Cuando la curiosidad te quita tu primera vida.. significa ¿que deberías cambiar? Vesta no lo cree.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Vesta 2
La mañana siguiente encontró a Vesta Dupont completamente despierta mucho antes de lo que cualquier señorita noble consideraría apropiado.
Abrió los ojos.
Miró el techo elegante sobre su cabeza.
Parpadeó.
Y entonces se sentó de golpe.
—¡No fue un sueño!
Se llevó ambas manos al rostro.
—¡Sigo siendo hermosa!
Saltó de la cama y corrió hacia el espejo.
Allí seguía ella.
Cabello rubio claro largo cayendo suavemente sobre sus hombros.
Ojos verdes brillantes.
Piel blanca y delicada.
Y un rostro tan bonito que todavía le parecía absurdo.
—Buenos días, Vesta Dupont —saludó a su reflejo con una sonrisa enorme.
Luego señaló a la chica del espejo.
—No la arruines.
[Recuerda: menos insoportable.]
[Al menos un poco menos.]
Después del aseo y del complicado proceso de vestirse.. porque aparentemente la ropa noble tenía más capas de las estrictamente necesarias, Vesta salió finalmente de su habitación.
Los recuerdos del sueño seguían frescos en su mente.
Sabía algunas cosas.
Su hermano mayor, Vincent Dupont, estaba en la academia.
[Por lo que recuerdo, es inteligente, responsable y bastante serio.]
Su padre, el conde Vance Dupont, trabajaba demasiado.
[¿Y prácticamente vive encerrado entre documentos?]
Y ella...
Bueno.
Ella era Vesta.
La hija menor consentida de la familia.
Sin obligaciones urgentes.
Sin clases ese día.
Sin responsabilidades inmediatas.
Se detuvo en mitad del pasillo.
Frunció el ceño.
—Entonces... ¿qué se supone que hago?
Varias doncellas pasaron cerca y se inclinaron.
—Buenos días, señorita.
—Buenos días.
Vesta respondió automáticamente con una sonrisa.
—Buenos días.
Las jóvenes la miraron sorprendidas.
Ella siguió caminando.
[¿Por qué me miran así?]
Finalmente encontró a su doncella personal, quien la acompañaba discretamente.
Era una mujer joven, de expresión tranquila y movimientos elegantes.
Vesta intentó recordar su nombre entre los recuerdos heredados.
[No lo recuerdo.]
Así que decidió preguntar otra cosa.
—Disculpa.
La doncella levantó ligeramente la cabeza.
—¿Sí, señorita?
Vesta inclinó un poco la cabeza.
—¿Qué suele hacer... una señorita noble como yo durante el día?
La doncella la miró fijamente.
Parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
—¿Señorita...?
—Es que...
Vesta sonrió nerviosamente
—Quería probar algo diferente.
La joven parecía confundida.
No sólo por la pregunta.
Sino porque Vesta le estaba hablando con amabilidad.
Sin arrogancia.
Sin impaciencia.
Sin esa expresión altiva que siempre acompañaba sus órdenes.
Finalmente respondió.
—Generalmente, señorita Vesta dedica tiempo al bordado.
Vesta sonrió educadamente.
[Aburrido.]
—También suele tejer.
[Siguiente.]
—A veces pinta paisajes o flores.
[Mmm...]
—Y, en ocasiones, sale de compras por el pueblo.
Los ojos verdes de Vesta se iluminaron inmediatamente.
—¿Salir de compras?
—Sí, señorita.
—¿En carruaje?
—Por supuesto.
—¿Con dinero?
La doncella parpadeó.
—...Sí, señorita.
Vesta tomó ambas manos de la doncella.
—¿Dinero de verdad?
—S-señorita...
—¿Dinero noble?
—Es... el presupuesto asignado por el conde...
—¡¡VAMOS A SALIR!!
La doncella abrió mucho los ojos.
—¿Ahora mismo?
—¡Sí!
Vesta prácticamente rebotó sobre las puntas de sus zapatos.
[¡Compras aristocráticas!]
[¡Voy a conocer el pueblo!]
[¡Voy a ver vestidos!]
[¡Joyerías!]
[¡Pastelerías elegantes!]
[¡Y quizás descubra algún chisme interesante!]
Se quedó inmóvil.
[Prioridades, Vesta.]
[Pero si el chisme aparece solo, tampoco voy a ignorarlo.]
La mansión Dupont entró en un estado de discreta conmoción.
Porque la señorita Vesta no estaba exigiendo.
No estaba criticando.
No estaba quejándose.
No estaba ordenando cambiar tres veces de vestido.
Al contrario.
—¿Este está bien?
—Sí, señorita.
—¿Y estos zapatos?
—También, señorita.
—Perfecto.
Las doncellas intercambiaron miradas confundidas.
Una incluso parecía preocupada.
[¿La señorita está enferma?]
[¿Se golpeó la cabeza?]
[¿Es algún tipo de prueba?]
Mientras tanto, Vesta contemplaba fascinada su guardarropa.
—Dios mío...
Vestidos de seda.
Encajes delicados.
Sombreros adornados.
Guantes elegantes.
Abanicos pintados a mano.
Joyas cuidadosamente organizadas.
[Esto es mejor que todas las tiendas que conocí en mi vida anterior.]
Terminó escogiendo un vestido bonito pero cómodo para caminar.
No el más extravagante.
Aunque le costó resistirse.
—Quizá para otra ocasión —murmuró.
Las doncellas casi se desmayaron al escucharla.
¿La señorita Vesta... moderándose?
Definitivamente algo extraño ocurría.
Finalmente salió al exterior.
La mansión Dupont se alzaba majestuosa detrás de ella.
Escalinatas de mármol.
Jardines impecables.
Fuentes ornamentales.
Y frente a la entrada...
Un elegante carruaje esperaba.
Los caballos relinchaban suavemente.
El escudo de los Dupont adornaba las puertas.
Vesta se quedó observándolo.
Luego miró hacia atrás.
Después volvió a mirar el carruaje.
Y una sonrisa enorme apareció lentamente en su rostro.
Se llevó ambas manos a las mejillas.
—Estoy viviendo el sueño de toda amante del drama histórico.
Subió con ayuda de un sirviente.
Se acomodó en el asiento acolchado.
Tocó discretamente la suave tapicería.
Miró por la ventana.
Y cuando el carruaje comenzó a avanzar, sus ojos verdes brillaron de emoción.
[Una nueva vida.]
[Una familia noble.]
[Un hermano misterioso.]
[Un padre adicto al trabajo.]
[Y un pueblo llena de personas interesantes.]
Apoyó el mentón sobre las manos mientras observaba las calles acercarse poco a poco.
Una sonrisa traviesa curvó sus labios.
[Por favor...]
[Que este postre tenga buenos postres.]
Sus ojos brillaron aún más.
[Y excelentes chismes.]