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ONEGA SALVADORA - ALFA SUMISO

ONEGA SALVADORA - ALFA SUMISO

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Mundo de fantasía
Popularitas:21.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Una simple coincidencia fue suficiente para cambiar el destino de dos mundos.

Zea nunca debió cruzarse en el camino del Rey Alfa.

Él es el gobernante más poderoso de todos los clanes. Un hombre cuya sola presencia inspira obediencia. Frío. Implacable. Incapaz de amar. Su vida siempre ha estado regida por una única ley: el deber está por encima de cualquier sentimiento.

Hasta que la conoce.

Desde el primer instante, algo en Zea despierta un instinto que creía muerto. Por primera vez, el Rey Alfa desea algo para sí mismo... y está dispuesto a desafiar al destino para conseguirlo.

Pero Zea también es un misterio.

Su familia ha vivido escondiendo una verdad tan antigua como peligrosa. Un secreto que ha pasado de generación en generación con una única regla: jamás acercarse a un alfa... y bajo ninguna circunstancia, a un Rey.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 La alianza y la encrucijada

Zea sintió que el tiempo se detenía. Los ojos grises de Bruno, aún nublados por el sueño, se posaron en ella con una mezcla de sorpresa y ternura. Luego, lentamente, una sonrisa se extendió por su rostro, una sonrisa que Zea nunca había visto en él. Era cálida, genuina, y transformaba su rostro severo en algo casi vulnerable.

—Buenos días, cachorrita —dijo Bruno, su voz grave y ronca por el sueño, pero llena de una suavidad que desarmaba.

Zea se hundió aún más en la manta, sus ojos brillando por encima del borde. "B-buenos días, Majestad..."

Bruno soltó una risa baja, un sonido que vibraba en su pecho como un ronroneo. "No me llames Majestad. No aquí. No ahora. Solo Bruno."

—Pero... —Zea tartamudeó—, ¿qué hago aquí? ¿Cómo he llegado...?

Bruno se incorporó lentamente, apoyándose en un codo para mirarla. "Mi lobo te trajo. Urock sintió que necesitabas protección. Que estabas inquieta. Y no pude evitarlo. Quería tenerte cerca."

Zea parpadeó, su mente tratando de procesar sus palabras. "¿Tu lobo me trajo? ¿Así, sin más?"

Bruno asintió, su mirada fija en ella. "No podía dejar que pasaras otra noche sin saber que estabas a salvo. Y mi lobo... mi lobo te necesita. Te necesita cerca, como yo también te necesito."

Las palabras de Bruno resonaron en el pecho de Zea, desatando una avalancha de emociones. Miedo, confusión, pero también una calidez profunda que no podía negar. A pesar de todo, a pesar de los rumores, de las advertencias de sus padres, de su propio miedo a los alfas, estaba allí, en su cama, y se sentía más segura que nunca.

—No entiendo —susurró Zea, su voz temblorosa—. No entiendo por qué haces todo esto. Por qué te preocupas tanto por mí. Solo soy una omega común. No soy nadie.

Bruno la miró con una intensidad que la hizo contener la respiración. "Tú no eres común, Zea. Eres todo para mí. Desde que te vi en el jardín, supe que eras mi destinada. Y no importa lo que digan los demás, no importa lo que pase, siempre te protegeré."

Zea sintió que una lágrima escapaba de sus ojos. No podía evitar las emociones que la embargaban. Era demasiado, todo era demasiado.

—Pero mis padres... ellos me dijeron que me alejara de ti. Que los alfas solo quieren usar a las omegas. Que me lastimarías.

Bruno extendió la mano y, con una suavidad que contrastaba con su tamaño, rozó la mejilla de Zea. "Tus padres tienen razones para temer a los alfas. Lo sé. Y no los culpo. Pero yo no soy como ellos. Yo quiero protegerte, no usarte. Quiero amarte, no poseerte. Y aunque me tome el resto de mi vida demostrártelo, lo haré."

Zea se quedó en silencio, sus ojos fijos en los de él. Podía sentir la verdad en sus palabras, podía verla en sus ojos. Y aunque su mente le decía que huyera, su corazón le pedía que se quedara.

—¿Y si tengo miedo? —preguntó, su voz apenas un susurro.

Bruno sonrió con ternura. "Entonces tendré miedo contigo. Y te protegeré de ese miedo. Siempre."

Zea sintió que su corazón se derretía. Lentamente, bajó la manta de su rostro y, sin saber muy bien cómo, se acercó a él. Bruno la recibió con un abrazo cálido y seguro, y Zea se apoyó en su pecho, sintiendo el latido de su corazón.

—No sé lo que va a pasar —dijo ella—. Pero... quiero intentarlo. Contigo.

Bruno apretó el abrazo, y una sonrisa de felicidad genuina iluminó su rostro. "Eso es todo lo que necesito oír."

En la distancia, los gritos de pánico comenzaban a escucharse desde la casa de los Durlin. Zafira, Jairo y Sabina estaban desesperados al encontrar la habitación de Zea vacía. Pero Bruno ya había enviado un mensaje a sus guardias para que les informaran que Zea estaba a salvo, con él.

La tormenta no había terminado, pero por ahora, en la tranquilidad de la habitación del Rey Alfa, dos corazones comenzaban a latir al unísono.

El pasillo del ala privada de la mansión real vibraba con una energía que pocas veces se había visto en esos muros. Lyra estaba frente a la puerta del dormitorio de su hermano, sus manos en las caderas y su rostro desencajado por la preocupación. Había pasado la última hora en una frenética búsqueda de Zea, convencida de que algo terrible le había sucedido.

Los guardias habían revisado cada rincón del jardín, los sirvientes habían registrado las habitaciones vacías, y el pánico se había extendido como un incendio forestal.

Y ahora, Bruno salía de su habitación tan tranquilo, con su camisa recién planchada y su cabello aún húmedo por la ducha, como si el mundo no estuviera ardiendo a su alrededor.

—Hermano —dijo Lyra, su voz tensa y quebrada—, Zea no está. Nadie puede encontrarla. Estoy... estoy muy nerviosa. No sé qué vamos a hacer. Me dicen que los Durlin vienen para acá junto con Zafira. Que saben de buenas fuentes que Zea está aquí y... hay... no sé qué vamos a hacer. ¿Me escuchas? ¿Por qué estás tan tranquilo?

Bruno la miró con una expresión que oscilaba entre la paciencia y la exasperación. Su hermana siempre había sido dramática, pero esta vez se estaba superando a sí misma. La observó como quien ve una novela dramática sin que sea muy convincente, con una ceja ligeramente levantada.

—Lyra —dijo, su voz calmada y pausada—, baja la voz. Zea descansa en mi dormitorio. No está desaparecida.

Lyra parpadeó. Sus ojos se abrieron como platos, y su mandíbula cayó literalmente. Por un momento, no pudo articular palabra. Luego, la indignación estalló con la fuerza de un volcán.

—¿LA SECUESTRASTE? —gritó, su voz resonando en el pasillo—. ¡Bruno, no puedes hacer eso! ¡Es una omega! ¡La hija de los Durlin! ¡Van a matarte! ¡Y con razón!

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Carola 🦋
Comenzando con esta historia q ya d principio pinta maravillosa 🥰
Concepcion Hernandez Alonso
me encanta este comienzo 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
sueña despierta
Ana Elena Jiménez
esperemos que así sea 🥰
Ana Elena Jiménez
🤭🤭Aja si tú así lo quieres creer 🤭🥰🥰🥰🥰
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭😬😬
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja lyra si le das con algo así lo único que le vas a sacar es sangre mija 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Laura Ojeda
que linda historia... por lo menos la famiia del rey lo apoya
Ana Elena Jiménez
😬😬😬azu la estás embarrando más,🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭 Dios mio 🤦
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
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