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El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance de oficina / CEO
Popularitas:454
Nilai: 5
nombre de autor: SakuDiHina

Aurelia creía haber dejado atrás los secretos de su pasado.

Hasta que vuelve a encontrarse con Franco.

Lo que nace entre ellos los lleva a descubrir documentos ocultos, acusaciones manipuladas y una verdad que alguien lleva años intentando enterrar.

Una nueva pista los obliga a regresar al lugar donde todo comenzó.

Y allí comprenden que nada era como les contaron.

Ahora Aurelia y Franco deberán descubrir quién manipuló los acontecimientos que cambiaron sus vidas y cuánto están dispuestos a arriesgar para conocer la verdad.

Porque amar puede ser una elección.
Perdonar, otra.
Pero descubrir la verdad...
puede tener un precio demasiado alto.

NovelToon tiene autorización de SakuDiHina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 — La confesión del árbol

Franco pidió a Aurelia que no se marchara todavía. Había cerrado el despacho, pero no parecía preparado para comenzar la conversación.

—¿Qué sucede? —preguntó ella.

Franco tomó la fotografía que habían encontrado.

—Creo que sé por qué esta imagen me resulta tan familiar.

Aurelia esperó.

—Yo estaba allí.

—Eso ya lo vemos.

—No. Quiero decir que recuerdo lo que ocurrió ese día.

La expresión de Aurelia cambió.

Franco habló despacio. Recordó la tarde de verano, el jardín, el árbol y el miedo que había sentido al quedarse atrapado entre las ramas.

—Había intentado bajar solo —dijo—. No quería llamar a nadie.

Aurelia sonrió.

—Eso sí me resulta creíble.

—Entonces apareció una niña.

Ella dejó de sonreír.

—¿Qué niña?

Franco la miró directamente.

—Tú.

El silencio fue largo.

Aurelia volvió a mirar la fotografía.

—Yo no recuerdo tu cara.

—Yo sí recuerdo la tuya.

—¿Por qué?

—Porque fuiste la única persona que no me trató como si fuera demasiado importante para equivocarme.

Aurelia apartó la vista.

—Solo te ayudé a bajar.

—Para ti fue un momento. Para mí no.

Mientras hablaban, aparecieron recuerdos pequeños: una camisa clara, una rama rota, el sonido de voces adultas detrás de la casa y una carpeta que uno de los hombres llevaba bajo el brazo.

—¿Recuerdas de qué hablaban? —preguntó Aurelia.

—No. Solo recuerdo que mi padre estaba muy molesto.

Aurelia tomó la copia del registro que había encontrado.

—Hay algo más. Mi padre trabajó temporalmente para una empresa relacionada con los Revenvery.

Franco se quedó inmóvil.

—¿Cuándo?

—Cerca de ese verano.

—¿Estás segura?

—El registro lo indica. No dice por qué.

Franco volvió a sentarse.

—Toda mi vida pensé que lo de mi padre era únicamente un asunto empresarial.

—Quizá lo era. Quizá no.

—No quiero inventar una conexión porque nos resulte conveniente.

Aurelia sonrió levemente.

—Entonces por una vez pensamos igual.

Franco la miró.

—¿Por una vez?

—No te acostumbres.

Ambos rieron, pero la tensión regresó cuando observaron nuevamente la fecha.

—Hay una manera de comprobarlo —dijo Aurelia—. Buscar los movimientos de las empresas de ese período y comparar los nombres.

—Lo haré.

—Lo haremos.

Franco aceptó con un gesto.

Antes de salir, se detuvo.

—Aurelia.

—¿Sí?

—Gracias por aquel día.

Ella sostuvo su mirada.

—No sabía que eras tú.

—Yo sí.

La puerta se cerró después de que él se marchara.

Aurelia se quedó sola con la fotografía. El recuerdo del árbol ya no era únicamente una anécdota de infancia. Era la primera memoria compartida que ambos podían verificar.

Aurelia salió del despacho de Franco con la fotografía en la mano. En el pasillo se detuvo frente a una ventana y contempló la ciudad.

El recuerdo del árbol no había regresado como una imagen completa. Llegaba en fragmentos: una tarde cálida, la corteza áspera bajo sus manos, una voz infantil tratando de parecer valiente.

Franco apareció detrás de ella.

—¿Recordaste algo más?

—No una escena. Una sensación.

—¿Cuál?

—Que alguien estaba discutiendo dentro de la casa y yo no debía acercarme.

Franco frunció el ceño.

—Yo recuerdo que mi padre me buscaba.

—Entonces quizá los dos niños estábamos escuchando más de lo que los adultos pensaban.

Franco sonrió.

—Y ninguno entendía nada.

—Eso sí lo recuerdo.

Se quedaron en silencio.

—¿Te molesta que recuerde ese día mejor que tú? —preguntó Franco.

Aurelia negó con la cabeza.

—No. Me inquieta que el recuerdo sea importante para ti y que para mí solo sea una pieza perdida.

—No quiero obligarte a recordar.

—Gracias.

Ella guardó la fotografía.

—Quiero que, cuando averigüemos qué pasó, podamos distinguir lo que vivimos de lo que otros decidieron contarnos.

Franco asintió.

—Entonces empezaremos por los documentos.

—Y después por los recuerdos.

Aquella diferencia evitaría que la emoción se convirtiera en una prueba.

Antes de continuar con los documentos, Franco preguntó algo que Aurelia no esperaba.

—¿Por qué subiste?

—Porque estabas atrapado.

—Pero eras una niña.

—Y tú también.

Franco sonrió.

—Supongo que nunca imaginé que alguien pudiera ayudarme sin pedir nada a cambio.

Aurelia recordó el final de aquella tarde.

—Creo que después me fui porque escuché a los adultos discutiendo.

—¿Sobre qué?

—No lo sé. Solo recuerdo que uno de ellos dijo que ciertas cosas debían permanecer separadas.

Franco frunció el ceño.

—Esa frase aparece también en las notas de mi padre.

Aurelia lo miró.

—Entonces quizá no sea un recuerdo inventado por el tiempo.

No buscaron más ese día. Decidieron guardar la memoria junto al resto de las evidencias sin darle un significado definitivo.

Aun así, decidieron no convertirla en una explicación.

Primero necesitaban pruebas.

Franco guardó la fotografía en una carpeta independiente.

—Hay algo que quiero evitar —dijo—. No quiero que nuestros recuerdos terminen convertidos en una prueba de algo que todavía no conocemos.

Aurelia asintió.

—Entonces los trataremos como recuerdos.

La decisión fue importante. Por primera vez, ambos pudieron hablar del pasado sin permitir que el misterio dictara lo que debían sentir. Antes de marcharse, Franco le preguntó si quería cenar algo.

—Solo si prometes no hablar de documentos durante diez minutos.

—Eso será difícil.

—Entonces serán cinco.

Aurelia sonrió. La normalidad empezaba a entrar lentamente en una historia que hasta entonces había estado dominada por secretos.

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Betty Manzur
asta aquí llegó no le veo nada interesante todo es Ana y Ana y quien es ana
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