"Tras ser abandonada bajo la lluvia, cruza la puerta del hombre más temido de la ciudad para cuidar a su sobrino, desatando una obsesión tan cruda que está dispuesta a quemarlo todo."
NovelToon tiene autorización de Mi Autoria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: El brillo de un nuevo mundo (Perspectiva de Katherine)
Salí del estudio casi corriendo, con las mejillas ardiendo en un rojo carmesí y el corazón latiéndome a mil por hora contra las costillas. ¿Por qué demonios mi jefe actuaba así conmigo? Pero, sobre todo, ¿por qué demonios me sentía yo de esa manera cada vez que me rozaba?
Mientras caminaba por el pasillo tratando de calmar la respiración, mi mente inevitablemente hizo la comparación. Ni siquiera cuando estaba con Antoni —cuando sabía que íba a visitar a mi madre— a él no le importaba lo que yo llevaba, ni se preocupaba en absoluto por cómo iba o cómo volvía. A Antoni le daba igual si caminaba bajo la lluvia o si cargaba con el peso del mundo. Sin embargo, este hombre, un hombre peligroso al que todos temían, se ocupaba de cada detalle de mi bienestar, desde mi seguridad hasta el más mínimo capricho de mi familia.
Negué con la cabeza con fuerza, tratando de espantar esos pensamientos antes de que echaran raíces. «Seguro que es así con todo su personal», me mentí a mí misma, intentando apagar la chispa de calidez que me quemaba el pecho.
—Señorita Katherine, espere un momento —la voz dulce de doña Clara me sacó de mis cavilaciones.
Me detuve y vi al ama de llaves acercarse con una hermosa canasta de mimbre decorada con un lazo.
—Le préparé esto para que se lo lleve a su familia. Lleva un pastel casero recién horneado y algunas cosas dulces —me dijo con una sonrisa maternal.
Le agradecí el gesto con el alma en la mano, conmovida por tanta bondad. Después, siguiendo las instrucciones de Matteo, subí a la biblioteca y comencé a explorar los estantes hasta encontrar un par de manuales de pedagogía avanzada y literatura infantil que sabía que le encantaría a mi hermana menor.
Un rato después bajé al comedor. El desayuno ya estaba servido y allí se encontraba un somnoliento Leo, tallándose los ojitos con los puños.
—¡Buen día, campeón! —lo saludé con una sonrisa amplia, sentándome a su lado.
—Buen día, Katy —respondió el niño con su vocecita tierna, esbozando una sonrisa que me alegró el día entero.
Desayunamos entre risas contenidas. Cuando terminó la hora, recogí mis cosas, tomé la canasta y los libros, y me despidió Leo con un fuerte abrazo. El niño me dio un beso en la mejilla y me soltó una serie de recomendaciones muy serias:
—Tienes que abrocharte el cinturón muy, muy fuerte, ¿eh? —me advirtió con sus manitas en la cintura.
Luego, sacó de su mochila unos papeles y me los entregó—. Y esto es para que se los des a tu hermana y a tu mamá de mi parte.
Miré los dibujos. Por primera vez desde que lo conocía, Leo había dejado de lado los colores oscuros, grises y negros; en el papel ahora brillaba un sol enorme de color amarillo intenso y una flor torcida pero llena de vida. El corazón se me encogió de alegría al ver su avance.
Salí de la mansión y me subí al auto oficial que me esperaba en la puerta. De camino, mientras el vehículo avanzaba por las calles de la ciudad, mis dedos se deslizaron distraídamente hacia mi cuello, acariciando con suavidad la fría y elegante gargantilla de diamantes que Matteo me había colocado hacía apenas unas horas.
Miraba la vista a través de la ventanilla, sintiendo una extraña y profunda felicidad en el pecho... y sorprendiéndome a mí misma con un pensamiento que me hizo sonreír: ya estaba deseando que pasaran las horas para que mi día libre terminara y poder volver a esa mansión.