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La Fugitiva Del Rey Lycan

La Fugitiva Del Rey Lycan

Status: En proceso
Genre:Arrogante / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:12.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

"Condenada por un crimen que no cometió, terminó refugiada en las garras del monstruo más despiadado de todos".

Sofía Ivanov siempre fue la vergüenza de su manada. Despreciada por sus padres y eclipsada por Tania, su perfecta hermana menor, Sofía soportó el peor de los castigos: ver cómo su propia familia le exigía romper el lazo sagrado con su mate, Gavin, solo porque su hermana se había encaprichado con él. Y lo peor... él tampoco la defendió.

Pero el día de la boda, el destino cobra una factura sangrienta. Gavin es brutalmente asesinado en el altar y Sofía es encontrada de rodillas, cubierta de sangre y con el arma homicida en sus manos. Inculpada por su propia familia y convertida en la fugitiva más buscada, Sofía huye bajo una tormenta implacable hasta caer inconsciente en los límites del territorio prohibido.

Al despertar, ya no está en el bosque. Alguien la ha rescatado y ocultado en el lugar más peligroso: el palacio de César Dróvnikov, el temible y despiadado Rey Lycan.

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Capítulo 4

El amanecer en el palacio real no trajo la calidez del sol, sino el eco lejano de tambores militares y el movimiento rítmico de los guardias que cambiaban de turno en los patios de piedra. Para Sofía, el despertar fue un golpe abrupto de realidad. El dolor de su cuerpo había disminuido a un sordo recordatorio de su huida, pero el vacío en su pecho, donde solía estar el lazo con Gavin, seguía sangrando en silencio.

Greta entró a la pequeña habitación antes de que la luz terminara de filtrarse por la estrecha ventana alta. En sus manos cargaba un vestido de algodón grueso, de un color gris azulado apagado, y un delantal blanco impecable.

—Ponte esto —dijo la anciana en un susurro, dejando la ropa a los pies de la cama—. El palacio ya está despierto, y la cocina no espera a nadie. Hoy te integrarás como ayudante de limpieza en el ala este. Es la zona menos transitada por la corte, pero debes ser meticulosa. En este lugar, un piso mal lavado puede costar un castigo severo.

Sofía asintió en silencio. Se deslizó fuera de la cama, sintiendo el frío del suelo de piedra colarse por las plantas de sus pies. Al vestirse, notó cómo el uniforme de servicio, aunque tosco, le servía como una armadura. Ocultaba las vendas que cubrían sus heridas y, al recogerse el largo cabello castaño en un moño bajo, sintió que también enterraba a la Sofía Ivanov que todos despreciaban. Ahora era simplemente una sirvienta anónima.

Al salir a los pasillos principales del ala de servicio, el tamaño del lugar la dejó sin aliento. Los techos eran tan altos que se perdían en las sombras, sostenidos por columnas de roca negra pulida que brillaban bajo la luz de las antorchas. El aire aquí abajo no olía a flores ni a lujos; apestaba a poder puro, a la esencia densa de cientos de guerreros Lycan que formaban la guardia del rey. Ese aroma ponía a la loba de Sofía en un estado de alerta absoluto, encogiéndose en lo más profundo de su ser ante la abrumadora presión del territorio.

—Tu tarea hoy es limpiar los grandes ventanales del pasillo de los retratos —le instruyó Greta, entregándole un balde de madera con agua tibia y un paño grueso—. Termina antes del mediodía. A esa hora, el Beta del rey suele recorrer la zona para inspeccionar la seguridad. Si lo ves, quédate pegada a la pared y mantén los ojos en tus pies. Kaelen no tolera distracciones.

Sofía tomó el balde y se dirigió al pasillo indicado. El trabajo físico le sirvió como un anestésico para la mente. Refregar los cristales altos, estirar los brazos doloridos y concentrarse en eliminar cada mancha la mantuvo alejada de los recuerdos de la boda ensangrentada y de las acusaciones de su hermana Tania.

Sin embargo, el destino en el palacio de los Lycans era una fiera impredecible.

Faltaban pocos minutos para el mediodía cuando Sofía, subida a una pequeña escalera de madera para alcanzar la parte superior de un ventanal, escuchó unos pasos pesados que hacían vibrar las losas del suelo. No eran los pasos ligeros de las sirvientas ni el andar rítmico de los guardias comunes. Era una marcha lenta, deliberada y cargada con un peso místico que congeló la sangre en las venas de Sofía.

Un aroma a tormenta, roble ahumado y plata pura inundó de golpe el pasillo, borrando cualquier otro olor. Era un aroma tan imponente que obligaba a las rodillas a doblarse por puro instinto de sumisión.

Sofía contuvo el aliento, con el paño congelado contra el vidrio. Sabía, por las descripciones aterradoras que cruzaban las fronteras de las manadas, a quién pertenecía esa presencia.

El Rey Lycan. César Dróvnikov estaba cruzando el ala este.

Acompañado por su Beta, Kaelen, y dos guardias de la élite real, el monarca avanzaba con la elegancia de un depredador alfa. Vestía un traje impecable de corte oscuro que acentuaba su imponente porte físico, y la cicatriz que cruzaba verticalmente su ojo izquierdo le daba un aire temible, casi divino. Su mirada era fría, de un gris tormentoso que parecía capaz de leer los secretos más oscuros de cualquiera con solo una ojeada.

—Las fronteras del sur reportan movimientos inusuales de la manada Ivanov, mi señor —decía Kaelen con voz baja y respetuosa mientras caminaba medio paso por detrás del rey—. Parece que están buscando a alguien con desesperación. Una fugitiva.

Sofía sintió que el corazón se le detenía por completo al escuchar el apellido de su familia. El pánico la atenazó con tanta fuerza que su mano tembló, perdiendo el agarre del paño húmedo.

El trozo de tela cayó, golpeando el borde del balde de madera y haciendo que este se tambaleara peligrosamente sobre la repisa de la escalera. En su intento desesperado por atraparlo para no hacer ruido, el pie de Sofía resbaló del peldaño.

El sonido de la escalera de madera crujiendo y el balde volcándose con un golpe seco resonó como un disparo en la solemnidad del pasillo. El agua jabonosa se extendió rápidamente por el suelo de piedra negra, justo a unos metros de las botas del rey.

Los guardias desenvainaron sus espadas en un parpadeo, bloqueando el camino de su monarca, mientras Kaelen ponía una mano en la empuñadura de su daga, con los ojos fijos en la silueta que acababa de caer al suelo.

Sofía terminó de rodillas en el piso mojado, con las palmas de las manos apoyadas en el agua fría, temblando visiblemente. El dolor de la caída no era nada comparado con el terror que la asfixiaba. Había roto la regla sagrada de Greta en su primer día: había llamado la atención del monstruo.

—¿Qué significa esto? —soltó la voz de Kaelen, cortante como el hielo, dando un paso al frente para reprender a la intrusa.

Sin embargo, una mano firme y cubierta de tatuajes oscuros se posó en el hombro del Beta, deteniéndolo.

César Dróvnikov dio un paso al frente, apartando a sus guardias con un ligero movimiento de cabeza. Sus botas pesadas se detuvieron justo al borde del charco de agua. Desde su altura, el Rey Lycan bajó la mirada hacia la sirvienta que permanecía encorvada en el suelo, con la cabeza tan baja que su frente casi tocaba las losas.

El pasillo quedó sumergido en un silencio sepulcral, interrumpido solo por el goteo constante del agua que caía desde la escalera.

César expandió sus fosas nasales, aspirando el aire del lugar. Su ceño fruncido delató que algo había captado su atención. Entre el olor a jabón y el miedo evidente de la joven, el agudo olfato del rey detectó un rastro sutil, casi imperceptible pero inconfundible: el aroma persistente de la sangre fresca de un lobo asesinado y la dolorosa fragancia de un lazo de mate que acababa de ser desgarrado de forma violenta. Un aroma que no correspondía a una simple huérfana de las Tierras Bajas.

—Mírame —ordenó el Rey Lycan. Su voz no fue un grito, sino un murmullo denso, cargado con la vibración implacable del Alfa Supremo que hizo que la loba oculta de Sofía diera un vuelco de terror y sumisión absoluta.

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Florinda Morales
Excelente. Todo. El tema, la redacción, la ortografía, los personajes, la trama, el desarrollo, la expectativa que genera cada capítulo. De los mejores que he leído en esta plataforma. Lo recomiendo ampliamente sobre todo a quienes le gustan este género
Dalia Hache: Muchas gracias 🥰
total 1 replies
María del Carmen Hernandez
excelente novela 👍 👏
Milagros Sanabria
me encantó tu novela. esta muy buena, cada párrafo te va atrapando cada ves mas muchas felicitaciones 👏🥰
Miriam Lenny Miranda
Espero con ansias el próximo capítulo
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