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¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Completas
Popularitas:985
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Sofía lleva treinta años interpretando un papel: la mujer perfecta, eficiente, inquebrantable. Editora de textos, vive puliendo las palabras de otros mientras las suyas se pudren en un cajón. Cuando una humillación pública en su trabajo la obliga a enfrentar su fragilidad, comienza un viaje hacia el centro de sí misma. Entre la memoria de una niña que dibujaba espirales, el eco de su madre que también supo fingir, y la escritura de su propia historia, Sofía descubre que ser auténtica no es un destino, sino una decisión cotidiana. Una novela sobre máscaras, miedos y el acto rebelde de mostrarse.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El peso de la luz

Los días siguientes fueron un torbellino de hospitales, tratamientos y conversaciones que Sofía nunca había imaginado tener con su madre.

El primer ciclo de quimioterapia comenzó un jueves. Sofía pidió permiso en el trabajo, y Darío, sin hacer preguntas, le concedió una semana de vacaciones. No era la primera vez que se ausentaba, pero sí la primera vez que lo hacía por algo que no fuera trabajo.

—Cuida de lo tuyo —dijo Darío con una seriedad que Sofía no le conocía—. La editorial seguirá aquí cuando vuelvas.

—Gracias —respondió Sofía, y sintió que las palabras le salían del corazón.

En el hospital, su madre parecía más pequeña que nunca, envuelta en la bata blanca y con el brazo conectado a la vía intravenosa. Sofía se sentó a su lado y le cogió la mano. No sabía qué decir, pero sabía que no necesitaba decir nada. Solo estar.

—¿Te acuerdas de cuando eras pequeña y te llevaba al parque? —preguntó su madre de repente, con la voz débil pero la mirada perdida en el recuerdo.

—Claro —respondió Sofía, y una sonrisa involuntaria se dibujó en sus labios—. Me subías a los columpios y me empujabas hasta que gritaba de alegría.

—Siempre querías volar más alto —dijo su madre, y en sus ojos brillaba una luz que no había visto en años—. Decías que querías tocar las nubes.

Sofía sintió un nudo en la garganta. No sabía que su madre recordaba eso. No sabía que su madre había estado prestando atención.

—¿Por qué dejaste de querer volar? —preguntó su madre, y la pregunta era tan simple y tan profunda que Sofía no supo cómo responder.

—No lo sé —admitió finalmente—. Supongo que crecí.

Su madre la miró con sus ojos cansados pero lúcidos.

—Crecer no significa dejar de soñar. Significa aprender a hacerlo de otra manera.

Sofía apretó la mano de su madre y sintió que las lágrimas le subían a los ojos. Era la primera vez que hablaban así, sin Máscaras, sin filtros. La primera vez que se veían realmente.

Los días en el hospital se convirtieron en una rutina de silencios compartidos y confesiones inesperadas. Sofía llevaba libros para leer en voz alta, pero a menudo se encontraba hablando de cosas que nunca había dicho a nadie. De sus miedos, de sus dudas, de esa sensación de no ser suficiente que la había acompañado toda la vida.

—Siempre fuiste demasiado dura contigo misma —dijo su madre un día, mientras el suero goteaba lentamente en su brazo—. Te exigías ser perfecta cuando nadie te lo pedía.

—Pero tú me lo pediste —dijo Sofía, y las palabras salieron antes de que pudiera contenerlas—. Siempre me decías que tenía que ser fuerte, que no podía mostrar debilidad.

Su madre guardó silencio durante un largo momento. Luego, suspiró.

—Lo siento —dijo, y su voz se quebró—. Creí que te estaba ayudando. Creí que si eras fuerte, nada podría hacerte daño. Pero solo te enseñé a esconderte.

Sofía sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Nunca había esperado una disculpa. Nunca había pensado que su madre pudiera reconocer el error.

—No fue tu culpa —dijo, y las palabras salieron con sinceridad—. Hiciste lo que pudiste con lo que sabías. Y ahora yo estoy aprendiendo a hacerlo de otra manera.

—¿Y cómo se hace? —preguntó su madre, y en su voz había una curiosidad infantil.

Sofía sonrió.

—Se empieza por decir lo que uno siente. Aunque sea difícil. Aunque asuste.

Su madre asintió lentamente, como si estuviera procesando esas palabras.

—Entonces voy a decirte algo que nunca te he dicho —dijo, y su voz era apenas un susurro—. Estoy orgullosa de ti. No de lo que has conseguido, sino de quién eres. De la mujer en la que te has convertido.

Sofía sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas. No eran lágrimas de tristeza, sino de alivio. De una herida que por fin empezaba a cerrarse.

—Gracias, mamá —susurró.

Y en ese momento, Sofía supo que no había llegado tarde. Que la vida le había dado una oportunidad de conectar con su madre de una forma que nunca había imaginado.

Pasó la semana alternando las visitas al hospital con los talleres de escritura. Tomás, el profesor, la había animado a seguir asistiendo, y Sofía descubrió que escribir era su refugio. El lugar donde podía ser ella misma sin miedo.

En el taller, compartió algunas de las palabras que había escrito. Habló de su madre, del miedo a perderla, del dolor de verla enferma. Y cuando terminó, los demás asistentes la miraron con una mezcla de respeto y admiración.

—Es hermoso —dijo la mujer mayor, la de las gafas de pasta—. Y valiente.

—Gracias —respondió Sofía, sintiendo que el calor de sus palabras le llegaba al corazón.

Tomás, el profesor, se acercó a ella al final de la clase.

—Lo que has escrito hoy es sincero —dijo—. Y la sinceridad es lo único que distingue a un buen escritor de uno mediocre.

Sofía sonrió.

—Estoy aprendiendo a ser sincera.

—Y se nota —respondió Tomás—. Sigue así.

El viernes por la noche, cuando el último ciclo de quimioterapia terminó, Sofía llevó a su madre a casa. Estaba agotada, pero su mirada había recuperado un brillo que Sofía no recordaba.

—¿Te quedas a cenar? —preguntó su madre, con una sonrisa tímida.

—Claro —respondió Sofía—. ¿Qué te apetece?

—Lo que sea. Pero que sea algo que cocinemos juntas.

Sofía asintió y sintió que un calor la envolvía. Cocinar con su madre. Algo tan simple y tan importante. Algo que nunca habían hecho.

En la cocina, entre risas torpes y recetas improvisadas, Sofía descubrió que su madre también había sido una niña con sueños. Que también había querido volar, bailar, escribir. Que también se había perdido en el camino.

—¿Y si escribimos juntas? —propuso Sofía, mientras cortaba las verduras.

—¿Cómo?

—Podemos escribir nuestras historias. Las dos. Y luego compararlas.

Su madre la miró con una mezcla de sorpresa y emoción.

—¿Crees que podría?

—Claro que sí —respondió Sofía—. Todos tenemos algo que decir.

Esa noche, después de cenar, Sofía y su madre se sentaron juntas en el sofá, cada una con un cuaderno en las manos. Sofía escribió sobre la niña con alas. Su madre escribió sobre una mujer que había aprendido a ser fuerte a costa de olvidar cómo ser feliz.

Y mientras las palabras fluían, Sofía sintió que algo se completaba. Que el círculo se cerraba. Que había encontrado a su madre en el lugar más inesperado: dentro de sí misma.

Cuando llegó a casa, ya pasada la medianoche, Sofía encontró el dibujo de la niña con alas en su mesilla de noche. Lo cogió y lo observó durante un largo rato.

—Hoy he vuelto a volar —le dijo—. Y he llevado a mi madre conmigo.

La niña no respondió, pero Sofía sabía que, si pudiera, le sonreiría con orgullo.

Se acostó y cerró los ojos. El peso de la luz, de la verdad, de la conexión, la envolvía como una manta cálida. No sabía lo que pasaría al día siguiente, pero sabía que, pase lo que pase, no estaría sola.

Tenía a su madre.

Tenía a su hermana.

Tenía a Carla.

Y tenía a la niña de las alas de colores, que ya no era un recuerdo, sino una guía hacia el futuro.

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Cliente anónimo
Excelente historia 🥰🥰
Cliente anónimo
Realmente ése libro debe publicarlo ya qué ayudaría a muchas personas gracias a Dios por a ver encontrado está historia, No que soy una mujer como Sofía y no he tenido la oportunidad de quitar la máscara de mi personalidad 👏👏
Eli: Que bueno que te gustó, y muchas gracias por leer mi historia
total 2 replies
Cliente anónimo
Realmente la historia es una gran enseñanza 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Así se hace Sofía 👏👏👏
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