Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: La prueba que lo cambió todo
Narra Emely
Habían pasado dos meses desde aquel viaje a Cartagena.
Al principio todo parecía normal. Había regresado a Manizales, retomado mis clases de Medicina y continuado con mi rutina de siempre. Sin embargo, durante las últimas semanas había empezado a sentirme diferente.
Primero fueron las náuseas.
Pensé que era por el estrés de la universidad, porque últimamente tenía demasiados trabajos y horas de estudio. Después comenzaron los mareos y algunos vómitos que aparecían especialmente por las mañanas.
—Qué cosa tan rara, pues —murmuré una mañana.
También había empezado a tener unos antojos bastante extraños. De repente quería comer cosas que normalmente ni siquiera me llamaban la atención.
Mi mejor amiga se había dado cuenta.
—Mija, usted está como rara últimamente.
—¿Rara cómo?
—Pues no sé. Un día quiere comer mango con algo salado, al otro día no soporta ni el olor del café.
—Será estrés.
—¿Está segura?
—Sí, pues. Estoy estudiando Medicina, ¿qué más espera?
Ella se rio.
—Bueno, doctora, usted sabrá.
Pero había algo que me preocupaba todavía más.
Mi periodo no había llegado.
Al principio traté de no pensar demasiado en eso. Me dije que podía ser por los nervios, el estrés o cualquier otra razón. Sin embargo, los días fueron pasando y seguía sin llegar.
Cada vez estaba más preocupada.
Ese día estaba en la universidad y trataba de concentrarme en la clase, pero las náuseas volvieron de repente.
Sentí un mareo y tuve que apoyarme en el escritorio.
Una de mis compañeras me miró preocupada.
—Emely, ¿está bien?
—Sí... creo que sí.
—Está pálida.
—Solo me siento un poquito mareada.
Intenté continuar con la clase, pero no pude.
El médico que nos estaba dando la clase se dio cuenta de inmediato.
—Señorita Arteaga.
Levanté la mirada.
—Dígame, doctor.
—Siéntese, por favor.
Obedecí.
El doctor se acercó y me observó durante unos segundos.
—¿Desde cuándo se siente así?
—Desde hace varios días.
—¿Náuseas?
—Sí.
—¿Vómitos?
Asentí.
—También.
—¿Mareos?
—Sí.
El doctor miró a mis compañeras.
—Necesito que sus compañeras le hagan una prueba de sangre.
Lo miré confundida.
—¿Una prueba de sangre?
—Sí.
—¿Por qué?
El médico habló con tranquilidad.
—Porque los síntomas que está presentando pueden tener diferentes causas, pero también son compatibles con un embarazo. Es mejor descartar esa posibilidad.
Sentí que el corazón me dio un vuelco.
—¿Embarazo?
—No estoy afirmando que lo sea. La prueba nos dará una respuesta.
Me quedé completamente callada.
Mi mejor amiga me miró sorprendida.
—Emely...
—No digas nada todavía.
Mis manos comenzaron a temblar un poquito.
Las compañeras prepararon todo para realizarme la prueba. Yo intentaba mantener la calma, pero mi cabeza estaba llena de preguntas.
Pensé inmediatamente en Ariel.
Pensé en Cartagena.
Pensé en que mi periodo llevaba tiempo sin llegar.
Y por primera vez, aquella posibilidad que había intentado ignorar comenzó a sentirse demasiado real.
Después de tomar la muestra, solo quedaba esperar.
Los minutos parecían eternos.
Yo caminaba de un lado para otro mientras mi mejor amiga permanecía a mi lado.
—Tranquila, mija —me dijo—. Todavía no sabemos nada.
—Tengo miedo.
—Sea lo que sea, primero vamos a saber qué está pasando.
Finalmente, una de mis compañeras regresó con el resultado.
El doctor recibió el informe y lo revisó.
Después levantó la mirada hacia mí.
—Señorita Arteaga...
Sentí que el corazón se me aceleró.
—¿Qué pasó, doctor?
El médico respiró antes de responder.
—La prueba salió positiva.
Me quedé completamente quieta.
—¿Positiva?
—Sí.
Mi mejor amiga me tomó del brazo.
Yo no sabía qué decir.
Sentí una mezcla de miedo, sorpresa y muchísimas preguntas.
Lo primero que pensé fue en Ariel.
—Tengo que hablar con él —susurré.
El doctor me recomendó confirmar el embarazo con la atención médica correspondiente y me explicó que debía recibir orientación profesional.
Pero yo apenas podía escuchar.
Mi cabeza solo repetía una frase:
La prueba había salido positiva.
Y desde ese momento, sabía que nuestras vidas iban a cambiar para siempre.