Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 03
Lelia suspiró profundamente antes de entrar al comedor; sabía muy bien que al ver a sus padres, en lugar de ser un día de alegría, iba a ser un momento tenso.
Entró y, al ver a sus padres, se acercó; primero abrazó a su madre y después a su padre al mismo tiempo que les dijo.
—Padres, los extrañé. -
Sus padres, al escuchar su voz, rápido supieron que no era Aelia y con sorpresa al mismo tiempo exclamaron.
¡Lelia! ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no nos avisaste?
Lelia se sienta al lado de su padre, enfrente de su madre; se puso seria al momento de empezar a hablar.
—Llegué anoche, le informé a mi hermana en la última carta, pero me doy cuenta de que no les dijo.
Padres, ¿qué está pasando? Anoche mi hermana me entregó una carta para su prometido y después de eso se fue con un hombre.
Según ella, dijo que era el amor de su vida, que no podía casarse; me habló de una deuda.
Yo no entiendo nada de lo que pasa y sí pensé en ir a hablar con ustedes anoche, pero ya era tarde; preferí esperar a que despertaran. -
Su padre, al escuchar que Aelia se había ido con un hombre, se alteró tanto que perdió el conocimiento.
Lelia rápidamente ordenó a unos hombres ir por el médico y llevar a su padre a sus aposentos.
Fueron minutos de angustia hasta que el médico les dijo que estaba bien, que solo le había subido la presión por algún disgusto.
Lelia se sintió tranquila, acompañó al medio a la salida y, una vez que se fue, mandó a uno de los empleados con él para recoger un medicamento que necesitaba tomar.
Su padre estaba dormido, pero ella no podía más con la angustia de lo que estaba pasando con su hermana.
Fue con su madre al despacho y, una vez que cerraron la puerta, su madre empezó a decir.
—La siembra del año pasado tuvo plaga, no hubo cosecha, tu padre se endeudó, estábamos a punto de caer en la desgracia.
Tu hermana no sé cómo, ni dónde conoció al duque Apolo; de un día para otro nos lo presentó y dejó claras sus intenciones de amor por él.
El joven duque, al enterarse de los problemas de la familia, le ofreció el oro a tu padre para salir del problema.
Al principio tu padre se negó, pero tu hermana lo convenció de que lo aceptara como un préstamo.
Para tu padre fue difícil aceptarlo, pero al final dijo que sí y con un interés alto; este año ya le dimos el primer pago, pero la deuda, si cada cosecha sale bien, la pagaremos en 15 años, aunque con la decisión de que tu hermana se casaría con él, tu padre decidió poner las tierras y todos nuestros bienes a nombre del duque.
Tú quieres ser monja; al final no ocuparás nada del conde y tu hermana sería la esposa del duque. Ya nuestros bienes no importaban y también pensamos que era mejor a que viniera alguien de nuestros parientes a pelear cuando no estemos.
Aunque sí quedamos en el acuerdo de que el segundo o tercer hijo que tengan varón tomará el título de conde para heredar nuestro legado.
El tío del duque, el papá, nos ayudó con todos los documentos y también se confirmó la boda, que será en una semana.
Tu hermana nos dijo que lo amaba, que estaba de acuerdo, que era su felicidad, pero hace un mes empezó a hablarme de un joven que conoció por casualidad en una de las fiestas de una amiga.
Al principio no le presté atención, pero hace una semana me comentó sobre cancelar la boda y yo me alteré, le dije que eso era imposible, que se iba a casar.
Nunca me imaginé que tu hermana fuera a hacer esto y no me preocupa la fortuna; estoy segura de que el duque no lo va a tomar a bien.
Tengo miedo de que el Duque, al sentirse ofendido, quiera desquitarse y termine matando a tu padre o metiéndolo a la cárcel.
He escuchado comentarios horribles sobre el Duque, sobre lo despiadado que es con los que considera enemigo.
Hija, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo le vamos a explicar al Duque sin que lo tome a mal? Tengo tanto miedo.
Aunque tu padre y yo ya estamos viejos, aceptaremos su furia. Tengo miedo por ti, sería mejor que regreses al convento; ahí estarás protegida, no se atreverá a acercarse a ti. De esta manera tendré un peso menos en mi corazón. -
Lelia mira tan alterada a su madre que solo se le ocurrió abrazarla y darle consuelo, porque realmente no sabía qué decirle con palabras para darle una solución.
Ella misma tenía miedo y no por lo que pudiera pasarle; estaba preocupada porque sus padres, que ya eran mayores, no se merecían pasar por eso.
Se sentía molesta con su hermana y no por seguir sus sueños, sino porque se fue sin hablar con el duque, sin aclarar las cosas y dejar todo claro.
Ordenó a una de las empleadas que le llevara un té calmante para su madre y una vez que se lo tomó, la llevó a su habitación para que durmiera.
Lelia fue a la habitación de su hermana, tomó uno de sus vestidos y ordenó que le preparara la tina para bañarse.
Se bañó y al salir se puso la ropa de su hermana; escogió un vestido rojo, de los más discretos que tenía, la cubría hasta el cuello.
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Una vez que estuvo cambiada y la empleada de su hermana la peinó, sujetando parte de su cabello y dejando otra parte suelta.
Quedó perfecta; era una mujer hermosa y con ese porte serio y elegante se miraba aún más llamativa, algo en lo que era diferente a su hermana, que al caminar lo hacía con elegancia, pero siempre coqueta.
Al verse al espejo se sintió algo extraña; estaba acostumbrada a verse con sus hábitos; suspiró profundamente y voltea a ver a la empleada personal de su hermana, para ordenarle.
—Llévame a la casa del duque y no puedes decirles a mis padres. -
Una vez que dio la orden, la hizo salir; estaba decidida a enfrentar al duque, llegar a un acuerdo para que lo que hizo su hermana no afectara a sus padres.