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Una Esposa Por Un Año

Una Esposa Por Un Año

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

¿Qué sucede cuando un matrimonio comienza como un acuerdo y termina convirtiéndose en el único lugar al que ambos desean pertenecer?

Nyssa Johnson está dispuesta a sacrificarlo todo por su familia, incluso sus propios sueños. Cedric Vellane tiene dinero, poder y una vida sin compromisos, pero está a punto de perder a la única persona que siempre ha estado a su lado: su abuela.

Un matrimonio por contrato parece ser la solución perfecta para ambos. Ella obtendrá la estabilidad que necesita y él cumplirá el último deseo de Eleanor.

Sin amor, sin obligaciones y con una fecha de vencimiento.

Pero entre besos fingidos, discusiones y sentimientos inesperados, las reglas comienzan a desmoronarse.

Y cuando el contrato termine, tendrán que descubrir si lo que los une es suficiente para elegirse sin ninguna obligación.

Porque fingir un matrimonio es fácil. Lo difícil es dejar ir a quien nunca planeaste amar.

Él la dejó marchar porque creyó que no tenía derecho a pedirle que se quedara. Ella se fue creyendo que él nunca la había elegido. Ninguno imaginó que, al separarse, también estaban dejando atrás una parte de sí mismos.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Presentarse

Nyssa terminó su turno con un dolor de espalda que apenas le permitía enderezarse.

Había tenido una jornada horrible. Dos compañeros faltaron, el encargado estaba de mal humor y varios clientes parecían haberse puesto de acuerdo para complicarle la noche.

Aun así, no podía permitirse perder el empleo.

Necesitaba cada peso.

Mientras recogía sus cosas en el pequeño vestuario del personal, revisó el teléfono. Tenía un mensaje del hospital preguntándole cuándo podría acercarse para hablar sobre la cuenta pendiente de su madre.

Se le cerró el estómago.

No tenía una respuesta. Ni dinero. Ni a quién acudir.

Guardó el teléfono en el bolsillo de su bolso y se colocó el abrigo.

—Nyssa, ¿vas a irte sola? —preguntó Marta, una de las cocineras, asomándose por la puerta.

—Sí. Como siempre.

—Puedo acompañarte hasta la parada.

Nyssa vaciló.

Desde la visita del prestamista, salir sola se había convertido en una preocupación constante. Miraba a los hombres que encontraba en la calle, se sobresaltaba cuando alguien caminaba demasiado cerca y procuraba no quedarse esperando el autobús en lugares vacíos.

Pero no quería vivir aterrorizada.

—No hace falta, Marta. Gracias.

La mujer frunció el ceño.

—No me cuesta nada.

—Lo sé. Pero de verdad, estoy bien.

Marta no pareció convencida, aunque terminó dejándola marchar.

Nyssa salió por la puerta del personal sin saber que, al otro lado del restaurante, un hombre todavía permanecía sentado frente a una taza de café casi vacía.

Cedric había prolongado su estancia más de lo necesario.

No porque el café fuera especialmente bueno, ni porque tuviera trabajo pendiente. Simplemente, seguía pensando en la camarera.

Era absurdo.

Había conocido a mujeres que hacían todo lo posible por llamar su atención y otras que habían convertido una simple conversación en una negociación para entrar en su círculo social. Sin embargo, aquella desconocida apenas le había dedicado unos segundos.

Y él seguía recordándola.

—¿Va a pedir algo más? —preguntó un empleado al pasar cerca de su mesa.

Cedric miró la hora.

—No. La cuenta, por favor.

Pagó y salió del restaurante con la intención de olvidarse del asunto.

Tenía asuntos más importantes que resolver.

A la mañana siguiente, Nyssa llegó a la cafetería antes de que amaneciera por completo.

Había dormido poco. Ale se había despertado durante la madrugada porque tuvo una pesadilla y ella permaneció a su lado hasta que volvió a dormirse. Después se quedó despierta, pensando en las deudas y en la conversación pendiente con el hospital.

A las cinco y media ya estaba preparando los primeros cafés.

A las ocho, tenía los pies doloridos.

A las nueve, descubrió que apenas le quedaba dinero para comprar alimentos durante los siguientes días.

Y a las diez, cuando su encargada le pidió que llevara una caja de vasos al depósito, Nyssa tuvo que contener un suspiro de frustración.

No estaba acostumbrada a quejarse.

Había aprendido que lamentarse no pagaba las cuentas ni mejoraba la salud de su madre.

Cuando terminó de acomodar la caja, regresó al mostrador y se encontró con un hombre vestido con un traje oscuro, acompañado por otro empleado.

Era alto, de aspecto elegante y con una expresión que parecía indicar que no estaba acostumbrado a esperar demasiado por nada.

Nyssa lo reconoció vagamente.

Era el cliente del restaurante.

El mismo que había estado sentado junto a la ventana.

Él también pareció reconocerla.

—Nos hemos visto antes —comentó Cedric.

Nyssa tomó una libreta para anotar su pedido.

—Sí, señor. En el restaurante donde trabajo por las noches.

—Tiene buena memoria.

—Es parte de mi trabajo recordar a los clientes.

Cedric la observó con atención.

De cerca, el cansancio de su rostro era todavía más evidente. Sin embargo, ella mantenía una postura firme y una expresión profesional. No intentaba agradarlo, pero tampoco era grosera.

—Un café solo —pidió él.

Nyssa anotó el pedido.

—¿Algo más?

—No, gracias.

Ella se dio la vuelta para prepararlo.

Cedric esperó hasta que dejó la taza sobre el mostrador y la llamó antes de que regresara a sus tareas.

—Disculpe. ¿Podría hacerle una pregunta?

Nyssa se detuvo.

—Depende de la pregunta.

La respuesta lo tomó por sorpresa.

No porque fuera particularmente insolente, sino porque no había esperado que alguien que trabajaba atendiendo al público contestara con tanta naturalidad.

Cedric dejó escapar una pequeña sonrisa.

—¿Siempre es tan desconfiada?

—¿Siempre hace preguntas personales a las personas que le sirven café?

Él soltó una risa breve.

—Tiene razón.

Nyssa esperaba que la conversación terminara ahí. Tenía varias mesas que atender y una lista de tareas que parecía crecer cada minuto.

Pero Cedric volvió a hablar.

—Me llamo Cedric Vellane.

El apellido no significó demasiado para ella. Había escuchado hablar de familias adineradas, de empresarios y de personas cuyos nombres aparecían en revistas, pero no tenía tiempo para seguir ese mundo.

—Mucho gusto.

—¿Y usted?

Nyssa dudó un instante.

—Nyssa.

—Nyssa —repitió él, como si quisiera asegurarse de recordarlo—. ¿Podríamos hablar unos minutos cuando termine su turno?

Ella lo miró con desconfianza.

—¿Sobre qué?

Cedric no respondió de inmediato.

Había imaginado varias formas de acercarse a ella durante el trayecto hasta la cafetería, pero ahora que la tenía enfrente, ninguna le parecía adecuada.

No podía hablarle de matrimonio como si estuviera ofreciéndole un empleo cualquiera.

Tampoco quería fingir un interés romántico que no sentía.

—Es un asunto personal —dijo finalmente—. Y prefiero explicárselo en privado.

Nyssa sintió que se le encendían todas las alarmas.

Un desconocido elegante, con dinero de sobra y ninguna explicación concreta, quería hablar con ella en privado.

No era precisamente una situación que le inspirara confianza.

—Lo siento, señor Vellane, pero no tengo tiempo para asuntos personales con clientes.

Cedric recibió la negativa sin discutir.

—Lo entiendo.

Nyssa tomó la bandeja que esperaba junto al mostrador.

—Que tenga un buen día.

Y se marchó.

Cedric se quedó mirando el café que tenía delante.

Había pasado días buscando una mujer dispuesta a aceptar sus condiciones. Ahora que había encontrado a alguien que, al menos, no parecía interesada en su dinero ni en su apellido, ni siquiera había conseguido que escuchara su propuesta.

Lo más sensato habría sido marcharse y buscar otra candidata.

Sin embargo, cuando terminó su café, dejó una propina generosa y pidió hablar con la encargada.

No iba a obligar a Nyssa a escucharlo.

Pero necesitaba encontrar una manera de demostrarle que no pretendía jugar con ella.

Nyssa se enteró de que el cliente había preguntado por ella cuando su encargada la llamó al despacho.

—Hay un señor que quiere dejarte su número —le explicó—. Dice que tiene una propuesta de trabajo.

Nyssa sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Una propuesta de trabajo?

—Eso dijo. No me dio demasiados detalles, pero dejó una tarjeta.

Su encargada se la entregó.

Nyssa leyó el nombre impreso en letras elegantes: Cedric Vellane.

Debajo aparecía un número de teléfono y el nombre de una empresa que no reconocía.

—¿Lo conoces?

—No. Solo vino a tomar café.

—Pues parece interesado en hablar contigo.

Nyssa sostuvo la tarjeta entre los dedos.

Una parte de ella quiso romperla y olvidarse del asunto. No confiaba en los desconocidos y mucho menos en los que parecían tener dinero suficiente para conseguir cualquier cosa.

Pero otra parte, la que llevaba semanas intentando calcular cómo pagar el hospital, el alquiler y la comida, se quedó pensando en aquellas palabras.

Una propuesta de trabajo.

Quizá fuera una tontería.

Quizá ni siquiera estuviera relacionado con un empleo de verdad.

Aun así, guardó la tarjeta en el bolsillo del uniforme.

No iba a llamar a un hombre del que no sabía nada.

Pero tampoco podía darse el lujo de ignorar todas las posibilidades que aparecían en su camino.

Y esa tarde, cuando regresó a casa y encontró a Ale haciendo los deberes en la mesa de la cocina, volvió a sacar la tarjeta para leerla una vez más.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó su hermanito.

Nyssa la guardó rápidamente.

—Nada importante, cariño.

Ale entrecerró los ojos, desconfiado.

—Cuando dices eso, casi siempre es algo importante.

Ella sonrió a pesar del cansancio y le revolvió el cabello.

—Termina la tarea, detective.

El niño obedeció, aunque no dejó de mirarla con curiosidad.

Nyssa se sentó frente a él y abrió el cuaderno para ayudarlo con una suma. Durante unos minutos, consiguió concentrarse en algo distinto de las deudas.

Pero la tarjeta seguía en su bolsillo.

Y, por primera vez en varios días, tenía delante una posibilidad que todavía no sabía si debía considerar o temer.

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Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Renata Mabel
me encanta esta historia ✨🦆
Carmen Chávez Rebolledo
excelentes relatos me encantan
𝑴𝒊𝒏𝒂𝒓𝒚ღ
Nueva seguidora ✨
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida y cobarde!!! xq no lo llamo a Cédric y averigua?
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