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"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Romance / Supersistema / Mundo mágico / Zombis
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Macarena rios

En el mundo moderno, Yang Zhang lo tenía todo: diecisiete años, un cuerpo alto (de más de un metro ochenta y ocho), músculos definidos de atleta y la imponente masculinidad del capitán del equipo de baloncesto escolar. Era el escudo de sus amigos y el orgullo de sus padres, dos dentistas de costumbres metódicas. Sin embargo, en un parpadeo, un brutal accidente vehicular destruye su vida y se lleva a sus padres en las llamas.
En el instante previo a la muerte, una entidad fría y enigmática llamada el "Sistema" interviene para salvar su alma. Cuando Zhang abre los ojos, descubre que ha sido transmigrado a un mundo místico de cultivo y clanes marciales, adoptado como el único heredero del sabio líder del Clan Yang.
Pero el cambio no es solo de mundo: al mirarse en el reflejo del agua, Zhang descubre con estupor que ya no posee su cuerpo alto y robusto de deportista. Ahora habita la figura de un joven de facciones delicadas, tez de porcelana, contextura pequeña, delgada y frágil.

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Capitulo 2- ¡¿Sistema?!

El molesto pitido de la alarma del teléfono retumbó en la mesa de noche, atravesando el denso sopor en el que Zhang se había sumido.

Abrió los ojos con pesadez, sintiendo una punzada sorda detrás de las sienes. Cuando logró enfocar la mirada en la pantalla digital, se incorporó en la cama de un salto, con el corazón martilleándole el pecho: las siete en punto de la mañana.

—¡Maldición! —exclamó con la voz ronca por el cansancio.

Su rutina matutina, habitualmente calculada al milímetro, se había desmoronado por completo. Levantarse a las seis le otorgaba el margen perfecto para ducharse con calma, desayunar en familia y caminar tranquilamente hacia la parada del autobús de las siete y veinte, asegurando su llegada al instituto antes de las siete y cuarenta y cinco. Sin embargo, tras horas dando vueltas por culpa del escándalo de los vecinos y aquella extraña visión del cielo azul al amanecer, el sueño lo había vencido en el peor momento.

Se vistió a toda prisa, lanzándose sobre el pantalón de uniforme y ajustándose la mochila a la espalda mientras bajaba los escalones de dos en dos.

—¡Zhang! ¡Llegarás tarde si no te das prisa! —llamó su madre desde el recibidor.

Al llegar a la planta baja, encontró la escena doméstica interrumpida. Su madre, vistiendo su abrigo formal de clínica, estaba recogiendo las llaves del automóvil sobre la encimera, mientras su padre doblaba con parsimonia el periódico del día.

—Madre, lo siento mucho, me quedé dormido... —comenzó a disculparse Zhang, pasándose una mano por el cabello revuelto.

—Te ves fatal, hijo. Tienes unas ojeras terribles —dijo su madre, observándolo con una mezcla de reproche y profunda ternura maternal—. No vas a alcanzar el autobús. Vamos, sube al auto; te llevaré yo misma de camino a la clínica. Amor, ¿vienes con nosotros?

—Sí, dame un segundo —asintió su padre, poniéndose de pie y ajustándose los anteojos—. Precisamente hoy en la portada del diario insisten en las advertencias sobre los embotellamientos y los choques aparatosos en la arteria principal. Ten mucho cuidado al conducir.

—Tranquilo, iremos por la vía auxiliar. Es más rápida a esta hora —respondió ella con una sonrisa serena.

Zhang se acomodó en el asiento trasero del coche, dejando caer la mochila sobre sus piernas. A pesar de sus metro ochenta y ocho de estatura y su contextura robusta, en ese momento el cansancio acumulado lo hacía reclinarse pesadamente contra la ventanilla fría, contemplar el desfile de edificios, árboles y transeúntes que se desdibujaban bajo la luz grisácea de la mañana.

—Hoy terminaré temprano en la escuela —comentó Zhang, rompiendo el murmullo suave de la radio—. El director nos dejará salir a las once porque tenemos reunión de profesores.

—Está bien, pero vuelves directo a casa —le encomendó su madre desde el espejo retrovisor, mirándolo con atención—. No quiero que te quedes vagando por ahí con este cansancio.

—Sí, descuida. Comeré algo y me acostaré a dormir un par de horas antes del entrenamiento de la tarde —prometió él.

El automóvil se incorporó a la vía rápida. El tráfico fluyó de manera constante durante los primeros minutos, pero al acercarse al cruce del viaducto elevado, el ritmo de los vehículos se volvió irregular.

De pronto, el tiempo pareció ralentizarse en una secuencia de terror puro.

Apenas cincuenta metros por delante, un camión cisterna de gran tonelaje perdió el control. Un chasquido ensordecedor de metal retorcido resonó en el aire cuando el pesado transporte volcó sobre su costado, derrapando violentamente sobre el asfalto y levantando una cortina de chispas y humo negro.

—¡MAMÁ, CUIDADO! —gritó Zhang, erguíendose en el asiento y estirando el brazo por instinto protector hacia el frente.

Su madre pisó el freno con todas sus fuerzas. Los neumáticos del automóvil chillaron contra la carretera en un intento desesperado por detener la marcha, pero la distancia era mínima y el pavimento estaba cubierto de aceite derramado.

El coche patinó fuera de control, embistiendo la parte trasera de la cisterna justo en el segundo en que el combustible inflamado alcanzó las chispas del impacto.

¡BOOM!

Una onda de choque ensordecedora y una bola de fuego ardiente envolvieron el vehículo. La violencia del choque aplastó el frontal del automóvil como si fuera una lata de refresco. El impacto catapultó a Zhang hacia adelante con una fuerza brutal; el cinturón de seguridad se tensó hasta lacerarle el pecho, mientras el sonido de cristales rompiéndose y el calor sofocante del fuego consumían todo a su alrededor.

Lo último que Zhang vio antes de que la penumbra lo devorara fue la silueta inmóvil de sus padres en los asientos delanteros y el humo denso llenándole los pulmones.

El retorno a la conciencia no fue rápido ni piadoso. Fue una marea dolorosa de calor, dolor punzante en las costillas y un pitido rítmico y distante que resonaba en sus oídos.

Zhang abrió los ojos con extrema dificultad. La luz blanca del techo le quemó la retina, obligándolo a parpadear varias veces. Se encontró recostado en una cama de hospital, conectado a un monitor cardíaco y con una cánula de oxígeno bajo la nariz.

—Tranquilo, no te muevas —escuchó una voz grave a su lado.

Un médico de mediana edad y expresión fatigada se inclinó sobre él, revisando el suero y anotando datos en una libreta.

Zhang intentó hablar, pero su garganta estaba seca como el esparto. Sintió una opresión física sofocante en el pecho, pero no por las quemaduras o los golpes, sino por una corazonada helada que le atenazaba las entrañas.

—Mis... mis padres... —logró articular con un hilo de voz áspera—. ¿Dónde... dónde están?

El médico detuvo la pluma sobre la libreta. Su rostro se ensombreció de inmediato, y en sus ojos se reflejó una compasión amarga que hizo que a Zhang se le helara la sangre.

—Muchacho... tienes que mantener la calma. Tu cuerpo ha sufrido un trauma severo —dijo el doctor con voz baja y pausada—. Llevas dos días en coma inducido. Los paramédicos hicieron todo lo posible en el lugar del accidente, pero... el impacto frontal fue demasiado violento. Tus padres murieron instantáneamente en el fuego. No sintieron dolor.

Las palabras flotaron en el aire, pesadas como losas de cemento.

Zhang se quedó petrificado en la cama. Durante varios segundos, el mundo pareció perder todo sonido, excepto el acelerado e irregular latido que el monitor cardíaco comenzaba a registrar: piii... piii... piii-piii-piii...

—No... No es verdad... —susurró Zhang, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos y resbalaban por sus mejillas ardientes—. Ellos estaban conmigo... Mi mamá me estaba hablando...

—Lo siento mucho, Zhang. Sé que no hay palabras para esto —insistió el médico, intentando ponerle una mano en el hombro para reconfortarlo.

—¡NO! ¡DÉJEME! —gritó Zhang con una desesperación desgarradora, intentando zafarse del agarre.

El dolor emocional fue tan devastador, tan violento y absoluto, que sobrepasó cualquier límite que su cuerpo herido pudiera resistir. La pérdida de lo único que amaba en el mundo, la culpa de no haber podido hacer nada desde el asiento trasero y el trauma físico del choque colisionaron en su interior.

De golpe, una punzada agudísima le atravesó el corazón. El aire dejó de entrar en sus pulmones.

—¡Código azul! ¡Está entrando en paro cardíaco! —gritó el médico, presionando el botón de emergencia de la pared.

Varios enfermeros irrumpieron en la habitación. Los pitidos del monitor se volvieron un chillido continuo y estridente. Zhang sintió cómo la luz de la habitación se desvanecía rápidamente desde los bordes de su visión. Las voces del personal médico se volvieron ecos lejanos, amortiguados por el agua de una marea negra que lo arrastraba hacia el fondo.

En su último pensamiento terrenal, Zhang no sintió miedo a morir. Solo sintió un vacío inmenso y el deseo de reunirse con ellos en la nada.

Su corazón dejó de latir. El electrograma trazó una línea plana.

No hubo dolor en la transición.

De repente, Zhang no estaba en la cama del hospital ni rodeado de médicos. Flotaba en una nada infinita, un vacío absoluto donde no existía el peso, la gravedad, el tiempo ni el cuerpo físico. Era solo una conciencia desnuda suspendida en la oscuridad.

Sin embargo, a diferencia de la muerte definitiva, la penumbra comenzó a agitarse.

Un resplandor de energía espiritual de un color azul profundo y místico emergió de las profundidades del abismo, rodeando su alma intangible con destellos de luz helada.

Y entonces, la voz volvió a resonar. Esta vez no fue un murmullo lejano de ensueño, sino una presencia clara, sintética y resonante que vibró directamente en el centro de su ser:

[SISTEMA: Muerte clínica por trauma masivo y colapso emocional detectada.]

[SISTEMA: Evaluando registro de alma... Individuo: Yang Zhang. Edad terrenal: 17 años. Atributos destacados: Fortaleza de voluntad, lealtad absoluta, potencial espiritual latente no desarrollado.]

Zhang intentó hablar en el vacío, pero no tenía boca con la que articular sonido. Aun así, su pensamiento resonó con fuerza:

“¿Quién eres...? ¿Dónde estoy? ¿Mis padres... están aquí?”

[SISTEMA: Tu trayectoria en el mundo terrenal ha concluido de forma prematura. Sin embargo, tu disolución completa es considerada una pérdida de potencial de grado S.]

[SISTEMA: Se ha activado el Protocolo de Transmigración e Intercambio de Recipiente.]

“¿Transmigración...? ¿De qué estás hablando?”

[SISTEMA: Serás trasladado a un plano místico de cultivo y energía espiritual. Para adaptarte al equilibrio de ese mundo y desbloquear la 'Recámara Azul', tu esencia espiritual será reestructurada.]

[SISTEMA: Advertencia: Tu recipiente físico terrenal ha sido destruido. Reconstruyendo cuerpo místico en el nuevo plano...]

Antes de que Zhang pudiera comprender el alcance de aquellas palabras, la luz azulina que lo rodeaba se volvió cegadora. Sintió una fuerza centrífuga colosal arrastrando su conciencia hacia abajo, como si cayera en caída libre por un pozo de estrellas.

Sentía cómo su forma espiritual se moldeaba, encogiéndose y transformándose bajo la presión de la energía mística. Su antigua estatura de metro ochenta y ocho, sus hombros anchos de atleta y su presencia pesada se disolvían en la luz, dando paso a una estructura completamente nueva, liviana y sutil.

[SISTEMA: Transmigración completada. Bienvenido al Reino de los Cinco Clanes, Heredero Yang.]

Un destello final de luz blanca devoró su mente, sumiéndolo en un sueño profundo mientras su nuevo cuerpo aterrizaba en la realidad de un mundo desconocido.

1
Micaela
La historia es muy bonita y divertida
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