo de una semana entera en cuestión de unas pocas horas. Eso era exigir demasiado.
Sin embargo, lo que más me inquietaba no era el exceso de trabajo, sino el tener que pasar tantas horas a solas con él. Me resultaba sumamente difícil sostenerle la mirada a esos ojos profundos. Cada vez que me observaba de aquella manera, sentía un estremecimiento recorrer todo mi cuerpo, como si pudiera leer mis pensamientos y me dejara completamente desnuda ante él.
Caminé a paso rápido hacia mi oficina y, en cuanto crucé la puerta, le pedí a Gladis que llamara de inmediato a Carla. Ella era mi mano derecha en el departamento y la persona ideal para este momento.
La había descubierto por pura casualidad un año atrás. En ese entonces, Carla era solo la chica de los recados, o al menos eso creían todos, ya que siempre estaba corriendo de un lado a otro cumpliendo las tareas que los demás miembros del equipo le ordenaban.
Recuerdo perfectamente que yo estaba atrapada trabajando en una campaña para una marca de calzado deportivo. Los dueños de la empresa insistían en un enfoque publicitario que resultaba del todo machista, anticuado y carente de buen gusto. Me encontraba en mi despacho, frente a la pizarra de viñetas, jalándome el cabello de la frustración por no dar con la idea adecuada. Mi cerebro estaba completamente bloqueado.
Carla entró silenciosamente para dejarme un café sobre el escritorio y me vio en ese estado de crisis. Se paró a mi lado, observó con detenimiento los bocetos y, en menos de media hora, me dio la solución perfecta al problema con un enfoque fresco y moderno. La campaña terminó siendo un éxito rotundo y logramos fidelizar al cliente.
Al día siguiente, solicité su expediente en Recursos Humanos. Los conocimientos y el instinto que me había demostrado no correspondían en absoluto al puesto de asistente que desempeñaba. Así descubrí que se había licenciado en Marketing y que había sido la alumna más brillante de su promoción, pero nadie le había dado una oportunidad real.
Inmediatamente ordené que cambiaran su contrato y la integré a mi equipo como una creativa más. Con el tiempo, sus maravillosas ideas la llevaron a convertirse en mi segunda al mando. Sabía que nadie cuidaría el departamento mejor que ella en mi ausencia.
Unos minutos después, unos suaves golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Carla asomó la cabeza con una sonrisa brillante.
—Buenos días, jefa. ¿Para qué soy buena hoy? —preguntó con su habitual entusiasmo.
—Hola, Carla. Pasa y siéntate, por favor —le sonreí, señalando la silla frente a mí—. Te he llamado porque necesito pedirte un enorme favor. Quiero que dirijas y coordines por completo al equipo mientras yo me ausento durante los próximos días.
Carla abrió los ojos de par en par, sorprendida.
—¿Y eso por qué? ¿Se encuentra enferma, jefa? ¿Se va de viaje de emergencia?
—No, no, nada de eso —me apresuré a tranquilizarla—. Dime algo, ¿conoces a la empresa de ocio Sailing Dreams?
—La verdad es que no mucho —admitió, pensativa—. Sé que organizan viajes de lujo y actividades de entretenimiento exclusivas, pero no sé mucho más. ¿Por qué lo pregunta?
—Efectivamente, se dedican a crear vacaciones de ensueño. Resulta que este año van a lanzar un nuevo y ambicioso paquete vacacional. La agencia que solía hacerles la publicidad quebró, por lo que nos han dado la oportunidad de presentarles una propuesta. En quince días tenemos la cita crucial. El CEO ha solicitado que yo me encargue personalmente de la campaña junto a él, a puerta cerrada. Para lograrlo, debo dedicar toda mi jornada a ese proyecto, así que necesito que tú me sustituyas al frente del equipo. Sé que estás más que preparada y que lo harás de maravilla, de lo contrario jamás te lo pediría. No te voy a mentir, no será fácil lidiar con la presión, pero confío plenamente en ti. ¿Qué me dices? ¿Aceptas el mando por unos días?
Los ojos de Carla se humedecieron ligeramente y asintió con determinación.
—Jefa, sabe perfectamente que siempre puede contar conmigo. Le debo muchísimo. Es gracias a usted que conseguí salir del sótano y estar donde estoy ahora. Así que acepto el reto. Le prometo que no la voy a defraudar.
—Sé que no lo harás. El puesto es tuyo. Vamos a pedirle a Gladis que cite a todo el equipo en la sala de juntas de inmediato para explicarles los cambios de manera formal.
Una hora más tarde, tras dejar todo organizado con el personal, volvía a estar a solas en mi oficina. Me senté frente al escritorio y fijé la mirada en la carpeta que Sebastián me había entregado. Al extender la mano para abrirla, noté que mis dedos temblaban levemente ante la magnitud del reto que había tenido que aceptar sin ninguna opción a réplica.
El documento contenía varias hojas con las estrategias pasadas de la competencia, pero como ya las conocía bien, las dejé a un lado. Me concentré por completo en el dossier técnico del nuevo paquete vacacional.
Debía reconocer que la propuesta de Sailing Dreams era sumamente atractiva y tentadora. Consistía en el alquiler de una cabaña de lujo por un plazo mínimo de quince días y un máximo de treinta. Estaban ubicadas en un entorno paradisíaco en Ciudad Y, un enclave maravilloso que ofrecía lo mejor de dos mundos: por un lado, acceso directo a una playa de arenas blancas y aguas cristalinas; y por el otro, un denso y hermoso parque natural perfecto para la aventura.
El paquete incluía la organización absoluta de los días de descanso, con múltiples actividades y excursiones programadas, alternadas con jornadas de relajación total en el balneario de un resort de cinco estrellas. Lo mejor de todo era que ofertaban tres formatos distintos: el familiar, que incluía servicio de canguro y dinámicas para niños; el de parejas, con enfoques románticos o de aventura ideal para lunas de miel; y finalmente, un formato de retiro individual para personas que buscaran desconectarse del estrés del mundo.
Cerré los ojos un instante. No pude evitar imaginarme a mí misma caminando por esa playa idílica, sintiendo la brisa marina y disfrutando de un masaje renovador en aquel exclusivo spa. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Esa misma sensación de paz, deseo y escape era exactamente lo que debíamos transmitir. En ese instante, las primeras ideas brillantes comenzaron a florecer en mi mente.