Tras haber huido con el corazón roto. Sofía se va de su pueblo natal Arendell para comenzar una vida nueva lejos de todo lo que le pasó.
En el camino se topa con un joven herido y sin dudar le ayuda, al acercarse se percata de que el joven es alguien de la nobleza y cuando está curando sus heridas con sus poderes de bruja, se da cuenta de que el joven ha sido severamente drogado por un afrodisíaco potente.
Entonces cuando termina el joven toma a Sofía y termina por tener relaciones con él y a la mañana ella se va tras sentir vergüenza y huye deseando borrar de su mente lo ocurrido esa noche sin imaginar que esa noche tuvo consecuencias.
Tiempo después Sofía se da cuenta de que está embarazada y no tiene ni idea de cómo diablos se llama el joven que ayudó. Sin embargo, no se dejó llevar por el miedo y tomó la decisión de seguir con su embarazo y tuvo gemelos.
El Noble no la olvidó la buscó hasta que finalmente dio con ella...
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Capítulo 4: Un reencuentro inesperado...
SOFÍA
El sonido de los cascos sobre la piedra me hizo estremecer, alcé la cabeza antes de que la campanilla de la puerta sonara. No era un cliente común. Era diferente esta sensación. Era pesado. Incómodo de alguna manera que no lograba comprender.
—No te preocupes, todo está bien.—murmuré a mi bebé que no me dejaba de patear desde que desperté esta mañana. Respiré hondo. Salí de detrás de la tienda tras haber acomodado una caja pequeña con medicina y ungüentos preparados para el pedido del ejército del Reino Luna de Plata. Las manos me comenzaron a temblar sin razón aparente al oír la voz de un hombre al otro lado del mostrador.
No distinguía las palabras. Solo el tono. Mi bebé se movía más dentro de mí. Una patada fuerte.
—Todo está bien...—murmuré, apoyando una mano en mi vientre mientras respiraba profundo tratando de calmarme.
Salí con la caja entre los brazos. Y lo vi.
Alto. Inmóvil. Cubierto por una armadura plateada marcada por cicatrices de guerra y manchas de sangre vieja. En el pecho llevaba grabada una media luna reluciente. Una máscara del mismo metal cubría su rostro por completo, dejando ver un par de ojos intensos, demasiado claros... demasiado vivos y afilados.
Reconocí la media luna en su armadura. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Su largo cabello oscuro caía largo sobre sus hombros. Por alguna razón, al verlo, el mundo pareció inclinarse apenas.
Ida estaba detrás del mostrador observando al caballero en armadura con esa expresión suya de alguien que lo ha visto todo y entendía más de lo que decía.
Y me miraba a mí. Sentí un calor extraño subir por la nuca. Entonces mis dedos buscaron, sin pensarlo, el dije escondido bajo la tela de mi túnica.
Apenas lo saqué. La pequeña pieza de plata que llevaba conmigo desde hacía cinco meses, como un recuerdo de lo sucedido esa noche. Lo había encontrado en el suelo luego de despertar en esa cueva, en la tierra fría y húmeda. Nunca fui capaz de deshacerme de él.
Lo tomé con fuerza. Los ojos del hombre bajaron de inmediato hacía mi mano, luego a mi vientre. Su expresión no cambió... pero algo en la habitación sí lo hizo. La tensión se volvió casi tangible.
Mi bebé pateó con más fuerza, de nuevo. Di un jadeo pequeño. Sin pedirme permiso, él acortó la distancia entre nosotros con dos pasos silenciosos. Mi instinto me gritó que retrocediera. No lo hice.
Extendió la mano enguantada y posó sobre mi vientre redondo. Debí alejarlo. Debí protestar. Pero en cuanto su palma tocó la tela crema de mi vestido, el bebé se calmó. Por completo.
El movimiento frenético desapareció como si reconociera ese contacto. Mi respiración se quebró.
—¿Qué...?—apenas pude decir. No podía verle el rostro bajo la máscara, pero sus ojos estaban clavados en mí con una intensidad que me desarmaba. No lo reconocí. No podía. Aquel hombre del bosque, dentro de la cueva había sido, dolor, sudor, placer y sombras.
Era poder contenido y acero. Y aun así...
Dentro de mí, algo antiguo despertó. Mi magia se agitó suavemente bajo mi piel, como una llama inclinándose hacia él. Mi bruja interior lo supo antes que yo. Lo conocía. Lo había estado esperando.
Ida carraspeó detrás del mostrador.
—Vaya—habló con falsedad ligera—. Parece que algunos reencuentros no necesitan presentación.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. El desconocido retiró lentamente su mano de mi vientre, pero no apartó los ojos de mí.
Y por primera vez en cinco meses, tuve miedo de la noche en que lo salvé.
No pude apartar la vista de él. Había algo en su presencia que me arrastraba a su alrededor. Incluso el aire parecía obedecerle. Mi bebé seguía extrañamente tranquilo desde que aquel hombre apoyó su mano en mi vientre, como si reconociera algo que yo no podía comprender.
Ida se cruzó de brazos detrás del mostrador.
—Bien—dijo con una calma estudiada—. El pedido está listo. Ungüentos, tónicos, vendas tratadas y raíces secas. Todo lo solicitado por el ejército del Reino Luna de Plata.
El hombre enmascarado asintió una sola vez.
—Pague.—La voz de Ida sonó plana y profunda, lo que hizo que dos soldados que aguardaban afuera entraron de inmediato con cofres pequeños. Los dejaron sobre el mostrador. Al abrirlos, el brillo del oro iluminó frascos y estanterías.
Parpadeé, era mucho. Mucho más de lo que valía el pedido.
—Esto excede lo acordado.—dijo Ida, aunque no se mostró sorprendida.
—Lo sé.
No apartó la de mí al responder. Un escalofrío recorrió mi espalda. Ida entrecerró los ojos.
—Entonces. ¿Qué más necesita comprar, Alfa?
El silencio que cayó fue sepulcral, fue como recibir un tiro de gracia en la frente. Él dio un paso hacia el frente.
Alfa. Entonces realmente era más que un simple noble. Era el líder de los licántropos del Reino Luna de Plata.
—No voy a comprar nada más. Vine a reclamar lo que es mío.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué quiere decir?—dijo Ida, y por primera vez sentí el peso verdadero de su poder llenando la habitación. Los ojos claros del hombre brillaron detrás de la máscara.
—Su nombre es Sofía.—Mis dedos se cerraron sobre el dije que aún colgaba de mi mano.
—Ella vendrá conmigo como curadora del ejército.—Abrí la boca indignada.
—¿Disculpe?—Pero no había terminado.
—Vendrá conmigo como mi Mate.
La caja de medicinas casi se me caía de las manos. Tuve que dejarla sobre el mostrador. Mis manos temblaban.
—¡No!—Grité, indignada retrocediendo un paso.—¡Está demente!
Mi bebé dio una patada brusca, era como si hubiese reaccionado a mi sobresalto. Él me miró con una intensidad casi dolorosa. Negó con la cabeza.
—Tardé cinco meses en dar contigo. Eres muy escurridiza.
El mundo se inclinó bajo mis pies. Ida me miró de reojo, midiendo cada latido de la escena.
—Ya la escuchó.—Dijo con voz afilada.
—Alaric...—Así lo llamó uno de los soldados al entrar apresurado.
Alaric llevó una mano a su pecho, justo sobre la media luna plateada de su armadura. El nombre quedó suspendido en mi mente.
—Entonces la cortejaré hasta que diga que sí.
Aquella respuesta me desarmó más que cualquier amenaza. No era una orden. Era una promesa. Yo aún no recordaba su rostro.
Pero mi magia, traidora y silenciosa, además de tramposa, se agitó dentro de mí como si alabara cada una de esas palabras.
pero ningún, ningún 9 meses 🤔😬
lo bueno Sofia es que tu mate el el ALFA✨️✨️✨️
Aquí algo no está cuadrando🤔🤔🤔🤔