Laura Whitmore llevaba tres años casada con Xander Blackwood, uno de los empresarios más influyentes del país. Desde el día de su boda, su matrimonio no había sido más que un acuerdo frío y distante. Aunque compartían la misma mansión y el mismo apellido, Xander jamás la había tratado como una verdadera esposa.
Todo cambia una noche cuando Xander regresa a casa completamente ebrio. Por primera vez desde que se casaron, derriba el muro que siempre los había separado y pasa la noche con ella. Para Laura, aquella noche significa mucho más que un simple encuentro; es la prueba de que aún existe una oportunidad para conquistar el corazón de su esposo.
Sin embargo, al amanecer, todo vuelve a ser como antes. Xander retoma su indiferencia y Laura se ve obligada a regresar a una vida vacía y solitaria. Lo que ninguno de los dos imagina es que aquella única noche dejó una huella imborrable.
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Capitulo 4
Pasaron casi seis semanas desde aquella noche que parecía haberse borrado para Xander, pero que seguía viva en cada recuerdo de Laura. Con el paso de los días, empezó a notar señales extrañas: le faltaba el apetito a ciertas horas, sentía mareos matutinos y su sueño se volvía más profundo y pesado. Al principio pensó que solo era cansancio o estrés, pero cuando su regla se retrasó más de lo habitual, el corazón le dio un vuelco.
Sin decir nada a nadie, tomó el coche y se dirigió en silencio a la consulta de su médico de confianza. Allí, con manos temblorosas, esperó el resultado de los análisis.
El doctor entró a la sala con una sonrisa serena y le entregó la hoja con los datos.
—Señora Blackwood, los resultados son claros. Está embarazada. Lleva unas seis semanas de gestación.
Laura se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo se le aceleraba el pulso entre el miedo y una alegría inmensa que no esperaba.
—¿Seguro, doctora? ¿No hay duda?
—Absolutamente —respondió él con amabilidad—. Todo indica que el embarazo avanza bien. Es una gran noticia.
Al salir de la clínica, caminó despacio por la calle, acariciando su vientre aún plano con mucho cuidado. Las lágrimas le rodaban por las mejillas, pero esta vez eran de esperanza, no de tristeza.
No fue un error, pensó con el corazón lleno de luz. Aquella noche dejó algo mucho más fuerte que cualquier palabra o acuerdo. Llevamos un hijo. Y este bebé será el puente que nos una de verdad.
Por primera vez en años, sintió que tenía una razón real para confiar en que las cosas cambiarían. Estaba segura: cuando Xander supiera que iba a ser padre, su frialdad se derretiría. Vería que ella no era solo un nombre en un papel, sino la madre de su heredero, la mujer que le daría una familia.
De regreso a la mansión, sus pasos ya no eran pesados. Entró con la mirada brillante y una sonrisa contenida, decidida a buscarlo en cuanto llegara para contarle la noticia que, estaba convencida, cambiaría sus vidas para siempre.
Laura no podía dejar de acariciarse suavemente el vientre, como si ya quisiera proteger al pequeño ser que crecía en su interior. Cuando escuchó el sonido del coche de Xander entrando por el portón, su corazón empezó a latir con fuerza.
Esperó en la entrada, con una sonrisa nerviosa pero llena de ilusión. Al verlo llegar, se acercó con paso decidido.
—Xander, necesito hablar contigo. Es algo muy importante —dijo ella, con voz temblorosa pero alegre.
Él se detuvo, mirándola con su habitual expresión seria y distante, mientras se quitaba el abrigo.
—¿Ocurre algo? Tengo mucho trabajo esta tarde, no tengo mucho tiempo.
—Es una noticia… una noticia maravillosa —respondió ella, tomando aire para darse valor—. Hoy fui al médico y me confirmó… estoy embarazada. Vas a ser padre.
Por un instante, todo pareció detenerse. Laura esperó ver sorpresa, alegría o incluso emoción en su rostro, pero lo único que vio fue una mirada fría y calculadora, sin rastro de la felicidad que ella imaginaba.
Xander entrecerró los ojos, como si estuviera procesando la información sin ninguna emoción.
—¿Estás segura? ¿No es un error?
—Estoy completamente segura —afirmó ella, sintiendo cómo esa duda le dolía ya—. El médico lo confirmó. Este bebé es tuyo, de aquella noche…
—Ya veo —la interrumpió él con tono seco, sin acercarse ni mostrar interés—. Bueno, es una situación que habrá que gestionar.
Laura frunció el ceño, confundida y decepcionada.
—¿Gestionar? ¿Eso es todo lo que dices? Xander, vamos a tener un hijo… esto puede cambiar todo entre nosotros. Podemos ser una familia de verdad.
Xander negó con la cabeza lentamente, sin suavizar su mirada.
—No te hagas ilusiones, Laura. La llegada de un niño no va a cambiar las reglas de este matrimonio. Seguirá siendo lo mismo que acordamos. Yo me haré cargo de lo que haga falta, pero no esperes que esto convierta nuestra relación en algo que nunca fue.
Sus palabras cayeron como un balde de agua helada sobre su ilusión. Laura sintió cómo se le apagaba la luz de los ojos, pero aún así se aferró a su esperanza.
—Quizás con el tiempo… cuando lo veas, cuando sientas que es parte de ti…
—El tiempo no cambia lo que ya está decidido —la cortó él, girándose para ir hacia su despacho—. Ya hablaremos de esto más tarde. Ahora déjame trabajar.
Y sin más, subió las escaleras, dejándola sola en la entrada con la noticia más hermosa que había recibido, pero con el corazón comenzando a llenarse de una tristeza que no esperaba.