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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: CUANDO LOS CELOS HABLAN

La mañana comenzó con una reunión del equipo de dirección.

Valentina llegó temprano, revisó los documentos y organizó la presentación que tendría lugar a las nueve.

Había trabajado toda la noche anterior en aquel proyecto.

Quería demostrar que el nuevo cargo no le quedaba grande.

Cuando todos comenzaron a llegar, Laura se acercó.

—¿Nerviosa?

—Un poco.

—No tienes por qué. Lo tienes todo preparado.

Valentina sonrió.

—Gracias.

Las puertas del salón se abrieron.

Maximiliano entró acompañado de un hombre que Valentina no conocía.

Era alto, elegante y llevaba un traje gris oscuro. Tenía una expresión segura y una sonrisa fácil.

—Buenos días —saludó Maximiliano.

Todos respondieron.

—Quiero presentarles a alguien que se incorporará al equipo de dirección estratégica.

El hombre dio un paso adelante.

—Soy Alejandro Ferrer. Un gusto conocerlos.

Valentina levantó la mirada.

Alejandro la vio y sonrió.

—Y tú debes ser Valentina.

—Sí.

—He escuchado mucho sobre ti.

Ella extendió la mano.

—Mucho gusto.

Alejandro estrechó su mano.

—El gusto es mío.

Maximiliano observó el intercambio.

Su expresión permaneció seria.

Pero algo dentro de él se tensó.

---

La reunión comenzó.

Valentina presentó los primeros informes con seguridad.

Alejandro intervenía ocasionalmente.

—Ese análisis está muy bien planteado —dijo él después de una de sus explicaciones—. ¿Lo preparaste tú?

—Sí.

—Se nota.

Valentina sonrió.

—Gracias.

Maximiliano levantó la mirada desde el otro extremo de la mesa.

Alejandro continuó.

—¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?

—Poco más de cuatro meses.

—Impresionante.

Maximiliano cerró lentamente la carpeta que tenía frente a él.

—Podemos continuar con el siguiente punto.

Su tono fue frío.

Valentina lo miró de reojo.

Lo conocía suficientemente bien para saber que algo pasaba.

La reunión terminó una hora después.

Todos comenzaron a salir.

Alejandro se acercó a Valentina.

—Me gustaría revisar contigo el proyecto de la próxima semana.

—Claro.

—¿Tienes tiempo para almorzar?

Valentina abrió la boca para responder.

Pero antes de hacerlo, escuchó la voz de Maximiliano.

—Valentina tiene una reunión conmigo.

Ella giró la cabeza.

—¿La tengo?

Maximiliano la miró.

—Sí.

Alejandro sonrió.

—Entonces será otro día.

—Perfecto.

Se marchó.

Valentina esperó hasta que estuvieron solos.

—No tengo ninguna reunión contigo.

Maximiliano guardó unos documentos.

—Ahora sí.

Ella cruzó los brazos.

—Estás celoso.

—No.

—Sí.

—No estoy celoso.

Valentina sonrió.

—Estás mintiendo.

Maximiliano la miró fijamente.

—Ese hombre te estaba coqueteando.

—¿Y?

—Y no me gustó.

—Eso no significa que tengas que inventarme reuniones.

Él soltó un suspiro.

—Lo sé.

Valentina se acercó.

—Confías en mí, ¿verdad?

—Sí.

—Entonces tienes que confiar también en que sé poner límites.

Maximiliano bajó la mirada.

—Tienes razón.

—Lo sé.

Él levantó una ceja.

—No abuses.

Valentina soltó una risa.

—¿Ves? Ese es el Maximiliano que conozco.

Él sonrió.

—¿Y cuál es ese?

—El hombre que intenta parecer imposible de impresionar, pero que se pone celoso por cualquier cosa.

—No me pongo celoso por cualquier cosa.

—¿No?

—No.

Valentina se acercó un poco más.

—Entonces demuéstramelo.

—¿Cómo?

—Déjame almorzar con Alejandro.

Maximiliano la miró.

Hubo unos segundos de silencio.

—Está bien.

Valentina sonrió.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Sin enfadarte?

—Sin enfadarme.

Ella lo miró con orgullo.

—Muy bien.

—Pero tengo una condición.

—¿Cuál?

—Que después almuerces conmigo.

Valentina soltó una carcajada.

—Eso no cuenta.

—Para mí sí.

---

Al mediodía, Valentina salió del edificio con Alejandro.

No había ningún secreto.

Solo era una comida de trabajo.

Pero desde la ventana de su oficina, Maximiliano los vio alejarse.

Santiago estaba sentado frente a él.

—No hagas esa cara.

Maximiliano ni siquiera lo miró.

—¿Qué cara?

—La de hombre que está imaginando diez maneras diferentes de desaparecer a otro hombre.

—No exageres.

Santiago soltó una carcajada.

—Sigues igual.

—Estoy aprendiendo.

—¿A confiar?

Maximiliano finalmente lo miró.

—Sí.

—Bien.

Santiago se levantó.

—Porque si realmente quieres estar con ella, vas a tener que entender algo.

—¿Qué?

—Valentina no necesita un hombre que la vigile.

Maximiliano permaneció en silencio.

—Necesita uno que confíe en ella.

Las palabras le quedaron dando vueltas.

---

El almuerzo fue completamente profesional.

Alejandro habló de proyectos, estrategias y nuevos negocios.

En ningún momento cruzó una línea.

Hasta que, al final, preguntó:

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

Valentina sonrió.

—Depende.

—¿Estás con alguien?

Ella respiró profundamente.

—Sí.

Alejandro pareció sorprendido.

—No sabía.

—No es algo que haya anunciado.

—¿Puedo saber quién es?

Valentina sonrió.

—Prefiero mantenerlo privado por ahora.

Alejandro asintió.

—Lo entiendo.

Pagaron la cuenta y regresaron a la empresa.

Cuando llegaron al edificio, Alejandro se detuvo.

—Por cierto, me alegra que hayas sido sincera.

—Siempre.

—Entonces supongo que no tengo oportunidad.

Valentina sonrió.

—Supongo que no.

Alejandro soltó una pequeña risa.

—Bien. Al menos ya sé dónde estoy parado.

---

Cuando Valentina entró nuevamente a la oficina de Maximiliano, él estaba trabajando.

Levantó la mirada.

—¿Cómo te fue?

—Bien.

—¿Solo bien?

—Muy bien.

Maximiliano asintió.

—Me alegra.

Valentina se acercó a su escritorio.

—Ahora me toca a mí preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Tú confías en mí?

—Sí.

—¿Incluso cuando otro hombre me invita a almorzar?

—Estoy intentando.

Ella sonrió.

—Eso me basta.

Maximiliano se levantó.

—¿Y puedo saber algo?

—¿Qué?

—¿Qué le dijiste?

—Que estoy con alguien.

Él se quedó quieto.

—¿Con alguien?

—Sí.

—¿Con quién?

Valentina se acercó lentamente.

—Con un hombre bastante complicado.

Maximiliano sonrió.

—¿Lo conozco?

—Creo que sí.

—¿Es guapo?

—Bastante.

—¿Inteligente?

—A veces.

—¿Celoso?

Valentina levantó una ceja.

—Muchísimo.

Maximiliano soltó una carcajada.

—Entonces definitivamente sé quién es.

Ella sonrió.

—¿Quieres saber qué más le dije?

—Sí.

Valentina tomó su mano.

—Que mi corazón ya está ocupado.

La sonrisa de Maximiliano desapareció lentamente.

Esta vez no por preocupación.

Por emoción.

—Valentina…

Ella se acercó.

—No tienes que competir con nadie.

Él acarició su mejilla.

—No sabes cuánto necesitaba escuchar eso.

—Entonces recuérdalo.

—Lo haré.

Se inclinó y la besó suavemente.

Cuando se separaron, Valentina sonrió.

—Y ahora sí puedes llevarme a almorzar.

—¿Después de hacerme sufrir toda la mañana?

—Te lo merecías.

—Cruel.

—Celoso.

—Enamorado.

Ella sonrió.

—Eso sí.

---

Aquella tarde, cuando salieron juntos del edificio, Maximiliano tomó la mano de Valentina.

No la soltó.

Había personas alrededor.

Empleados entrando y saliendo.

Algunos los miraron.

Otros comenzaron a murmurar.

Pero esta vez Maximiliano no se escondió.

Valentina lo miró sorprendida.

—¿Qué haces?

—Cumpliendo una promesa.

—¿Cuál?

Él entrelazó sus dedos con los de ella.

—La de no esconderte para siempre.

Valentina sonrió.

Y mientras caminaban hacia el automóvil, ambos entendieron que acababan de dar otro paso.

Pero ninguno sabía que las fotografías tomadas aquella tarde comenzarían a circular mucho más rápido de lo que esperaban.

Y al día siguiente, todo Grupo Blackwood sabría que la relación entre el CEO y Valentina ya no era solamente un rumor. ❤️‍🔥

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