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Cuatro satisfacciones nunca son suficientes

Cuatro satisfacciones nunca son suficientes

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Harén Inverso
Popularitas:7.8k
Nilai: 5
nombre de autor: NocheCeniza

Valentina Montero creció con una verdad a medias: su madre murió en un accidente. Su padre, Gonzalo, la ignoraba. Su media hermana, Renata, la humillaba en cada reunión familiar.

Hasta que una noche, frente a toda la élite de Ciudad de México, Renata le arrojó una copa de vino en el vestido blanco. Valentina no lloró. No suplicó. Sonrió y dijo una sola frase que dejó a todos en silencio.

Esa misma noche, huyendo del estacionamiento con el tobillo roto y el orgullo intacto, un desconocido la sacó en brazos. Y a la mañana siguiente, una anciana poderosa envió un coche blindado a buscarla.

Valentina no era quien creía ser.

Doña Carmen Salcedo —su abuela materna, matriarca de una de las familias más influyentes de México— la reclamó como suya. Y con ese apellido llegaron puertas que Valentina jamás imaginó... y hombres que jamás debió conocer.

**Damián Córdova**, el CEO que dice que no le importa, pero se arrodilla en el piso para vendarle el tobillo y no puede soltar su pie.
**Sebastián Córdova**, su gemelo, tan refinado como calculador, cuyo dolor de cabeza solo desaparece cuando ella lo toca.
**Mateo Salcedo**, el oficial militar que no soporta que nadie lo toque... excepto ella.
**Nicolás Herrera**, el médico que cocina para ella a las tres de la mañana y busca en internet "cómo ser un buen novio cuando ella tiene otros".

Cuatro hombres. Cuatro formas de amarla. Y Valentina, que empezó usándolos para sobrevivir, descubrió algo peor que el peligro:

Los quiere a todos.

Cuando una prueba de embarazo da positivo y ninguno de ellos es descartable como padre, la pregunta que estalla en las redes sociales es la misma que Valentina se niega a responder:

*¿Quién es el padre?*

Pero hay secretos más oscuros que un resultado de ADN. Porque la muerte de su madre no fue un accidente. Y el hombre que la mató sigue sentándose a la mesa cada Navidad.

Valentina no nació para perdonar.

NovelToon tiene autorización de NocheCeniza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13: Las fichas de Damián

El restaurante estaba en una calle empedrada de Polanco donde los coches costaban más que departamentos y los meseros hablaban en voz tan baja que parecían confesores.

Damián ya estaba sentado cuando Valentina llegó. Mesa para dos junto a la ventana. Mantel blanco, copas de cristal, un menú sin precios. Él llevaba un traje gris oscuro con la corbata ligeramente aflojada —el único gesto de informalidad que se permitía.

—Llegaste puntual —dijo, sin levantarse.

—Llegué cinco minutos antes. —Valentina se sentó frente a él—. Pero esperé afuera porque no quería darte la satisfacción.

La comisura de su boca se movió un milímetro. Eso era lo más cerca que Damián Córdova Reyes estaba de reírse en público.

El mesero apareció como por arte de magia. Damián pidió por los dos sin consultarla: tartare de atún, risotto de hongos, agua mineral. Valentina lo dejó. No porque le gustara que pidieran por ella, sino porque quería ver cómo operaba cuando se sentía en control. Y porque el menú no tenía precios, lo cual significaba que si tenías que preguntar, no deberías estar aquí.

Esto no es una cita, se dijo. Es una reunión de negocios con un hombre que da la casualidad que te cargó en brazos y te vendó el tobillo en su coche. Enfócate.

—Dijiste que tenías algo de negocios —dijo Valentina cuando el mesero se fue.

—Así es.

—Entonces habla.

Damián la miró. Esa mirada filosa, recalibradora, que usaba cuando evaluaba si una persona valía su tiempo o no. Valentina la sostuvo sin parpadear.

—Conozco la estructura accionaria de Montero Capital —dijo Damián—. Gonzalo tiene el sesenta y tres por ciento. Renata controla un fideicomiso con el veinte. El resto está disperso entre socios minoritarios.

—¿Y?

—Y hay una cláusula en los estatutos de la empresa que permite a un heredero directo reclamar participación accionaria si demuestra que fue excluido ilegítimamente de la distribución patrimonial. —Pausa—. Tú eres heredera directa. Y fuiste excluida.

Valentina se recargó en la silla.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque hice que mis abogados revisaran los estatutos de Montero Capital hace una semana.

—¿Por qué harías eso?

Damián tomó un trago de agua. El cristal reflejó la luz del candelabro.

—Porque me conviene.

—¿Te conviene a ti o me conviene a mí?

—A los dos.

El silencio entre ellos tenía peso. Valentina podía sentirlo, denso como la humedad antes de una tormenta. En la mesa de al lado, una pareja hablaba en susurros. La mujer se reía. Valentina pensó en lo raro que era estar sentada frente a un hombre que le ofrecía armas legales en lugar de flores. Aunque también le había mandado flores. Con las iniciales D.C.R. que todavía estaban en un florero en su oficina porque no tuvo el valor de tirarlas.

El mesero trajo el tartare. Ninguno de los dos lo tocó.

—Explícame la parte en la que te conviene —dijo Valentina.

—Córdova tiene intereses en tres sectores donde Montero Capital también opera. Si Gonzalo pierde control accionario, su capacidad de bloquear mis proyectos en Santa Fe y Querétaro se debilita. —Damián inclinó la cabeza—. No voy a pretender que esto es altruismo. Pero tampoco es solo estrategia.

—¿Entonces qué es?

Damián no respondió inmediatamente. Giró el cuchillo de mantequilla entre los dedos —un gesto que Valentina reconoció como su versión de pensar en voz alta.

—Gonzalo Montero le hizo algo a tu madre que no tiene nombre en un lenguaje civilizado. Falsificó un diagnóstico psiquiátrico para encerrarla. —La voz de Damián bajó medio tono—. Mi madre murió cuando yo tenía doce años. Cáncer. Nadie la encerró, nadie le fabricó una enfermedad. Pero sé lo que se siente crecer sin ella. Y sé que si alguien le hubiera hecho algo así, yo habría incendiado su mundo entero.

Era la primera vez que Damián mencionaba a su madre. Valentina sintió algo aflojarse en su pecho, algo que no quería que se aflojara.

No te ablandes. Esto es información, no intimidad.

—¿Cuál es el precio? —preguntó Valentina.

—¿Perdón?

—Siempre hay un precio, Damián. La cena, los abogados, la información. ¿Qué quieres a cambio?

Damián puso el cuchillo sobre la mesa. Se inclinó hacia adelante. La distancia entre sus caras se redujo a medio metro. Valentina olió su colonia —la misma de la noche en el coche, fría y cara.

—Quiero un lugar —dijo.

—¿Un lugar?

—En tu vida. —Pausa—. No sé todavía qué tipo de lugar. Pero quiero uno.

Valentina lo miró. Tres segundos. Cinco. Diez. La honestidad de esa frase la desarmó más que cualquier maniobra corporativa.

—Eso no es una cláusula de contrato —dijo finalmente.

—No. Es algo peor.

El mesero trajo el risotto. Esta vez sí comieron. El silencio era diferente ahora —no tenso, sino lleno de algo que ninguno de los dos quería nombrar.

---

Al terminar, Damián pidió la cuenta con un gesto. Valentina sacó su cartera.

—Ni se te ocurra —dijo él.

—No me gusta deber favores.

—Esto no es un favor. Es una inversión.

—¿En qué?

—En ti.

Valentina guardó la cartera. No porque aceptara la lógica, sino porque pelear por una cuenta de restaurante con Damián Córdova Reyes era como pelear con una pared: técnicamente posible, prácticamente inútil.

Salieron. El aire de Polanco olía a jacarandas y a gasolina premium. Damián caminó hacia el Mercedes estacionado en doble fila —porque por supuesto que estaba en doble fila, las reglas de estacionamiento no aplicaban cuando tu apellido estaba en la fachada de tres edificios de la cuadra.

En la puerta del coche, se detuvo. Abrió la puerta del copiloto para Valentina. Su mano rozó la de ella cuando le pasó el cinturón de seguridad.

El contacto duró menos de un segundo. Pero Valentina lo sintió subir por el brazo como una corriente eléctrica.

—Piénsalo —dijo Damián—. Lo de las acciones. Mis abogados pueden tener la demanda lista en dos semanas.

—Lo pensaré.

—Y Valentina.

—¿Qué?

—La próxima vez que alguien te invite a cenar, no llegues cinco minutos antes y esperes afuera. Llega cuando quieras. No tienes que calcularlo todo.

Valentina no supo qué hacer con esa frase. Así que hizo lo que mejor sabía hacer:

—¿Es por eso que les vendes el tobillo a todas tus socias comerciales, o solo a las que resultan ser Salcedo?

Damián la miró tres segundos. La comisura de su boca se movió. No llegó a sonrisa.

—Buenas noches, Salcedo.

Arrancó el coche.

---

Valentina llegó a casa a las once. Subió a su habitación, se quitó los zapatos, se sentó en la cama.

Su teléfono sonó. Número desconocido.

Contestó.

—¿Valentina Salcedo? —Voz masculina. Joven. Directa.

—¿Quién habla?

—Nico. Cambié de número. El otro estaba comprometido.

—¿Comprometido cómo?

—Alguien estaba interceptando mis mensajes. No sé quién todavía, pero tengo una idea. —Pausa—. Lo que te propuse en el hospital... lo pensé. Acepto. Mañana a las dos, en el café de la Roma. El que está en la esquina de Orizaba y Álvaro Obregón. ¿Sabes cuál?

—Sé cuál.

—Bien. Llega sola. Y Valentina.

—¿Qué?

—Tu amigo de Córdova. No le digas nada de esto.

Colgó.

Valentina se quedó con el teléfono en la mano. Dos hombres. Dos propuestas. Dos mundos que no sabían de la existencia del otro.

Ninguno de ellos va a salvarme, se recordó. Yo manejo las piezas. Ellos son las piezas.

Pero las piezas estaban empezando a moverse solas.

1
noris partidas
la pobre Valentina la tiene difícil
noris partidas
cada día sacan un secreto. veremos que dice ahora sobre el otro secreto que trae.
noris partidas
ella poco a poco va descubriendo los planes donde ella está incluidas
noris partidas
ahora que le dirán . quizás. ninguno este metido en ese problema
noris partidas
bastante secretos tienen cada uno
noris partidas
cada hombre tiene un trauma.. y ella lo va descubriendo.
noris partidas
le esta costando decidir. y para ella todas son estrategias
Azastyle
Me encanta la historia la amo. Gracias por todo autora más bien me gustaría q leyeras mi novela seria todo un honor. Se llama “ATRAPADA POR ÉL”.🤧🙂‍↕️
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